Archive for the ‘Goa’ Category

Visita a la prometida

febrero 22, 2010

22 de Febrero de 2010

Tras dos días intentándolo Rohit ha conseguido sacarme de la cama antes de las 7 de la mañana, para ver amanecer en la playa.

Así que allí estábamos, los dos en la arena y ni rastro del sol. El baño se lo ha dado el solito, que yo a esas horas no estoy para tonterías, y por fin a las ocho han abierto la primera terraza. Desayuno frente al mar y lista para empezar el día.

A las 9:30 nos despedimos de Goa, y por fin me dejan sentarme atrás en el coche. Abhishek tuvo que volverse a Pune ayer porque hoy tiene una entrevista, así que hay más espacio en el coche. Como no tenemos cinturones de seguridad jugamos a caernos contra el otro en las curvas, la India me estará haciendo madurar, pero hay momentos en los que vuelvo a tener 13 años.

Primera parada a comer; hemos aborrecido el pescado, por favor, que nos den pollo!

Segunda parada en Kolhapur, a visitar el famoso templo de Laxmi, custodiada por dos soldados con ametralladoras y dos encargados de mover a la gente mediante gritos (en plan “Señora, mueva el culo, no ve que hay más gente esperando!”), que se apelotona frente a la diosa e impide la circulación. Un poco agobiante.

Tercera parada en Sangli. Pueblo de la adorable prometida de Shirish, que se casará a final de año, siempre que mi amigo encuentre trabajo antes. No se dan ni un beso. La madre no habla ni papa de inglés, pero está encantada conmigo y me lleva de tour por el piso, que está a medias de pintar, porque lo típico es poner la casa a punto antes de la boda. Y como se han enterado de mi antojo de Pav Bhaji, lo han preparado para que cenemos, encantadoras.

La futura suegra practica aarti; ritual hindu que se celebra en todas las casas un par de veces al día. Consiste en un plato con una lamparita de aceite, incienso y flores en la mano derecha, moviéndolo en círculos frente al altarcito de la casa y una campanita en la mano izquierda que acompaña los cantos a la deidad. Todo muy espiritual. Y después bajamos a la calle, al templo. Es como los parques en España; la gente acude cada tarde y tras presentar sus respetos al dios, se sientan en la explanada a conversar con los vecinos.

Llegamos a casa muy tarde y agotados, pero ha sido un gran viaje.

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Mezcla de religiones

febrero 21, 2010

21 de Febrero de 2010

La mañana la hemos dedicado al turismo.

Mirador de Dona Paula, Old Goa y las iglesias, y templo de Mangeshi.

Aquí nos apuntamos a todo; primero te santiguas con agua bendita a la entrada de la Iglesia de San Xavier y media hora mas tarde bebes agua con coco en la que en bañado a un santo hindú…

La dieta continúa igual.

Por la tarde vuelta al mar, lo de tomar el sol como que no les va, así que nos pasamos las horas en remojo.

Por la noche paseamos hasta llegar al restaurante elegido, porque a mí se me ha antojado Pav Bahji, pero el paseo es largo y cuando llegamos ya no queda Pav… otra vez será. De vuelta al hotel paramos en los puestos a que la niña haga alguna  compra, todo un detalle.

Y a dormir, que ha sido un largo día.

Sol, fish y alcohol

febrero 20, 2010

20 de Febrero de 2010

Los niños me cuidan bien. Antes del viaje me preguntaron si no era un problema ser la única fémina del grupo, pero más que un problema está siendo un valor añadido. Me llevan a desayunar cosas dulces, inspeccionan el toilet en cada lugar que lo necesito para garantizar mi supervivencia, me protegen del sol, se aseguran de que beba suficiente agua, y buscan las zonas más tranquilas de playa para evitar que el resto de indios me observen y se hagan fotos a mi lado.

Por la mañana nos hemos dado el primer baño, y a continuación hemos recorrido las playas del norte de Goa, bajando hasta la capital. Mucho fish-curry-rice y muchas gambas. Y si a Mahabaleshwar fuimos “a descansar y a comer”, aquí hemos venido a disfrutar y a beber. Porque los impuestos para el alcohol en Goa son distintos, así que para qué beber Bisleri cuando puedes beber Kingfisher?

Atardecer en el océano Índico, con una temperatura ideal y jugando como pececillos.

Y por la noche al Ingo’s Saturday Night Market, que es como Disneyland para los hippies. Esto no es un mercadillo tal cual lo conocemos, es todo un recinto organizado con parking y cinco entradas con sus respectivos arcos de seguridad, puestos con todo tipo de pongos y artículos inútiles (todos de diseño y monísimos), escenario principal con actuaciones de hippies escupefuegos y trotamúsicos vestidos de elfos, dos discotecas al aire libre con cocktails al mismo precio que en los hoteles Taj, y pasillo de gastronomía internacional dónde puedes tomar desde fuet de Casa Tarradellas hasta pisco peruano pasando por quiche francés y burritos mexicanos. Si te da el puntazo te pasas por la zona más mística y te leen la mano, las cartas, la bola de cristal, los posos del té o cualquier parte de tu cuerpo, previo pago de su importe. Todo ello aderezado con drogas y  extranjeros, porque por primera vez, en tal multitud, no hay mayoría de indios, es la mayor concentración de extranjeros que he visto en mi vida.

Y mis amigos me preguntan, esta gente qué hace con su vida? Y eso me pregunto yo! Supongo que la mayoría trabajaron un tiempo, se compraron un billete y se dedicaron a torrarse al sol y vivir de lo que sacan vendiendo artesanía, que por otra parte, menudos precios! Uno de los puestos parece una boutique de John Galliano… y lo cobran como tal, solo que no aceptan Visa.

En cualquier caso, estos no son hippies guarretes, aquí todos son pijipies, compitiendo a ver quien habla con más acento happy-cool. En serio, son una especie aparte, no se ha visto tanto estilo junto ni en la Paris Fashion Week. Unas parecen damiselas en apuros de la edad media, otros elfos recién salidos de un cuento, hadas que parece que vayan a volar en cualquier momento, exmodelos que combinan botas de mosquetero (a 35 grados) con bikinis de ganchillo y pañuelos de seda, …

Es una burbuja dentro de Goa, que por sí es otra burbuja dentro de India. Curioso.

Salimos de la burbuja y volvemos a cenar a la playa. Más pescado, más arroz, más gambas. Más Kingfisher.

Incredible India!

febrero 19, 2010

19 de Febrero de 2010

Quién me iba a decir a mí a las 11 de la mañana, cuando he llamado a los residentes de Spacia para preguntar si teníamos clase hoy, que una hora más tarde estaría en un coche con ellos rumbo Goa.

Shirish, Rohit, Abhishek, Anup et moi, un Hyundai Santro sin aire acondicionado y 600 kilómetros por delante.

Tras unos cuantos peajes, en los que hay un indio que te cobra, otro que te da el ticket, otro que revisa el coche, otro que abre la barrera y otros tantos que te intentan vender flores, frutas, trapos y zumos, hacemos la primera parada en Satara, ciudad natal de Amruta, a comer con ella.

Los primeros 300 kilómetros son por autopista (dos carriles), y ambas direcciones de la ruta Pune-Bangalore quedan separadas por buganvillas de todos los colores; rosas, amarillas, naranjas, lilas, fucsia, blancas… en 300 kilómetros caben muchas, muchas buganvillas.

Y después dejamos atrás la autopista para adentrarnos en la India rural, es decir; caminos de cabras. Los rebaños cruzan el camino sin ningún tipo de prisa mientras los tractores, cargados de caña de azúcar tocan el claxon sin piedad. A un lado de la carretera, junto a los campos de maíz, mujeres y niñas cargan con cántaros de agua sobre sus cabezas, al otro los niños nadan en el río mientras sus madres lavan los saris y los extienden sobre las rocas para que se sequen bajo el sol.

Mas adelante, en las aldeas, todos se ponen de punta en blanco para celebrar el día de Shivaji, fundador de Maharashtra, y pasean por las calles cuajadas de vendedores de fruta luciendo sus saris de mil colores cargados de lentejuelas, al tiempo que vigilan a sus hijos, que corren con palos tras cada Bullock-cart (carro de madera con dos ruedas tirado por dos bueyes) que ven.

Y de pronto, tras los árboles de rojas flores que adornan las cunetas, todo se vuelve naranja; a un lado arden los rastrojos, al otro el sol se pone.

A las diez y media de la noche los cinco entramos al mar con una cervecita en la mano. Nieva en Madrid.

Old Goa

octubre 31, 2009

21 de Octubre de 2009

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Visita a Old Goa, por eso de culturizarse un poco. Hemos visto los restos de San Xavier. Muy guapo.

Hemos posado para todas las familias indias que había visitando las iglesias. Es muy curioso ver cómo aquí todos hablan a gritos en la iglesia, se suben al altar, y se pueden hacer fotos de todo menos de las personas (¿?), pero eso solo cuenta para las personas indias, por supuesto. A nosotras nos han robado fotos con los móviles sin ningún tipo de control.

Compritas de última hora en el emporio de la seda. Irresistible. Y por último ha habido que deshacer “el bollo” y meterlo todo en la mochila para emprender camino a Pune.

Utsav ya ha llegado a Bangalore. Está muy contento, el primer día ha ido genial.

Una dama y su pañuelo

octubre 31, 2009

20 de Octubre de 2009

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Esta mañana ha llegado Jan a Panjim. Hemos desayunado algo consistente (en el caso de Eva ha sido un sándwich de mermelada de fresa y cebolla… auí les da igual dulce que salao) y después hemos paseado por la ciudad hasta derretirnos.

Por la tarde Jan se ha vuelto a Pune y nosotras nos hemos ido a la playa, dónde no están acostumbrados a ver a turistas, y menos en bikini, así que hemos sido el espectáculo. Un grupo de 12 indios intentando llamar nuestra atención de la forma más primitiva, padres enviando a sus hijos a pedirnos una foto, indias sentándose a 10 cm para que sus novios les hiciesen fotos… Es algo que he aprendido en la India; a hacer de background. Mi amiga se lo toma bastante mal, yo sólo comprendo algo más a Julia Roberts.

Y de vuelta hemos cogido el bus. En un autobús local indio hay un mínimo de 5 empleados: El conductor, el copiloto, el que se cuelga en la puerta y va gritando el destino cada vez que se acercan a una parada, el que cobra el billete y el azafato (que no hace absolutamente nada, excepto controlar que los pasajeros no escupan)

Y he dado el siguiente paso en mi integración; me he comprado un pañuelo. Porque en India todo el mundo tiene un cubo en el baño con una jarrita de plástico y un pañuelo en el bolsillo. Nada de Kleenex, aquí las mujeres montan en moto de lado como si fuesen damiselas a caballo, yo soy una dama, tengo una doncella y un pañuelo de tela, que es más romántico. Evidentemente no voy a despedir a mi amado en una estación de tren sacudiendo mi pañuelo rosa, pero es muy útil para secarte el sudor de la cara y las manos tras las 35 veces diarias que me las lavo. Adiós PH de la piel…

Sara in a Sari

octubre 25, 2009

19 de Octubre de 2009

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El viaje a ver los delfines ha sido genial. No tantos como en Tarifa, pero el paisaje aquí es maravilloso. Lo de barco turístico aquí no tiene cabida. Nos ha recogido un pescador en coche y nos ha llevado hasta su barca rústica, él y nosotras dos. No cabía nadie más. Después de ver los delfines nos ha hecho un recorrido por la costa y sus distintas playas, incluida Buterfly. Y en un momento dado ha dicho que nos podíamos bañar. Demasiado tentador con los delfines a la vista, así que yo me he metido al agua sin pensar. De hecho no he pensado en que luego tenía que volver a la barca, lo cual ha sido una odisea porque mis bíceps no dan para tanto y encima me ha entrado la risa floja. Ha sido una mezcla de angustia y diversión, y finalmente el pescador me ha ayudado a subir.

El resto de la mañana nos la hemos pasado en Patnem Beach, una playa desierta con una gran sombra gracias a los cocoteros. Por desgracia la sombra estaba conquistada por las vacas. No una ni dos precisamente. Pero la India es así.

Al rato ha aparecido una niña, la Chitra de Patnem. Tiene 17 años, lleva desde los 9 trabajando en la playa vendiendo collares porque su padre murió y tiene que mantener a sus hermanos pequeños. Y en menos de dos años se tendrá que casar. Ella no lleva sari, porque aún no está casada, así que lleva otro modelo que tampoco es el Salwar Kameez, es el equivalente en Karnatka. Consiste en falda y blusa, por supuesto con dupata, que en su pueblo se tiene que colocar tapándose la mayor parte del torso posible, como si fuera un sari.

Después de comer ha venido a buscarnos Yogi, que un día conduce un rickshaw y al día siguiente un Jeep. De camino nos ha ido contando su plan de vida; ahorrar lo máximo aprovechándose de los turistas, construirse una gran casa con vistas al mar y luego si acaso casarse. Este es de Goa, así que tiene los ideales tradicionales corrompidos por los hippies extranjeros.

En Panjim nos hemos quedado en una casa muy acogedora. La ciudad es rara, no se sabe si estás en India o en el Mediterráneo. Pero para eso están los autóctonos, que te escanean con la mirada y te piden (o roban) fotos, recordándote que aquí no encajas.

Y la tarde la hemos rematado comprando lencería india. Toda una aventura.

La guinda ha sido mi primera vez probándome un sari. Rojo y lleno de pedrería plata. Estaba espectacular. No es por presumir, pero realmente el sari se ha inventado para mi! Quizás debería casarme con un indio y así podría llevar uno cada día…

King Prawns

octubre 24, 2009

18 de Octubre de 2009

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Esta mañana nos hemos separado; Henrike, Jan y Anne han alquilado scooters y se han ido a recorrer la costa, Eva y yo hemos decidido visitar más lugares de Goa, así que hemos pasado la mañana en las tumbonas de la playita (ayer no lo sabíamos, pero resulta que no hay que pagar, solo consumir algo del restaurante, es decir, por menos de un euro tienes un zumo de papaya y tumbona con sombrilla toda una mañana)

Me he pasado una hora hablando con Chitra, una de las vendedoras de collares. Hablaba muy buen inglés para haberlo aprendido en la playa, así que la he invitado a un zumo y me ha estado contando cosas de su cultura, al sur de la India. Tiene 24 años, su padre se casó 3 veces porque su madre y su segunda mujer solo le dieron hijas, y era necesario un niño, así que tiene una cuantas hermanas. Ella se casó con 18 años y ahora tiene 3 hijos (2 niños y una niña, así que por suerte su marido no la abandonará). Cuando comienza la temporada de buen tiempo se viene a Goa a trabajar vendiendo collares, y este año se ha traído al bebé porque le tiene que dar de mamar. Los otros dos se han quedado con sus abuelos. Su marido, que además es su primo (en este caso el matrimonio concertado fue agradable porque se conocían y eran amigos desde pequeños), también ha venido con ella, a trabajar construyendo chozas cerca de la playa para los trabajadores que vienen a Goa de todas partes de India. Chitra se pasa el día en la playa, con su sari y todos sus pendientes, tobilleras y collares, los cuales recibió al casarse. También lleva un bindi (el punto rojo en la frente) y sindoor (otra marca roja en el nacimiento del pelo que el marido aplica desde el día en que se casan). Cuando pasan los 6 meses turísticos en Goa, se vuelven al sur, a trabajar más. Recogiendo arroz y otros frutos en el campo, pero son muy afortunados porque su familia tiene 4 vacas, así que pueden alimentarse bien con la leche.

Si esta chica habla casi el mismo nivel de inglés que yo habiéndolo aprendido en la playa con turistas durante los últimos 5 años, qué pasaría si tuviese la oportunidad de acceder a una buena educación en vez de estar recogiendo arroz y cuidando bebés??? Parece que en India a nadie le importa.

Después de comer nos hemos ido a Palolem, dos horas y media en coche. Al llegar estaba demasiado masificado, una especie de Benidorm indio, así que nuestro un rickshaw driver (Yogi) nos ha ido llevando de guest house en guest house hasta que hemos decidido que era mejor irnos de allí. Nos hemos quedado en la siguiente playa; Patnem, dónde la temporada aún no ha empezado, así que es mucho más tranquila.

Puesto que estábamos muertas de cansancio y que casualmente nuestro hotel; Seaview, está recomendado en la Lonely por sus gambas, hemos llamado a Yogi a decirle que no viniese a buscarnos para la cena.

Toda una experiencia. Yo me he ido directa a las gambas, le he preguntado al camarero por el precio, y ha vuelto con una fuente llena de pescado y marisco fresco para que eligiese. A 100 rupias la gamba le he pedido un par, algo razonable puesto que una cena normal suele costarnos 200 rupias (bueno, con Utsav en Pune era algo más…) Pero dado el tamaño de los bichitos y que hemos pedido una ensalada cesar vegetariana de entrante, se suponía que iba a ser suficiente. Todo era perfecto; el clima, el sonido del mar, mi nuevo vestido, la terraza llena de plantas… perfecto hasta que la ensalada ha llegado a nuestra mesa.

De entrada no tenía queso, algo que yo ya sabía de antemano, pero que mi amiga no se esperaba. La luz de las velas era perfecta para no ver exactamente que más había en la ensalada, pero de repente se ha desencadenado la tragedia. Pollo. Muchos trozos de pollo. Eva es vegetariana. Ha devuelto el plato y después han traído otra ensalada cesar vegetariana. Al mismo tiempo que mis gambas hacían su entrada triunfal. De hecho no solo mis gambas, si no todas las gambas de Patnem Beach. Resulta que el camarero ha entendido que, en vez de 2 gambas, quería 2 platos de gambas. Así que allí estaban, 8 gambas con su respectiva guarnición y su respectivo precio. Que no es que no lo pueda pagar, pero tampoco es cuestión de reventar el vestido la primera noche! Mientras el chef y el camarero buscaban una solución, yo no he podido resistirme… la Lonely se queda corta. Increíbles. Ya estábamos incluso pensando en cancelar los canelones vegetarianos y repartirnos los dos platos: Yo las gambas y Eva la guarnición. Pero de repente el camarero ha vuelto y se ha llevado un plato. Orden cancelada. Pensándolo bien… podría habérmelas comido todas! La cena que se han pegado en la cocina gracias a mí ha sido un delito. Y de repente, pollo. En la ensalada. Obviamente no iban a hacer otra, así que se limitaron a quitar los trocitos de pollo, pero se les olvidó uno. La plantilla entera ha pasado por nuestra mesa a disculparse. Y los canelones seguían sin llegar, siendo los cosmopolitan nuestro lo único que le quitaba hierro al asunto. De postre crepes de nutella y plátano, excepto porque se les han acabado los plátanos, y porque solo había un crepe.

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La cena ha sido de cámara oculta, pero las gambas estaban tan buenas que ha valido la pena. Por supuesto no han cobrado la ensalada ni el postre y nos han descontado un 10% .

Y mañana vamos a una excursión en barco a ver delfines. A las 7 de la mañana. Enough.

Can you see my shop?

octubre 22, 2009

17 de Octubre de 2009

El viaje en el “sleeping bus” fue todo un descubrimiento. No había asientos, solo camas dobles en 2 pisos a ambos lados del pasillo de 30 cm de ancho. Como eramos 4 no tuvimos que compartir cama con un desconocido, felizmente. A la hora de viaje hicimos una parada para cenar y el resto del viaje, puesto que no había mucho que hacer sin luz, lo pasamos durmiendo hasta las 7 de la mañana que llegamos a Mapusa.

Hemos cogido otro bus hasta Anjuna y según hemos llegado nos hemos quedado en la primera guest house que hemos visto, porque en India, y más en Goa, lo de reservar y aparecer donde se supone que tienes alojamiento no es costumbre.

A las 8 ya estábamos en la terraza de un acantilado con vistas al mar bebiendo zumo de papaya. Y a eso de las 10 nos habíamos tomado el primer Fenny (alcohol típico de la zona) y el último. Está realmente malo.

He comprado mi lámpara de Diwali. Monísima. La tradición es colgar una lámpara (cuanto más colorida, mejor) por familia o por persona fuera de cada casa, en vez de decorar un abeto con bolas y espumillón. Yo no me veo sacando un cable a mi terraza, y de todas formas cuando vuelva a Pune ya habrá acabado el festival, así que la he comprado blanca, que es mucho más aprovechable. Y además ya llevo una tobillera, lo siento mamá, lo has impedido durante 22 años, pero ahora estoy en India y tengo que integrarme!

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A media mañana han llegado Henrike y Mihir y hemos ido a la playa, a tumbarnos debajo del cocotero. 5 minutos después de poner el pareo/toalla/cortina/vestido que he comprado de camino a la playa, todas las vendedoras de collares de Anjuna estaban a mi alrededor. Como las moscas a la miel, repitiendo la misma pregunta: puedes ver mi tienda? (su tienda es una caja llena de collares y pulseras). El resto me miraban agobiados, pero yo las he mantenido a raya, he regateado como solo yo sé y he acabado con 8 collares, uno de cada chica, para que no se enfadasen. El agua del Mar Arábigo tiene una temperatura ideal. Todos se han quemado, yo sigo blanca como la leche.

Hemos comido en Curlies, siguiendo el consejo de la Lonely. La terraza estaba llena de turistas y niños pijos que se creen hippies, todos fumando (algo raro en India, aquí nadie fuma en público). Hemos pedido Fish Curry Rice, que es lo típico. Buenísimo.

Paseíto por la orilla para bajar el arroz (ignorando la recomendación de mi dietista/dermatólogo, que me ha pedido que me mantenga a la sombra hasta las 4:30. Pero ya le he hecho bastante caso hoy con el chupito mañanero y el curry) y vuelta a Starco, nuestra morada por esta noche. Antes de cenar hemos ido a una fiesta, pero la música era muy heavy (perfecta para la cantidad de pastillas que los asistentes llevaban en el cuerpo), así que nos hemos dado media vuelta. Más pescado y piña colada.

Y ahora hace tanto calor que es imposible dormir. Mañana más.