Archive for the ‘Agra’ Category

Agra – Fatehpur Sikri – Jaipur

abril 8, 2010

8 de Abril de 2010

Lo de ir al Taj ayer con estás temperaturas fue tan atrevido que hoy hemos salido en el periódico. El chico de recepción tenía el recorte guardado para nosotras.

Hemos empezado el día al otro lado del río, en este caso el sucio Yamuna, en Itimad-ud-Daulah, también conocido como Baby Taj. Y es que en la India a todo lo que pueden le buscan parentesco con el Taj. Hay un baby taj en Aurangabad, otro aquí, otro en Delhi…

Después hemos paseado (más bien ha sido una carrera, un par de fotos y vuelta al aire acondicionado del coche) por Mehtab Bagh, los jardines desde los que se puede ver el Taj por la espalda. Cuenta la leyenda que Shah Jahan pretendía construir un Taj igual pero en mármol negro para ser enterrado allí, pero como su hijo Aurangzeb lo encerró en el Red Fort, y tomó el poder, la obra nunca se completó, aunque si se pueden ver los cimientos y el inicio de la muralla simétrica a la del Taj. Por lo visto el hijo puso como escusa para encarcelar al padre la millonada que se pensaba gastar en el mausoleo y que arruinaría el imperio.

Siguiente parada; Fatehpur Sikri. El emperador Akbar tenía 3 esposas; una musulmana, otra hindú y otra cristiana, pero ninguna le daba descendencia, un buen día visitó Sikri y un santa predijo el nacimiento de su heredero. Cuando la profecía se hizo realidad el emperador fundó aquí la capital del imperio mogol: Fatehpur. Al poco tiempo de terminarla en 1585 se dieron cuenta que la zona tenía serios problemas de sequía, y no había forma de abastecer agua para toda la ciudad, así que tras la muerte de Akbar la ciudad se abandonó y a permanecido inhabitada hasta hoy.

La ciudad es más bien un pueblito de palacetes, escuelas, cocinas, salas de audiencia y mezquitas, con la mayor puerta de entrada de Asia (o eso dicen, porque aquí cuando ves una mezquita siempre es la más grande de Asia, un templo es el que más oro tiene de Asia y las cuevas siempre son las más antiguas de Asia); la Puerta de la Victoria, de 54m de alto.

Por fin llegamos a Jaipur, directos a la piscina del hotel (tras cambiar de habitación 3 veces). Aquí no baja la temperatura ni a las 11 de la noche!

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Agra

abril 7, 2010

7 de Abril de 2010

El desayuno en el hotel ha sido acorde a todo lo demás. Eso sí, todos muy ambles.

La mañana la hemos pasado en el Taj Mahal, que sigue tan estupendo como siempre o más. Aunque el calor va a acabar con todos nosotros, o con los cuatro gatos que allí estábamos.

Dicen que es el mayor monumento al amor. Fue construido por el emperador Shah Jahan para enterrar a su esposa Mumtaz, que murió en el parto de su decimosexto hijo; Aurangzeb. Lo cierto fue que la mujer le hizo jurarle antes de morir que construiría algo grandioso para que todo el mundo la recordase el resto de la eternidad, aunque claro, es lo mínimo que le podía exigir tras dejarla embarazada dieciséis veces. Se tuvo que morir a gusto.

La tarde en el Red Fort con Mamá. La verdad es que también es precioso, aunque claro, al lado del Taj sale perdiendo.

La cena en el Oberoi Udai Vilas extraordinaria. El edificio es precioso, los empleados muy atentos y con unos uniformes tradicionales maravillosos, y el hotel cuida hasta el último detalle. Los baños están llenos de cacharros con agua y pétalos de rosas, para quedarse allí a meditar un buen rato.

Amritsar – Delhi – Agra

abril 6, 2010

6 de Abril de 2010

Segunda baja; Papá se puso malo anoche, así que se queda en el hotel a suero.

Mamá y yo cogemos un coche del hotel, con el chofer de blanco inmaculado y nos vamos al Golden Temple, a mí casi me gusta más de día, aunque hace un sol de justicia. Aquí, como es una gurudwara a lo grande, tienen montado un comedor inmenso para todo el que quiera. Nos asomamos sólo por curiosidad, que no está el tema como para hacer experimentos.

Después damos una vuelta por el bazar, a hacer algo de shopping, parada en CCD incluida (para pasar al toilet). Y de vuelta otro tuc-tuc, sin amortiguadores. Los riñones de mi madre quedan hechos papilla.

El personal del hotel encantador, ofreciéndonos un médico o lo que necesitemos. Y por lo visto el chofer se quedo por la mañana esperándonos (nadie nos dijo que el servicio era ida y vuelta), y sigue a las afueras del templo, juas!

Volvemos al aeropuerto para volar a Delhi. Se habla de la picaresca española, pero la india no tiene nada que envidiarle, el ejemplo más descarado lo tenemos aquí. Cómo las empresas saben como se las gastan los indios, a todo le ponen el precio en el envase, para evitar los precios abusivos. En el caso de las bebidas te pueden cobrar una rupia más si está fría. Y en Amritsar la ciudad entera está empapelada por Coca-Cola: “330ml for only Rs.13” (330ml por solo 13 rupias), pues en el aeropuerto, para evitar la deshidratación de mis progenitores yo voy toda feliz a por un par de cocacolas con 30 rupias en la mano. Y el del chiringuito me dice que 100! Y lo mejor es que en la franja amarilla donde pone el precio lo han tapado con pintura del mismo color, que aún está fresca. Pero ley de la oferta y la demanda, o pago las 100 rupias o se me mueren de sed…

Por fin (tras el retraso típico de Kingfisher) llegamos a Delhi, donde nuestro chofer Mahaveer (gran guerrero) nos espera tras haber recogido nuestro equipaje del hotel. Y salimos hacia Agra.

Al conductor lo tienen adiestrado para llevar a europeos, así que nos obliga a ponernos el cinturón, no pasa de 60km/h y cada vez que le suena el móvil se para a hablar en la cuneta!

Tras 5 horas de viaje (a la media de crucero que llevamos es lo mínimo) llegamos de noche a Agra, y cruzamos el Ganj (que mis padres se pensaban que era una ciudad de cuento) en su momento mas tétrico; estrechas calles de tierra absolutamente desiertas, casas pequeñas y amontonadas con 4 palos y un saco a modo de toldo/portal, montones de basura en cada puerta custodiados por monos y perros mutilados y todo ello aderezado con la tenue luz de alguna bombilla que chisporrotea a la entrada de una casa y la densa niebla (o polución).

El hotel Clarks Shiraz está en la mejor sección de la Lonely Planet, junto con el Taj, el Oberoi y el Sheraton, es supuestamente el primer hotel de 5 estrellas de la ciudad. Y yo no dudo que cuando lo inaugurasen hace 20 años fuera excelente, pero sigue tal cual. Es como alojarse en el Hotel California, un hall enorme estilo remordimiento y habitaciones sin ningún tipo de salero en la decoración, los baños necesitan una reforma urgente y las colchas más les valdría hacer una fogata con ellas (por lo feas que son y por la mierda que tienen encima tras 20 años sin lavarse), el minibar no sabe lo que es una bayeta, el de mis padres está vacío y en el mío hay un par de latas de cerveza que debieron olvidarse uno turistas alemanes entrados en años, de los que se pasean por el país con chanclas y calcetines y sombreros de paja que cubren sus caras torradas por el sol el día anterior. Mi habitación tiene moqueta y el grifo de la ducha es monomando, la de mis padres tiene suelo de gres y la ducha es indescriptible. Y, aunque da la sensación de que lo vayan a demoler la semana que viene, cada vez que entramos o salimos de la habitación el pasillo está lleno. Y no podemos dormir por el ruido de algún compresor.

Las verdades del barquero

diciembre 3, 2009

28 de Noviembre de 2009

Ante las peticiones de algunos lectores que quieren saber más del lado amargo de la India, este post cuenta las verdades del barquero.

No es que yo adorne todo lo que me pasa para que el país parezca más de cuento, es sólo que como al día pasan muchas cosas, selecciono lo bueno y divertido, en vez de contaros las penas, pero allá voy.

(Ya sé que no se puede generalizar, así que lo siento por los indios que sean la excepción)

Los indios, en general, son sucios. O por lo menos necesitan que alguien les enseñe algo de modales y protección medioambiental. Las bahía de Mumbai es alucinante, pero si te asomas desde cualquiera de sus paseos marítimos, no ves playas de arenas paradisíacas, ves un basurero. El viaje en barco de Gateway of India a la isla Elephanta tiene unas vistas preciosas, pero el paseo no lo disfrutas porque ves a las familias nativas que de camino se comen su bolsa de patatas y su refresco y al acabar tiran las bolsas y latas al mar, como si fuese lo más normal del mundo, ni siquiera lo hacen con disimulo. Y yo hay momentos en los que salto, (puede que tras trabajar en Tarifa y en la Expo esté más sensibilizada que la media con el tema del desarrollo sostenible, pero yo creo que a nadie con dos dedos de frente en Europa se nos ocurriría hacer algo así) pero alguien tiene que explicarles que hay cosas intolerables. Y luego está el tema de los escupitajos, ellos escupen cuando les viene en gana, lo cual es a menudo. Es realmente asqueroso. Luego hay quien eructa, sin comentarios.

Las vistas del Taj Mahal desde el río Yamuna son de esas cosas que hay que ver  una vez en la vida, porque si lo haces más de una seguro que te mueres intoxicado. Según te acercas al río te preguntas cómo sólo hay un barquero y no hay turistas. La explicación es muy simple; sólo hay una persona capaz de pasarse una jornada de trabajo respirando ese aire. El río es negro. Y no quiero decir que esté sucio, es negro opaco, lo que por otra parte es un alivio porque por el olor que desprende es mejor no ver lo que hay en el fondo. Cuando llevas 5 minutos subida en la barca sientes que se te corta la respiración, y podría ser por la espectacular imagen del Taj reflejándose en el “agua”, pero lo cierto es que se te corta por los vapores que emanan del Yamuna, probablemente el lugar más tóxico que he visitado en mi vida. Y lo mejor es que para proteger el mármol de la maravilla no dejan acercarse a vehículos a motor a menos de 2 Km, algo absurdo cuando el aire que viene del río es más dañino que el de una cementera. Aunque el río no tiene la culpa, porque al fin y al cabo, si un país no tiene un sistema de recogida de basuras decente ni una red de alcantarillado regulada, dónde van a tirar los desechos? (Yo todavía no he visto un contenedor ni un camión de basura, aunque algo tiene que haber…?)

Luego está el tema de los ordenadores. Hay quien me pregunta cómo es que no todos los indios tienen un ordenador siendo una potencia en IT. Pues es muy sencillo, si el 55% de la población no tienen dónde vivir y de los que tienen casa no todos disponen de agua corriente ni electricidad, qué sentido tiene aquí un ordenador? Si a esto le añadimos el nivel de analfabetismo del país (rondando el 50%) y el hecho de que sólo una minoría de los indios que han recibido una educación saben inglés, el porcentaje de la población se reduce aún más, y a esto hay que restarle los que no se pueden permitir el lujo de un ordenador porque ni siquiera les da para un coche, así que ves familias de 4 y en casos extremos 5 miembros subidos en una scooter.

Con estas condiciones de vida, el nivel de salud va acorde. En todos los edificios hay al menos una persona con problemas de pulmón, y no lo averiguas marujeando en el rellano, lo sabes porque cada mañana escuchas los ruidos que emite su garganta, como si se la estuvieran arrancando. La malnutrición afecta al 50% de los niños indios y a un número alto de mujeres. Y luego están otras enfermedades varias, comenzando con la lepra y siguiendo… mejor ni sigo.

Y el papel higiénico! Gran misterio del país. Aquí solo tienen papel higiénico en los restaurantes dónde comer te cuesta más de 500 rupias. En las casas indias no hay. En los demás lugares tienen la jarrita de agua. (Yo sigo sin preguntar sobre el tema e intento vivir feliz en mi ignorancia, pero seguro que hay una razón por la que la mano izquierda no la utilizan para comer). Y tener una taza de váter es todo un lujo, porque aquí lo normal es el agujero en el suelo. En el momento en que ves con tus propios ojos cómo un indio de unos 57 años tiene que llamar a la azafata del avión para que le explique cómo funciona el toilet, no sabes si reír o replantearte tu vida.

Es la misma sensación que tienes cuando ves que en Delhi, en las únicas escaleras mecánicas que hay, dentro de la estación, hombres adultos pasan sus ratos libres intentando dar el gran paso y subir, mientras sus amigos los animan, esperando su turno.

Aquí las escaleras mecánicas sólo se empiezan a ver en grandes centros comerciales de estilo western. Y los ascensores no son de alta gama. Más bien son montacargas. Tienen dos rejas (una dentro del ascensor y otra en cada planta) que si dejas abiertas más de 6 segundos pitan como una alarma de incendios. Pero lo importante es que haya ascensor, porque en el 80% de hoteles en los que me he alojado no había.

Lo que sí que había era fauna. Lagartijas, culebritas, cucarachas, ratones… Evidentemente estoy yendo de mochilera y no al Seraton, pero es lo que hay.

Y la comida callejera, si, está buena, pero hace unos días me di cuenta de que los cacharros no los friegan, hay un niño que según acabas, mete tu plato en un cubo con agua sucia y a continuación lo aclara en otro con agua un poco menos sucia.

Lo que no te mata te hace más fuerte.

Espero no haberos puesto muy mal cuerpo, prometo que mis próximas entradas serán más agradables.

Hay cosas que el dinero no puede comprar…

noviembre 16, 2009

8 de Noviembre de 2009

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Vuelo a Pune – Delhi: 9.850 rupias

Tren Delhi – Agra: 210 rupias

Entrada al Taj Mahal: 750 rupias

Hotel en Agra: 600 rupias

Compartir las vistas al Taj de la habitación con un pequeño roedor no tiene precio,

Para todo lo demás; Mastercard

Taj Mahal

noviembre 13, 2009

7 de Noviembre de 2009

Alguien dijo hace mucho tiempo que es una lágrima en el rostro de la eternidad.

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Quien fuese se quedó corto. No tiene sentido intentar describirlo, hay que verlo.