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Delhi

abril 15, 2010

15 de Abril de 2010

Empezamos el caluroso último día del viaje en Jama Masjid, la mezquita más grande de Asia. Llegamos a la puerta 2 y mientras un hombre nos hace descalzarnos, otro nos da una especie de bata sucia a cada uno y nos pide 200 rupias por entrada. Le decimos que no hay que pagar entrada, así que no nos va  a engañar, y señala el tablón muy convencido, en el que pone que hay que pagar 200 rupias por cámara, así que le digo que es solo por la cámara y que no pagamos 600, que solo 200. El hombre se cabrea, nos arranca la bata de las manos y nos echa de allí a gritos y con muy malas maneras.

Caminamos a la puerta 3, que según la Lonely es la “tourist friendly” (lo que quiere decir que te venden calcetines por 50 rupias y sombreros de paja, y te cobran por dejar los zapatos). Y nos vuelven a contar la misma milonga; que 200 por cabeza. Pero estos por lo menos aceptan las 200 y nos dan la bata llena de polvo y sudor.

Entramos a la mezquita, que no es tan bonita como esperábamos, ni tan grande como se ve en las películas, lo que pasa que como los musulmanes se amontonan para rezar ocupando el espacio indispensable, pues la capacidad es bastante.

Salimos de allí rapidito, porque la gente no es nada amable, y hace mucho calor para estar discutiendo. Y ni siquiera puedes caminar fuera de la alfombra porque te abrasas los pies hasta con calcetines.

Y a la salida otra vez otro hombre pidiendo que paguemos por haber dejado los zapatos. Primero déjame que salga y vea si mis zapatos siguen ahí, y segundo, si quiero, te daré una propina. Pero no, él según te ve acercarte a la entrada te asalta con exigencias y a gritos, y pone la mano y gruñe.

No me ha gustado nada este sitio.

De ahí vamos a la pira funeraria de Gandhi, (parando a hacer un par de fotos del Red Fort) otra vez en mitad de un parque sin una sombra. Y el driver de hoy también nos pide 30 rupias para el parkin, otro que se va a quedar sin propina. A los paisajistas de aquí no se les ocurre plantar un árbol así los maten. Ellos venga césped y arbustos!

Y nuestro recorrido cultural acaba en la tumba de Humayum. Otro mini Taj Mahal. A mi me dan entrada de Indian Citizen, así que en vez de 250, pago 10 rupias, pero más que el ahorro me hace ilusión haber pasado por india!

De ahí papá dice que a comer al Hard Rock, que se está muy bien en el centro comercial con aire acondicionado. Y la verdad que sí, que a estas temperaturas no nos queda nada más que ver.

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Udaipur – Delhi

abril 14, 2010

14 de Abril de 2010

Madrugón para coger un vuelo a Delhi. Aquí solo hay una terminal, así que no hay lugar para la confusión. Nos despedimos del Gran Guerrero, y de los grandes éxitos de música rajastaní.

A la llegada a Delhi, como lo de los tuc-tuc no es lo que más les ha gustado de la India, alquilamos un coche para los dos días que nos quedan. Volvemos al hotel Amber, donde el personal nos espera tan amables como siempre, nos damos una ducha rápida y vuelta al coche.

El primer destino es el Lotus Temple (al cual ya fuimos el segundo día en Delhi, pero estaba cerrado). El edificio es una maravilla arquitectónica, y queda estupendo ahí plantado entre tanto césped, eso sí, ni una sombra. Los últimos metros que andas sin zapatos es como los penitentes que caminan sobre las ascuas…

Tras este golpe de calor pedimos a nuestro nuevo conductor (aparentemente normal hasta que habla por teléfono… para mí que por las noches trabaja en una línea erótica) que nos lleve a comer al Hard Rock. Y el hombre se hace el loco, que no sabe dónde está eso, pero que si queremos nos lleva a un restaurante estupendo. Le decimos que no, que le damos la dirección y llamamos al Hard Rock a que le expliquen exactamente cómo llegar. Viendo que tenemos bien claro dónde vamos a comer, se desenmascara y hace el último intento (con su voz de línea erótica):

–       Si tienen diez minutos paramos en otro restaurante porque así a mi me dan un cupón y ustedes sólo tienen que entrar y salir.

–       Pues va a ser que no. Que estamos muertos de hambre y de cansancio y que si salimos del coche va a ser única y exclusivamente porque veamos la señal de Hard Rock en neón brillando en la fachada del centro comercial al que nos va a llevar usted rapidito. (Yo también pongo mi voz de telefonista de Telefónica, de esas super amables)

El lugar en cuestión es un complejo de tres centros comerciales con todas las firmas internacionales y alguna nativa. Y por fin llegamos a nuestro destino:

Sofás de piel, aire acondicionado, Guns “n” Roses sonando de fondo mientras en las pantallas Axl Rose se refrota contra el pie de micro, y el olor inconfundible de los nachos y la carne de ternera! Todo acompañado por mojitos, invita la casa.

Tras este rato en la burbuja, a papá lo dejamos en el hotel y mamá y yo nos vamos a Main Bazar, porque yo creo que esa calle hay que recorrerla una vez en la vida. El driver otra vez intenta liarnos y llevarnos a otros bazares, pero yo me pongo farruquita y le doy instrucciones muy concretas. Por fin llegamos, tras la vuelta que nos mete por intentar llevarnos a otra cooperativa, y dice que 20 rupias para el parking. Menudo caradura, si aquí no hay parking, y en caso de haberlo serían 10 rupias, pero bueno… por no discutir…

La calle, que cuando fuimos María y yo en noviembre ya era digna de una película de Hitchcock, se ha superado a si misma, porque ahora está en plena demolición, así que si hace unos meses casi morimos de asfixia, lo de ahora es para vivirlo, a poder ser con mascarillas. Los olores y toxinas que desprenden los montones de basura a ambos lados del callejón se mezclan con los escombros cayendo como una tormenta de arena desde cada edificio. Pero a nadie parece importarle; el tráfico de rickshaws, bicis, motos, vacas, perros y carretillas es el mismo de siempre. Los locales cuelgan los saris y vestidos en la calle como si aquello fuese el paseo marítimo de Cullera. Y la gente pasea por allí como si se tratase de la quinta avenida (he de decir que esta calle ni siquiera está asfaltada, lo de la acera es impensable).

Pero aún así, en ningún sitio hay tanta variedad ni mejores precios que aquí, así que las dos nos cubrimos la cabeza entera con la dupatta, dejando al descubierto los ojos, compramos una botella de Bisleri para no morir deshidratadas y ahogadas por el polvo, y nos adentramos en aquella calle, cual concursantes del Grand Prix (solo faltaba Ramón García haciendo los comentarios: “el equipo amarillo entra en el primer local, elige tres vestidos, les sacuden el polvo, regatean, el vendedor del equipo azul no quiere bajar el precio, las concursantes del equipo amarillo regatean más, vestidos conseguidos, y corriendo al local de los pañuelos de seda. Salen del local con 20, la vaquilla las persigue pero consiguen resguardarse en el local de los kurtis…, finalmente corren con las bolsas a la salida, compran una maleta y corren hacia el coche).

Y vuelta al hotel, porque aquí el amigo dice que aunque el coche lo hemos pagado  hasta las 8, él necesita 45 minutos para llegar a su oficina (o call center), así que a las 7 se nos acaba el viaje. Y encima al dejarnos nos pide propina. Los hay con poca vergüenza!

Ya solo nos queda enjuagar todo lo que hemos comprado, porque tendría gracia llevarse a casa 3 kilos extra de polvo!

P.S. Muchas felicidades Rachel!

Amritsar – Delhi – Agra

abril 6, 2010

6 de Abril de 2010

Segunda baja; Papá se puso malo anoche, así que se queda en el hotel a suero.

Mamá y yo cogemos un coche del hotel, con el chofer de blanco inmaculado y nos vamos al Golden Temple, a mí casi me gusta más de día, aunque hace un sol de justicia. Aquí, como es una gurudwara a lo grande, tienen montado un comedor inmenso para todo el que quiera. Nos asomamos sólo por curiosidad, que no está el tema como para hacer experimentos.

Después damos una vuelta por el bazar, a hacer algo de shopping, parada en CCD incluida (para pasar al toilet). Y de vuelta otro tuc-tuc, sin amortiguadores. Los riñones de mi madre quedan hechos papilla.

El personal del hotel encantador, ofreciéndonos un médico o lo que necesitemos. Y por lo visto el chofer se quedo por la mañana esperándonos (nadie nos dijo que el servicio era ida y vuelta), y sigue a las afueras del templo, juas!

Volvemos al aeropuerto para volar a Delhi. Se habla de la picaresca española, pero la india no tiene nada que envidiarle, el ejemplo más descarado lo tenemos aquí. Cómo las empresas saben como se las gastan los indios, a todo le ponen el precio en el envase, para evitar los precios abusivos. En el caso de las bebidas te pueden cobrar una rupia más si está fría. Y en Amritsar la ciudad entera está empapelada por Coca-Cola: “330ml for only Rs.13” (330ml por solo 13 rupias), pues en el aeropuerto, para evitar la deshidratación de mis progenitores yo voy toda feliz a por un par de cocacolas con 30 rupias en la mano. Y el del chiringuito me dice que 100! Y lo mejor es que en la franja amarilla donde pone el precio lo han tapado con pintura del mismo color, que aún está fresca. Pero ley de la oferta y la demanda, o pago las 100 rupias o se me mueren de sed…

Por fin (tras el retraso típico de Kingfisher) llegamos a Delhi, donde nuestro chofer Mahaveer (gran guerrero) nos espera tras haber recogido nuestro equipaje del hotel. Y salimos hacia Agra.

Al conductor lo tienen adiestrado para llevar a europeos, así que nos obliga a ponernos el cinturón, no pasa de 60km/h y cada vez que le suena el móvil se para a hablar en la cuneta!

Tras 5 horas de viaje (a la media de crucero que llevamos es lo mínimo) llegamos de noche a Agra, y cruzamos el Ganj (que mis padres se pensaban que era una ciudad de cuento) en su momento mas tétrico; estrechas calles de tierra absolutamente desiertas, casas pequeñas y amontonadas con 4 palos y un saco a modo de toldo/portal, montones de basura en cada puerta custodiados por monos y perros mutilados y todo ello aderezado con la tenue luz de alguna bombilla que chisporrotea a la entrada de una casa y la densa niebla (o polución).

El hotel Clarks Shiraz está en la mejor sección de la Lonely Planet, junto con el Taj, el Oberoi y el Sheraton, es supuestamente el primer hotel de 5 estrellas de la ciudad. Y yo no dudo que cuando lo inaugurasen hace 20 años fuera excelente, pero sigue tal cual. Es como alojarse en el Hotel California, un hall enorme estilo remordimiento y habitaciones sin ningún tipo de salero en la decoración, los baños necesitan una reforma urgente y las colchas más les valdría hacer una fogata con ellas (por lo feas que son y por la mierda que tienen encima tras 20 años sin lavarse), el minibar no sabe lo que es una bayeta, el de mis padres está vacío y en el mío hay un par de latas de cerveza que debieron olvidarse uno turistas alemanes entrados en años, de los que se pasean por el país con chanclas y calcetines y sombreros de paja que cubren sus caras torradas por el sol el día anterior. Mi habitación tiene moqueta y el grifo de la ducha es monomando, la de mis padres tiene suelo de gres y la ducha es indescriptible. Y, aunque da la sensación de que lo vayan a demoler la semana que viene, cada vez que entramos o salimos de la habitación el pasillo está lleno. Y no podemos dormir por el ruido de algún compresor.

Delhi – Amritsar

abril 5, 2010

5 de Abril de 2010

Nuestro vuelo a Amritsar en principio era a las 14:20, pero hace una semana Kingfisher Airlines llamó para retrasarlo una hora, y esta mañana han llamado a retrasarlo otra más, así que como tenemos tiempo nos vamos de excursión a Qutb Minar.

La torre se construyó para proclamar la llegada del Islam a la India, y está en un complejo lleno de arquitectura afgana, en el que también se encuentra lo que queda de la primera mezquita que se construyó en el país. El lugar es bastante tranquilo porque está situado a las afueras de la ciudad. La audioguía es muy graciosa (disponible en Castellano); una niña va contando la historia del lugar con ayuda de un señor mayor.

Cogemos otro tuc-tuc al aeropuerto. El estúpido del conductor, en vez de coger la autopista directa a la salida de Qutb Minar, decide callejear (sin sentido, puesto que el precio estaba cerrado). Cada día odio más a los conductores de rickshaw, y mira que yo nunca he sido de odiar a nadie. Para rematar la jugada, en el carril opuesto se ha quedado atascado un camión, bloqueando la carretera entera unos 5 Km, y por supuesto todos los vehículos de ese sentido ahora se meten por el nuestro, haciendo imposible la circulación. Nosotros 3 cabemos justos en el tuc-tuc, lo que con el calor y la polución se hace incómodo, pero a esto le sumas el atasco y los pitidos (a los que mis progenitores no están acostumbrados) y acaba con cualquiera, así que viendo que se me deshidratan no me queda otra que bajarme a por Bisleri bien fría en cuanto veo una tienda.

Tras la agonía llegamos al Aeropuerto Internacional Indira Ghandi, el que pone en nuestros billetes, y nos dicen que allí no es, que tenemos que ir al Doméstico.

– Ya, pero es que en los billetes pone Aeropuerto Internacional, Terminal 1.

– Lo siento señorita, pero es que la terminal 1 es el Doméstico, que también se llama Aeropuerto Internacional Indira Ghandi.

– Me está diciendo en serio que al internacional y al doméstico les han puesto el mismo nombre, incluyendo el adjetivo “International”.

– Si señorita.

Sin más. La otra terminal está a 5 km, en tuc-tuc. Y encima el conductor quiere 100 rupias extra. Pero bueno, mientras llaman de Kingfisher otra vez, que han retrasado el vuelo una hora más. Ya van 3.

Por fin llegamos a la terminal correcta. La señorita de Kingfisher dice que de indemnización naranjas de la china. Que no sabe a que hora va a salir el vuelo, pero que hoy sale seguro. Y que es un problema técnico, que lo están solucionando. Lo siento, pero no me lo trago, cómo van a llevar solucionándolo desde hace una semana??? Y la única opción que me da es que no volemos y me devuelve el importe íntegro.

Será inútil! Y perder mis diás en Amritsar! Y quien me devuelve el dinero del hotel de allí? Y esta noche dónde dormimos? Si es que una empresa que se dedica a hacer cerveza no puede abrir una línea aérea!

Decidimos hacer el check-in, porque tampoco teníamos muchas más opciones, y esperar… A mí me siguen llegando mensajes al móvil cada media hora de nuevos retrasos. Lo único que hacen para calmarnos es mandarnos a merendar a una cafetería, con menú cerrado: sándwich de curry. Mis padres no se lo tiraron a la cabeza a Vijay Mallya porque no lo tenían delante.

Finalmente despegamos a las 19:30, en una avioneta de menos de 100 plazas que no llegaba a tener un 25% de ocupación. Es decir, como no tenían pasajeros suficientes juntaron todos los vuelos del día en el último.

Llagamos a Amritsar. Directos al Golden Temple, que por algo íbamos sin equipaje. Antes de entrar dejas los zapatos en consigna, te enjuagas los pies y te tapas la cabeza. En el caso de las mujeres con el sari o la dupatta, los hombres llevan turbante, y para los turistas tienen pañoletas naranjas, muy poco glamorosas, pero para echarse unas risas están estupendas! El templo maravilloso, y el refulgir reflejado en el agua por la noche una maravilla. Además llegamos justo a tiempo para ver la ceremonia en la que ponen al libro a dormir (todo este ritual ya lo expliqué: https://sugarlane.wordpress.com/2010/03/25/ ), a mi me cogió uno de los encargados, muy amables, y me metió detrás del altar para recibir la bendición del libro, porque allí los fieles pierden cualquier noción de educación que tengan y se meten en el templo a codazos y empujones, saltando por encima de ti si es necesario, para no perderse los cánticos del final, y después lo sacan en procesión (cual San Bartolomé) sólo los hombres por la pasarela sobre el agua hasta otro de los edificios dónde lo acuestan.

El hotel Ista magnífico; el edificio muy bien decorado, el personal impoluto, todas ellas con su sari formal, los labios rojos y una flor en el pelo. Todo muy zen. Las habitaciones extraordinarias y el sushi del restaurante muy bueno (yo es que llevaba con antojo de sushi meses).

Comienza el viaje: Pune-Delhi

abril 4, 2010

4 de Abril de 2010

El día ha empezado bien; Rohit, Shirish y Abhishek han venido a desayunar y después me han llevado al aeropuerto de Pune, en el que han podido entrar con un ticket de visitantes para despedirme. (Normalmente a los aeropuertos indios sólo pueden acceder los pasajeros, pero aquí puedes comprar un pase y acceder a una mini sala de espera)

Llegada a Delhi. El calor es tal que cada poro de mi cuerpo se dilata y me inflo como un globo (esas es la sensación de camino al hotel). Papá y Mamá están esperando en el hotel The Amber, y yo tras saludarlos después de tanto tiempo me quedo embobada observando la habitación y el baño (ha sido parecido a ver la sección de jamones de Carrefour estas navidades).  Acostumbrada a los hostales de mala muerte indios esto es el paraíso; un colchón de 30cm de grosor, mobiliario de diseño, saneamientos ultramodernos, pantalla de plasma, minibar, toallas blancas de anuncio de Ariel, ducha con agua caliente y presión… Cualquiera se pensará que no he salido de una aldea en mi vida…

Tras una ducha rápida hemos bajado a comer; paneer masala y raita. Creo que lo de la comida india no va a ser la mejor idea con mis padres. Por lo menos el Frooti de mango les ha gustado, que no se deshidraten.

Cuando baja el calor cogemos un tuc-tuc (hasta ahora conocido como rickshaw) y nos cruzamos la ciudad para ir al Templo de Lakshmi (Birla Mandir). La familia Birla es uno de los grupos de negocios más potentes del país; tienen hospitales, colegios universitarios, grupos de telecomunicaciones, templos, una firma de automóviles y mucho más.

El templo es bastante grande, tienen una habitación aparte para que los extranjeros dejen sus zapatos y consigna para cámaras y teléfonos, q no están permitidos.

Después otro tuc-tuc a Connaught place (“conejius place” según mi madre), el nucleo de la ciudad. Que, como todo lo demás, está en obras. Igual dentro de 10 años, si acaban de restaurar esas fachadas coloniales y construyen aceras de verdad, será un lugar entrañable. Cena en un restaurante chino, lo del pani-puri lo vamos a dejar correr…

Y vuelta al hotel en tuc-tuc. Yo, fíjate, sigo sin verle el encanto a esta ciudad.

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noviembre 19, 2009

10 de Noviembre de 2009

Compras de última hora en Delhi.

Algún día le daré una segunda oportunidad a esta ciudad. Cuando el tiempo borre de mi memoria lo poco que me ha gustado y lo enferma que estoy.

Y Pune me recibe peor de lo que la dejé. Llueve. Mucho. Y es desconcertante porque el mozón ya pasó. Y se suponía que hasta el año que viene no volvería a llover.

Pero… qué le vamos a hacer? Hoy no ha sido un buen día.

McVeggie, french fries & Coca-Cola

noviembre 16, 2009

9 de Noviembre de 2009

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Estamos enfermas. Muy enfermas. Y muy cansadas.

La vuelta en el tren ha sido la puntilla. María tiene fiebre. Yo no, pero estoy perdiendo la garganta por minutos.

Delhi apesta. No se puede respirar.

Hemos salido a comer por no morir de hambre y por ver algo de la ciudad.

Lo primero ha sido la Indian Gate, pero está en mitad de una explanada y no había nada que comer cerca.

Después nos hemos acercado al Red Fort con la intención de comer algo típico en Chadni Chowk. Estamos tan malas que viendo que nos caíamos de desmayo hemos tenido que entrar a McDonalds y tomar un café en CCD.

Y es que hay momentos en India en que, cómo dijo María ayer, “Me siento muy europea, muy intolerante y muy poco hippie”.

Yo solo quiero volver a mi casita.

Delhi

noviembre 13, 2009

6 de Noviembre de 2009

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El driver se ha perdido esta mañana para llevarnos al aeropuerto.

Nuestra reserva online no estaba confirmada, así que una vez allí nos han dicho que no teníamos billetes a Delhi.

Por fin llegamos a Delhi. El driver nos deja en Main Bazaar, la calle de India que peor huele y a la que se accede tras pasar unos arcos de seguridad con un estricto control policial.

El hotel al que íbamos estaba completo.

En la estación de tren nos han timado diciendo que los tickets a Agra había que sacarlos en una agencia del Gobierno.

El rickshaw nos ha vuelto a timar llevándonos a otra agencia.

Los trenes a Agra estaban completos. Nos intentan alquilar un coche por 8.000 rupias.

Encontramos la supuesta agencia del Gobierno.

Los trenes a Agra están completos. Nos intentan alquilar un coche por 4.400 rupias.

Volvemos a la estación de tren. A la oficina de turistas extranjeros. Quedan pocas plazas libres, pero algo se puede hacer.

Cuando vamos a pagar, el de la oficina ve mi visa de estudiante y dice que no puedo comprar los tickets allí, que soy ciudadana India, así que tengo que ir a la taquilla normal. Finalmente el hombre resuelve. Eso sí, tenemos que pagar más porque el tren en el que quedan plazas para los indios es más caro.

Esto a mi no me ha quedado muy claro, pero con tal de salir de esta ciudad hostil y llegar a Agra, pago lo que sea. Como si tengo que comprar el tren.

Agotadas volvemos a la calle de los olores buscando algún sitio para cenar. Por supuesto lleno de hippies (que digo yo, con lo bien que se está en Goa, qué hacen todos amontonados en esta calle sin encanto?)

Y ahora a dormir, que tenemos que estar en la estación a las 5:00 am.

Muy bonito Delhi. (en tono irónico)