Archive for the ‘Surat’ Category

La no-boda

enero 25, 2010

25 de Enero de 2010

Sigo en Surat.

En menos de 2 horas he visto a 12 mujeres ponerse un sari. Es toda una ciencia. A continuación combinan todas las bangles, se ponen el bindi y el sindur y listas.

La fiesta ha sido como una boda: 150 invitados, jardines del resort decorados para la ocasión, mucha comida, corrijo; muchísima comida, música, bailes, regalos, y tantos colores que hasta un ciego se aturdiría. Algún día comentaré la indumentaria del evento.

Toda la familia espera a la entrada del resort según van llegando, tocándose los pies y bendiciéndose mutuamente (es una señal de respeto agacharse a tocar los pies a tus mayores y a continuación tocarte el corazón), hasta que la feliz pareja (en este caso talluditos) hacen su aparición. El padre de Jyoti tiene otros 3 hermanos, y uno de ellos es el homenajeado.

Todos recorremos los jardines siguiendo al matrimonio hasta el arco que da paso a nuestra zona reservada, dónde comienza una lluvia de pétalos de Marigold (la flor más típica de la India). Es como el arroz a la salida de la iglesia, sólo que aquí lo hacen al principio.

A continuación la pareja sube al escenario escoltados por 2 pajes (contratados para la ocasión) y se sientan en sus tronos de cara al público, que toma asiento en algo así como somieres y sillas de plástico (qué sería de este país sin las sillas de plástico!?). Una sobrina se sube al otro escenario (el de la música) y canta algo así como un salmo, llegando a notas tan agudas que ni los perros son capaces de escuchar. Otro familiar conquista el escenario con un discurso típico del padrino de las bodas americanas, sólo que sin sacar los trapos sucios del novio, porque aquí les va más el rollito “una paloma se posó en el alféizar de su ventana, y al oír su canto supo que los astros se habían alienado augurándole una docena de hijos”

Dicho esto, colocan una mesa en el escenario de los novios y todos los invitados subimos corriendo a presenciar como cortan la tarta bajo una lluvia de confeti que ya la quisiera Madonna en sus conciertos y se dan de comer unos a otros. En esta ocasión son más civilizados que en Indira y no se genera una guerra de merengue, que hubiese destrozado los atuendos de las indias.

Cuando volvemos a nuestros asientos comienza la “ceremonia”. La pareja repite el mismo ritual que hace 30 años; se colocan uno al otro una guirnalda de flores (Varmala) que simboliza el comienzo del matrimonio. Es el equivalente a las alianzas. Y aquí es cuando viene lo curioso; una vez los fotógrafos (porque, evidentemente, hay fotógrafo profesional y video) han inmortalizado el momento de los novios, los novios y sus hijos, y los novios con hermanos y cuñadas, empieza el mismo ritual de intercambio de varmalas pero con otro de los hermanos, a continuación los padres de Jyoti (foto de familia incluida) y por último el hermano pequeño. Porque, total, ya que montas la fiesta, pagas las varmalas, juntas a toda la familia (algo sin mucho mérito, porque normalmente las familias viven juntas) y contratas al fotógrafo, lo suyo es que cada pareja pueda colgar su foto de aniversario en el salón con un marco bien dorado y con muchas inscripciones.

Mamá, papá, ya sabéis; cuando celebréis el 30 aniversario, os subimos a un escenario a que os pongáis los anillos y después que desfilen todos los tíos y tías y se recasen.

Cuando acaba el reportaje fotográfico, porque seamos claros, todo el paripé que han montado tiene el único propósito de hacer un buen álbum de fotos, comienza el objetivo secundario de la fiesta; comer hasta reventar. Esta parte es más amena que la anterior. La cantidad de azúcar ingerida la desconozco, pero puesto que el alcohol brilla por su ausencia (lo primero por la casta, lo segundo por la religión y lo tercero porque estamos en Gujarat, estado en el que nació Gandhi y por lo tanto “dry”, es decir, seco), lo mínimo es que te dé un subidón de azúcar para seguir con la fiesta.

Y comienzan los juegos. Y esto es algo que me encanta de esta cultura, aquí no existe una edad para jugar, desde la abuela de 85 años hasta el niño de 3, todos juegan al escondite, a la silla, a bailar en un periódico, imitaciones, karaoke, pilla pilla y zapatilla por detrás. Yo gané a la silla, con todos los menores de 25 animándome para que no ganase su tío. Surrealista. Primero se agachan a tocarles los pies y horas más tarde se empujan y se roban las sillas. Ver a una india de 65 años y 95 kg caerse al suelo con su sari porque su sobrino le retira la silla un segundo antes de sentarse, es todo un espectáculo.

Después el matrimonio vuelve a los tronos y comienza el desfile de regalos. El maestro de ceremonias coge el micro y va anunciando (como si estuviésemos en el baile de cenicienta) los nombres de cada pareja. El chico sube por la izquierda, la chica por la derecha, se juntan frente a los tronos, hacen una reverencia y entregan su regalo. Él último es un regalo “sorpresa”, comprado por el mismo matrimonio (aquí tienen un raro concepto de lo que es el factor sorpresa), y que es muy grande para subirlo al escenario, así que suben una llave de corcho y mucha purpurina que simboliza el Marutti Suzuki. (Foto). Lo del coche en las bodas lo contaré en otro capítulo.

Tras los juegos, más comida. Se hacen grupitos y comienza el cotilleo. Que esto es igual que en todas partes. Unas critican el sari de otra, otras el precio del regalo de otros, las de más allá discuten sobre el porcentaje de oro que tiene el collar que le han regalado estos, y estos comentan los extras que lleva el Suzuki.

Y al final, como en todas las fiestas Indias, fuegos artificiales.

Surat

enero 24, 2010

24 de Enero de 2010

El viaje en bus de Pune a Surat os lo resumo: 13 horas en el autobús más ruidoso de la historia, imposible dormir, bastante frío, parada a cambiar rueda incluida, choque a las 3:30 am con la consiguiente discusión entre ambos conductores, probablemente bebidos.

La llegada, pese al agotamiento, ha sido, cuanto menos, cómica. Primero el rickshaw nos ha llevado a casa de una amiga de Jyoti para que se cambiase y se pusiera el sari, y de ahí a la casa de sus padres, donde comienza un baile de toqueteo de pies y bendiciones varias, que aquí lo de dar dos besos no lo consideran oportuno. Yo, como no me veo agachándome a tocarles los pies a toda esa gente, les doy la mano y sonrío.

La madre nos recibe y ordena a su nuera que nos traiga el té. Al rato llega el padre de Rajastán y nos sirven el desayuno. La madre cocina y la nuera es como la esclava, pero esa es la costumbre. Los hombres ni se cantean. El tío de Jyoti y su mujer también desayunan con nosotros, y una chica, que no se bien que parentesco tiene, pero mirándole las piernas bien podría ser descendiente de Lobezno. Por supuesto, nadie habla inglés. Pero yo cada día entiendo más  hindi. Eso, o que como toda la conversación gira en torno a mí, me imagino de sobra lo que dicen.

El desayuno es lo más parecido a una cena de Navidad española (en cuanto a cantidad y variedad), platos y fuentes de comida, dulce, picante, salado, amargo, bizcocho mojado en lentejas, zanahorias maceradas en leche con azúcar, albóndigas vegetales, fritos rellenos de… no tengo ni idea. Eso sí, todo sólido. Porque para qué llenar el estómago de agua si te puedes atiborrar a hidratos?

Después toca ducharse. Bueno, ducharse es un decir. Lo que hice yo fue echarme cubos de agua fría en un habitáculo de 80X80. Toda una experiencia. Y yo que entré a la “ducha” con lo puesto, me veo envuelta en la toalla que aquella buena mujer me había dejado y me pregunto; Y ahora qué? Porque al otro lado de la puerta es un festival de gente pasando de un lado a otro de la casa (que son 4 habitaciones contiguas: dormitorio, baño, cocina y salón), y lo de salir corriendo hacia el dormitorio sería muy buen plan si tuviese la certeza de que está vacío. Pero puede ser que el padre o el tío de Jyoti se encuentren en paños menores… Hay madre! Yo cómo me meto en estas historias???

Por fin me decido a asomar la cabeza por una rendija y la madre de Jyoti (de nombre imposible) me sonríe, pega 4 voces a los machos del hogar y me despeja el paso del baño al dormitorio. Y allí nos quedamos las dos. Así que viendo que la mujer se iba a quedar asegurándose de que sé cómo atarme el salwar, comienzo a vestirme. Y de repente a ella se le corta la respiración y me mira poseída, como si acabase de ver al mismísimo demonio, o al elefante correspondiente que tengan en esta religión. Por lo visto jamás ha oído la palabra “tanga” y mucho menos ha visto uno. Se habrá creído que por las noches hago la calle?

Cuando se le pasa el susto llama a su nuera para que nos traiga más chai. Siguen las duchas y todas ellas se cambian de sari (a este ritmo al final del día se habrán puesto 6 o 7), aunque bien pueden, porque la madre tiene más de 500! Y un armario sólo para las bangles a juego con cada modelo.

Cuando ya estamos todos limpitos y aseados, Jyoti y Abhishek me llevan de tour por la ciudad. Primero a ver los lugares de interés (Torre Eiffel incluida, a falta de pan… buenas son tortas) y luego de compritas.  Al ser domingo el comercio textil está cerrado, y los diamantes se me salen del presupuesto, así que el viaje me va a salir barato.

Vuelta a casa. Y ahora toca comer. Voy a tener que dar la razón a mis amigos. Lo mejor de este Estado es la comida. De los nombres no me he quedado con ninguno, pero sobras no han quedado. Mamá, ya sabes que yo cuando voy de visita me como lo que me pongan, me guste o no (aunque el segundo caso creo que no se ha dado nunca!).

Y después de comer, en lo que sería la sobremesa (algo imposible en India puesto que comemos en el suelo), la madre se echa a llorar. En plan víctima, pero aquí ya me pierdo porque mi nivel de hindi no da para tanto. Los hombres han desaparecido y el resto de las mujeres deshacen el equipaje del padre de Jyoti. Es un poco surrealista. Yo no me imagino sacando los calzoncillos de la maleta a mi suegro en un futuro, pero aquí es lo normal, total, después de tocarle los pies, qué mas da!

Cuando a la madre se le pasa la llantina toca dormir la siesta, que falta nos hace. Y a la media hora me despiertan, para tomar helado. Voy a estallar. No, no quiero helado, pero eso, al igual que el matrimonio, no es algo que dejen a tu elección. Te tomas el helado si o si. Y después a la calle otra vez. A tomar zumo de azúcar de caña, que tiene los efectos del Red Bull, pero sabe infinitamente mejor. Cuando te acabas el zumo hay que volver a casa, a cenar. Menos mal que está todo buenísimo, porque si no me habría echado a llorar.

Mañana será otro día.