Archive for the ‘Bangalore’ Category

Vuelta a Pune

junio 1, 2010

1 de Junio de 2010

Esta mañana hemos cogido el vuelo Bangalore-Pune, y ya estoy de vuelta en casita. Yo tenía pensado acostarme nada más llegar, pero tal y como está el piso tras una semana sin limpiar… Ya dormiré esta noche.

Y ahora estoy viendo diluviar como si no hubiese mañana. Parece que ha llegado el monzón, que falta hace, porque estos días han sido demasiado.

Pero me alegro de haberme ido con Jan de viaje, no me parecía un buen momento, pero fue la idea acertada. En Mysore y Pondichery hemos pasado unos ratos estupendos, y Bangalore no nos ha parecido muy agradable, pero ha merecido la pena por ver la boda, y a Uts.

Parece que fue ayer cuando Jan llegó a aquel siniestro piso de la Universidad y nos aventuramos por la ciudad en busca de la Lonely Planet. Durante los primeros días en el campus matábamos el tiempo con té y chocolate, leyendo y planeando todos esos viajes por toda la India, y cuando nos entraba hambre elegíamos uno de los restaurantes recomendados y nos íbamos a experimentar con la comida india.

Así que ha sido genial realizar uno de esos viajes al final de su estancia, y puede que de la mía.

Y ahora tengo que preparar recibimiento para Shirish, que es su cumpleaños y viene con Shilpa (su prometida) y el resto de amigos a brindar con champagne aquí, porque ellos ya no tienen casa en Pune.

Anuncios

La boda de Onu

mayo 28, 2010

28 de Mayo de 2010

He tardado dos horas (en bus) en llegar a la oficina de Utsav, hemos ido a recoger mi sari a su casa (me dejé allí algo de equipaje), Frooti de mango para matar el calor y despedida (una vez más, ya lo sé, cada vez que nos separamos es un drama, y esta vez no sé si lo volveré a ver, o al menos no dentro de poco, en caso que tenga que estar en España en 2 semanas).

Otra hora de vuelta, esta vez en Rickshaw, que aquí te intentan cobrar aún más que en Pune. Jan vuelve de visitar a unos amigos, comemos rápido y volvemos al hotel.

Y aquí es dónde empieza el reto. El sari y yo. Yo y el sari. Seis metros de tela, una blusa, un petticoat y muchos imperdibles. Pliegue va, pliegue viene, imperdibles, una vuelta por aquí, otro pliegue por allá, más imperdibles,… después de todo es un montón de tela enrollada al cuerpo, y yo no me voy a arriesgar a quedarme en enaguas! Y además, todas las indias se cargan de imperdibles, si no es imposible moverse con esa soltura.

Parece que lo supero. Maquillaje, bangles, bindi, joyas, jazmín en el pelo y lista. Coge la mochilla de Quicksilver (como a un santo dos pistolas) y súbete al rickshaw. Porque aunque parezca un modelo digno de limousine, o de carroza tirada por caballos, aquí lo auténtico es el 3-ruedas negro y amarillo.

Hoy se casa Onu, nuestra amiga finlandesa, con su novio indio musulmán. Todo un encuentro cultural, y un alivio ver cómo esta sociedad se empieza a modernizar y acepta un matrimonio de tal índole.

Al llegar a la mezquita Jan y yo nos separamos, porque aquí hombres y mujeres no pueden juntarse. Yo me quedo con la madre de Onu (ambas con la cabeza cubierta) y a los minutos aparece ella rodeada por las mujeres de su nueva familia política y cubierta de velos que le impiden ver lo que se cuece. Y digo “cuece” porque a estas temperaturas y bajo todas esas capas de poliéster es lo que los cuerpos experimentan.

Todas subimos por la parte de atrás a lo que sería el equivalente al lugar del coro en una iglesia, mientras que los hombres se encuentran en la parte de abajo con el equivalente al cura.

Comienzan los rituales; primero le airean el Corán en la cara, luego encienden un par de cirios y a continuación cada una de las mujeres casadas frota dos piedras sobre la cabeza de mi amiga, unos cinco minutos cada una. Y de vez en cuanto cantan algo.

Onu se supone que mientras tanto tiene que ir leyendo páginas del Corán. Después sube el cura y le hace una especie de entrevista, en la que ella tiene que aceptar el Islam como su nueva religión y aceptar casarse con el chico a cambio de una cantidad (algo así como catorce mil rupias) que recibirá en cualquier momento de su vida. Dicho esto hija y madre firman un contrato y el cura se va.

Las tías tiran una bandeja de frutos secos y piedras sobre la cabeza de la novia y el resto las reparten entre las asistentes (unas 10 mujeres). A continuación el novio sube cubierto de flores de jazmín y otros elementos decorativos, pone su mano sobre la cabeza de la novia y dice algún rezo.

Tras unas cuantas fotos, ambos bajan a otra pequeña habitación seguidos por las mujeres. A Onu también la cubren de flores y otra vez le ponen los velos, y los dos, de rodillas en el suelo se agarran y se inclinan unas cuantas veces a tocar el suelo con la frente mientras el resto dice algún ¿salmo? … que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, Señor.

Ya son marido y mujer, los asistentes les damos la enhorabuena (Onu sigue sin ver nada y con cientos de flores colgando de su cabeza). Todos vamos a casa del novio a hacer más fotos y después se les deja solos una hora, para que consumen el matrimonio.

Mientras, los invitados acuden al salón de bodas, dónde tendrá lugar otra celebración, esta vez con Onu vestida con su ghagra choli, maquillaje, joyas y demás, y a continuación la cena típica; arroz con carne.

Jan y yo cenamos rápido y nos perdemos la celebración, porque tenemos que coger un bus a Pondichery. Una vez en la estación Mr. Indeciso vuelve a llamar, que todavía no sabe si venirse a Pondy o no, a media hora de que salga el bus, él es así. En verdad lo hace para quitarle hierro a la despedida de esta mañana.

Así que aquí estamos, Jan y yo, continuando nuestra luna de miel.

Bangalore

mayo 27, 2010

27 de Mayo de 2010

Dicen que Bangalore es la ciudad ideal para ir de shopping, yo debo estar enferma, porque no he comprado absolutamente nada.

La ciudad es moderna, y enorme, tiene algunos edificios espectaculares, y un parque estupendo, pero lo que es la calle de las compras (MG Road, como en toda ciudad india) ha sido la gran decepción. Y por muy moderna que sea la ciudad, a partir de las 3 no te dan de comer en ningún sitio, así que hemos acabado en Barista (la competencia de CCD) tomando un sándwich.

El paseo por Cubon Park muy agradable, aunque algo surrealista al encontrarnos en medio de cientos de mujeres musulmanas con su burka negro, pasando la tarde con sus familias.

La cena ha sido en KFC, que nos pillaba muy a mano, y con el agotamiento que tenemos no era plan de experimentar con restaurantes indios desconocidos.

Mysore

mayo 26, 2010

26 de Mayo de 2010

En Karnataka, estado en el que me encuentro, las indias se arreglan más que en ningún sitio. Todas llevan sus saris de crispy silk, las bangles a juego y el pelo recogido en trenzas cubiertas de flores de jazmín.

El día en Mysore ha sido estupendo. Por la mañana Utsav me ha puesto en un tuc tuc camino de la estación de Bangalore, dónde he cogido el bus a Mysore. Bus estatal, de esos que parecen que se van a desintegrar a mitad de camino. Jan me ha recogido en Mysore y hemos desayunado el plato south indian por excelencia; masala dosa.

Tras una ducha rápida en el hotel hemos dado un paseo hasta el punto clave de Mysore; el palacio del Maharaja. Un palacio estilo inglés de 1912. Aquí todo el mundo da por hecho que estamos de luna de miel (por qué otro motivo viajaría una chica de mi edad sola con un chico?), así que se dan situaciones cómicas, pero sí, podríamos estar de luna de miel, de no ser porque los dos tenemos a nuestras parejas esperando en Maharastra.

La segunda atracción de Mysore es el mercado Devaraja, el lugar más colorido, alegre, curioso y con mejor olor que he visitado en toda la India. Pese a tener sus correspondientes pasillos de cebollas, fruta, bangles y especias, hay algo que lo hace especial; las flores. Todas las mujeres de la pequeña ciudad se deslizan con sus saris por las callejuelas del mercado comprando flores al peso, guirnaldas para sus celebraciones o tiras de jazmín que perfumen sus negras melenas.

Por supuesto yo me apunto a la tradición, es imposible resistirse.

Con el calor que hace (todos los años en la India hay 9 días declarados los más calurosos del año, en los que incluso las madres prohíben a sus hijos salir a la calle, y este año son los últimos días de Mayo), decidimos comprar unos mangos y algo más de fruta y subir a comer a Chamundi Hill, un templo de peregrinaje en lo alto de una colina a 13 Km de Mysore. Todo iba bien, encontramos unos árboles en el patio de un colegio bajo los que disfrutar los mango con vistas a la ciudad. Compartimos unos plátanos con niños que viven en la colina, y de repente, nuestra comida se vio interrumpida por lo más sagrado que hay en la colina. No, no fue el dios Chamundeswari, fue una vaca.

La vaca en cuestión se nos acercó por la espalda y en menos de un minuto se hizo con un par de manzanas y el último trozo de mango que no dudó en arrancar de mis manos. Pero como es una vaca sagrada, cualquiera se lo impide! Pasado el susto nos dio por reír, pero nos quedamos con algo de hambre…

Tras el incidente nos dirigimos al templo, dónde una cola de fanáticos se da empujones bajo el sol. Decidimos saltarnos la visita, total, ya hemos cumplido con los dioses por hoy.

Pero la historia no acaba aquí, Jan llevaba una bolsa con los plátanos sobrantes, y aquí es dónde entran en acción los monos. Porque si hay algo que no falta en templos, fuertes y cuevas, son los monos. Y uno de ellos se lanza hacia la bolsa, la desgarra y tira de los plátanos. Con lo que el resto de la manada, al verlo, empieza a correr hacia nosotros dando gritos. No nos quedó más remedio que soltar la bolsa y correr colina abajo.

De vuelta en la ciudad decidimos ir a la catedral de Santa Filomena, una de las más grandes de India (of course). Por supuesto no faltan las luces de neón en el altar formando cruces, palomas y demás símbolos cristianos.

Tras esto sólo podemos sentarnos en CCD bajo el aire acondicionado, reponer energías con un café y volver al hotel a decidir dónde cenamos asesorados por nuestra inseparable amiga desde el primer día; la Lonely Planet.

“No quiero necesitarte, porque no puedo tenerte”

mayo 25, 2010

25 de Mayo de 2010

Francesca Johnson se dio cuenta rápido.

A mi me costó algo más, pero una vez superada la necesidad, las noches vuelven a ser mágicas. En Bangalore o en el fin del mundo.

Da igual lo caro que sea el restaurante, no importa que pidamos cosmopolitans, mojitos o cualquier otro cocktail nuevo, ni siquiera el pollo o la langosta tienen un papel importante en la cena.

Lo único que cuenta, una vez más, son nuestras sonrisas.