Archive for the ‘Aurangabad, Ajanta & Ellora’ Category

Ellora Caves

diciembre 9, 2009

7 de Diciembre de 2009

Qué dura es la vida del turista!

Las cuevas de Ellora son bastante mejores que las de Ajanta. Hemos ido en bus, y de camino hemos visto el fuerte de Daulatabad. La vuelta en un jeep compartido, 20 personas dentro y 2 colgando de la puerta trasera. Todo un milagro teniendo en cuenta las 7 plazas del jeep.

Después hemos visitado Bibi ka Maqbara, el Taj Mahal de los pobres. Aurangzeb, el hijo de Shah Jahan (emperador que construyó el Taj Mahal), lo mando construir para enterrar a su esposa. El hombre no me cae demasiado bien; al nacer él murió su madre, Mumtaz Mahal, creando la desgracia de su padre. Luego el niño va y encierra al padre para hacerse con el imperio, dejándole sólo una ventana en el Red Fort por la que ver el Taj. Y no contento con eso, plagia la gran obra de su padre, a menor escala y en vez de en mármol lo hace en escayola, cubriendo los muros más importantes de mármol para que parezca mejor. Una chapuza.

Para rematar el viaje mi compañera la ha liao muy parda en el hotel, así que no hemos acabado en comisaría de milagro. Una y no más, Santo Tomás. Hay que tener mucho cuidado al elegir con quién se viaja.

Felizmente al llegar a Pune me ha recogido de la estación Saurabh y me ha llevado a cenar mi paratha preferida. Nada como tener buenos amigos!

Ajanta Caves

diciembre 8, 2009

6 de Diciembre de 2009

Qué mal lo pasan en esta vida los intolerantes. Con lo fácil que es sonreír cuando alguien quiere una foto tuya…

Las cuevas de Ajanta son todo un tesoro, y el paisaje en el que se encuentran es una preciosidad. Lástima que haya quien se empeña en no disfrutarlo y en no dejar a los demás tener un rato agradable.

Si no hay chocolate, pues te tomas un café. Yo me niego a enfadarme, así que seguiré sonriendo.

Pakora en el dabha

diciembre 8, 2009

5 de Diciembre de 2009

El viaje de Pune a Aurangabad es toda una experiencia.

Autobús público, sin aire acondicionado (pero con ventanas). 235 Km en 6 horas y media.

Es muy entretenido porque en cada parada (incluido el peaje) se arremolinan alrededor del bus un montón de vendedores que te facilitan todo tipo de sustento para el trayecto; bebidas, galletas, patatas, frutos secos, revistas pirata (si, aquí piratean hasta el Vogue), fruta, sándwiches indios… Algunos entran al bus, y el resto te lo venden por la ventanilla gritando bien claro lo que tienen.

Llega un momento en que el bus va lleno y tu crees que no va a parar en ningún otro pueblo, pero no, porque los indios son muchos, así que se aprietan lo que haga falta para caber y llegar a su destino. Lo que implica el doble de la capacidad del bus de pie en el pasillo. Todo un reto para el cobrador de billetes, que cada vez que el conductor arranca, tiene que pasearse por el túnel de obstáculos cobrando a los viajeros recién incorporados.

Y a mitad de camino hay un break, supuestamente para comer algo, pero dado que vas comiendo todo el trayecto (por eso de probar cosas nuevas), el descanso es más que nada para ir al baño. Y tomar un chai. Y picar algo (pakora).

Aquí no se para en áreas de servicio tipo Medas o La Pausa, lo auténtico es parar en un dabha, que en origen eran cobertizos a los lados de las grandes carreteras en los que los camioneros paraban a descansar y tomar algo, y hoy en día se han sofisticado un poco más y atienden a todos los viajeros.

Yo he disfrutado el viaje, aunque no puedo decir lo mismo de mi compañera. Me parece que a todos los europeos no les gusta tanto hacer el indio como a mí.