Archive for the ‘Transportes’ Category

Incredible India!

agosto 12, 2010

12 de Agosto de 2010

Hace un año llegaba a la India, yo con mi maleta rosa, sin tener la más remota idea acerca de lo que me esperaba.

Hoy también se cumple un mes de la fecha de mi regreso a España, así que ha llegado el momento de hacer balance y cerrar capítulo.

Dicen que la India te cambia. Yo no fui allí con esa intención, no lo encaré de forma espiritual, como tantos occidentales que llegan al país buscando la iluminación, ni tampoco me fui en plan hippie a tirarme en las playas de Goa y mantenerme haciendo pulseritas. Tampoco es que fuese con la intención de estudiar mucho marketing, pero si que me fui a aprender… aunque sin saber muy bien el qué.

Y aprendí. Muchísimo. Desde cómo comer con las manos a cómo comportarse en un templo. Aprendí a conducir una moto en el caos absoluto, a cantar el himno nacional al inicio de cada evento o película, a tener paciencia, a improvisar, a olvidarme de la agenda, a depender de la gente y a pedir ayuda, y a aceptarla incluso cuando creía no necesitarla. Aprendí lo complicada que es una sociedad dividida en castas y con unas tradiciones tan arraigadas, y lo complicado que es un sistema político basado en la corrupción y en los lazos de sangre. Me dí cuenta de lo importantes que son cosas tan básicas como el agua o la luz, y lo absurdo de la importancia que la sociedad da al tono de piel. Aprendí el poder que tiene el cine en una sociedad tan desigual, y lo hipocresía del amor bollywodiense en un país dónde los padres compran a sus hijos mujeres con la ayuda de los anuncios en el suplemento del periódico. Aprendí lo afortunada que soy por ser una mujer nacida en un país dónde mi único deber en la vida no sea encontrar un buen marido antes de los 25 y darle muchos hijos, a poder ser varones, y lo afortunada que soy por poder decidir cada mañana lo que me pongo, sin que una minifalda y unos tacones me conviertan automáticamente en una prostituta. Aprendí que no hace falta ser un niño para poder jugar, ni ser adulto para trabajar.

Aprendí a apreciar la India tal y cómo es, con sus contrastes y sus mezclas agridulces. Con sus millones de dioses, de sabores, de colores y de olores. Con el polvo y las lentejuelas, con los palacios de maharajaes y puestos callejeros de pani puri, con viajes en trenes locales y en motos de 250.

Y la última noche, en Mumbai, Utsav me preguntó qué había sido lo mejor de la India. Y la respuesta es muy sencilla. Podría haber dicho el Taj Mahal, el olor a jazmín de Mysore, los anacardos de Goa, los cánticos del Templo Dorado, los abdominales de Sahid Kapoor, el tigre blanco o los lagos de Bhopal. O quizás el Cad-B, o el helado de Gulkan, la puesta de sol en Pondichery, las sedas que me han hecho perder la cabeza, el masala chai, las cascadas de Lonavla durante el monzón, la brisa nocturna en Marine Drive, los cosmopolitans de Malaka Spice, las fresas de Mahabaleshbar, los bailes indios o conducir sin casco con la melena al viento. Pero no, lo mejor de la India es la gente, todos esos amigos que me han cogido de la mano para cruzar la calle, que me han llevado a descubrir la comida que sabrían que me gustaría, los que me han protegido del sol, me han hecho divertirme “como los indios”, han cuidado de mí cuando he caído enferma o de la moto, han cruzado medio país para despedirse o para comer conmigo, los que me han explicado con infinita paciencia cada tradición, mito o costumbre que mi mente europea no lograba digerir, los que han estado en todo momento, cuando los necesitaba y cuando creía que no, cuando estaba mal y cuando estaba bien. Ellos han sido lo que me han hecho quedarme en la India todo el año en vez de sacar el billete de vuelta al primer desencanto. Y en especial el que hacía la pregunta. Pero no sólo los amigos son parte de esa gente, si no todas esas personas que sin conocerme de nada, desde camareros a vendedores, recepcionistas o niños que cruzaban la calle, y muchos de ellos siendo tan pobres como para no tener zapatos, me han dado lo mejor que tenían; su sonrisa.

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Namaste India

julio 9, 2010

09 de Julio de 2010

Ya es oficial; No puedo cerrar las maletas.

Estoy esperando a Archana para ir a la GPO por última vez y mandar otra caja con todo el exceso de equipaje.

Ayer tuve cena de despedida, con regalos entrañables.

Y hoy me toca esperar. Esperar a Archana. Esperar al coche que me llevará a Mumbai. Esperar a que Utsav salga de trabajar. Esperar a que se haga la hora de la despedida. Esperar a facturar, a pasar controles, a embarcar…

Desayunaré en París. Suena muy romántico, verdad? Un “café au lait” con un “pain au chocolate”, vistas a la Torre Eiffel y un violinista tocando “La vie en rose”… Luego no lo será tanto; llegaré sin haber pegado ojo, cargada de equipaje como una mula, no tendré ni hambre, igual el vuelo va con retraso y ni es la hora del desayuno… pero en fín… siempre nos quedará París.

La boda de Onu

mayo 28, 2010

28 de Mayo de 2010

He tardado dos horas (en bus) en llegar a la oficina de Utsav, hemos ido a recoger mi sari a su casa (me dejé allí algo de equipaje), Frooti de mango para matar el calor y despedida (una vez más, ya lo sé, cada vez que nos separamos es un drama, y esta vez no sé si lo volveré a ver, o al menos no dentro de poco, en caso que tenga que estar en España en 2 semanas).

Otra hora de vuelta, esta vez en Rickshaw, que aquí te intentan cobrar aún más que en Pune. Jan vuelve de visitar a unos amigos, comemos rápido y volvemos al hotel.

Y aquí es dónde empieza el reto. El sari y yo. Yo y el sari. Seis metros de tela, una blusa, un petticoat y muchos imperdibles. Pliegue va, pliegue viene, imperdibles, una vuelta por aquí, otro pliegue por allá, más imperdibles,… después de todo es un montón de tela enrollada al cuerpo, y yo no me voy a arriesgar a quedarme en enaguas! Y además, todas las indias se cargan de imperdibles, si no es imposible moverse con esa soltura.

Parece que lo supero. Maquillaje, bangles, bindi, joyas, jazmín en el pelo y lista. Coge la mochilla de Quicksilver (como a un santo dos pistolas) y súbete al rickshaw. Porque aunque parezca un modelo digno de limousine, o de carroza tirada por caballos, aquí lo auténtico es el 3-ruedas negro y amarillo.

Hoy se casa Onu, nuestra amiga finlandesa, con su novio indio musulmán. Todo un encuentro cultural, y un alivio ver cómo esta sociedad se empieza a modernizar y acepta un matrimonio de tal índole.

Al llegar a la mezquita Jan y yo nos separamos, porque aquí hombres y mujeres no pueden juntarse. Yo me quedo con la madre de Onu (ambas con la cabeza cubierta) y a los minutos aparece ella rodeada por las mujeres de su nueva familia política y cubierta de velos que le impiden ver lo que se cuece. Y digo “cuece” porque a estas temperaturas y bajo todas esas capas de poliéster es lo que los cuerpos experimentan.

Todas subimos por la parte de atrás a lo que sería el equivalente al lugar del coro en una iglesia, mientras que los hombres se encuentran en la parte de abajo con el equivalente al cura.

Comienzan los rituales; primero le airean el Corán en la cara, luego encienden un par de cirios y a continuación cada una de las mujeres casadas frota dos piedras sobre la cabeza de mi amiga, unos cinco minutos cada una. Y de vez en cuanto cantan algo.

Onu se supone que mientras tanto tiene que ir leyendo páginas del Corán. Después sube el cura y le hace una especie de entrevista, en la que ella tiene que aceptar el Islam como su nueva religión y aceptar casarse con el chico a cambio de una cantidad (algo así como catorce mil rupias) que recibirá en cualquier momento de su vida. Dicho esto hija y madre firman un contrato y el cura se va.

Las tías tiran una bandeja de frutos secos y piedras sobre la cabeza de la novia y el resto las reparten entre las asistentes (unas 10 mujeres). A continuación el novio sube cubierto de flores de jazmín y otros elementos decorativos, pone su mano sobre la cabeza de la novia y dice algún rezo.

Tras unas cuantas fotos, ambos bajan a otra pequeña habitación seguidos por las mujeres. A Onu también la cubren de flores y otra vez le ponen los velos, y los dos, de rodillas en el suelo se agarran y se inclinan unas cuantas veces a tocar el suelo con la frente mientras el resto dice algún ¿salmo? … que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, Señor.

Ya son marido y mujer, los asistentes les damos la enhorabuena (Onu sigue sin ver nada y con cientos de flores colgando de su cabeza). Todos vamos a casa del novio a hacer más fotos y después se les deja solos una hora, para que consumen el matrimonio.

Mientras, los invitados acuden al salón de bodas, dónde tendrá lugar otra celebración, esta vez con Onu vestida con su ghagra choli, maquillaje, joyas y demás, y a continuación la cena típica; arroz con carne.

Jan y yo cenamos rápido y nos perdemos la celebración, porque tenemos que coger un bus a Pondichery. Una vez en la estación Mr. Indeciso vuelve a llamar, que todavía no sabe si venirse a Pondy o no, a media hora de que salga el bus, él es así. En verdad lo hace para quitarle hierro a la despedida de esta mañana.

Así que aquí estamos, Jan y yo, continuando nuestra luna de miel.

Udaipur – Delhi

abril 14, 2010

14 de Abril de 2010

Madrugón para coger un vuelo a Delhi. Aquí solo hay una terminal, así que no hay lugar para la confusión. Nos despedimos del Gran Guerrero, y de los grandes éxitos de música rajastaní.

A la llegada a Delhi, como lo de los tuc-tuc no es lo que más les ha gustado de la India, alquilamos un coche para los dos días que nos quedan. Volvemos al hotel Amber, donde el personal nos espera tan amables como siempre, nos damos una ducha rápida y vuelta al coche.

El primer destino es el Lotus Temple (al cual ya fuimos el segundo día en Delhi, pero estaba cerrado). El edificio es una maravilla arquitectónica, y queda estupendo ahí plantado entre tanto césped, eso sí, ni una sombra. Los últimos metros que andas sin zapatos es como los penitentes que caminan sobre las ascuas…

Tras este golpe de calor pedimos a nuestro nuevo conductor (aparentemente normal hasta que habla por teléfono… para mí que por las noches trabaja en una línea erótica) que nos lleve a comer al Hard Rock. Y el hombre se hace el loco, que no sabe dónde está eso, pero que si queremos nos lleva a un restaurante estupendo. Le decimos que no, que le damos la dirección y llamamos al Hard Rock a que le expliquen exactamente cómo llegar. Viendo que tenemos bien claro dónde vamos a comer, se desenmascara y hace el último intento (con su voz de línea erótica):

–       Si tienen diez minutos paramos en otro restaurante porque así a mi me dan un cupón y ustedes sólo tienen que entrar y salir.

–       Pues va a ser que no. Que estamos muertos de hambre y de cansancio y que si salimos del coche va a ser única y exclusivamente porque veamos la señal de Hard Rock en neón brillando en la fachada del centro comercial al que nos va a llevar usted rapidito. (Yo también pongo mi voz de telefonista de Telefónica, de esas super amables)

El lugar en cuestión es un complejo de tres centros comerciales con todas las firmas internacionales y alguna nativa. Y por fin llegamos a nuestro destino:

Sofás de piel, aire acondicionado, Guns “n” Roses sonando de fondo mientras en las pantallas Axl Rose se refrota contra el pie de micro, y el olor inconfundible de los nachos y la carne de ternera! Todo acompañado por mojitos, invita la casa.

Tras este rato en la burbuja, a papá lo dejamos en el hotel y mamá y yo nos vamos a Main Bazar, porque yo creo que esa calle hay que recorrerla una vez en la vida. El driver otra vez intenta liarnos y llevarnos a otros bazares, pero yo me pongo farruquita y le doy instrucciones muy concretas. Por fin llegamos, tras la vuelta que nos mete por intentar llevarnos a otra cooperativa, y dice que 20 rupias para el parking. Menudo caradura, si aquí no hay parking, y en caso de haberlo serían 10 rupias, pero bueno… por no discutir…

La calle, que cuando fuimos María y yo en noviembre ya era digna de una película de Hitchcock, se ha superado a si misma, porque ahora está en plena demolición, así que si hace unos meses casi morimos de asfixia, lo de ahora es para vivirlo, a poder ser con mascarillas. Los olores y toxinas que desprenden los montones de basura a ambos lados del callejón se mezclan con los escombros cayendo como una tormenta de arena desde cada edificio. Pero a nadie parece importarle; el tráfico de rickshaws, bicis, motos, vacas, perros y carretillas es el mismo de siempre. Los locales cuelgan los saris y vestidos en la calle como si aquello fuese el paseo marítimo de Cullera. Y la gente pasea por allí como si se tratase de la quinta avenida (he de decir que esta calle ni siquiera está asfaltada, lo de la acera es impensable).

Pero aún así, en ningún sitio hay tanta variedad ni mejores precios que aquí, así que las dos nos cubrimos la cabeza entera con la dupatta, dejando al descubierto los ojos, compramos una botella de Bisleri para no morir deshidratadas y ahogadas por el polvo, y nos adentramos en aquella calle, cual concursantes del Grand Prix (solo faltaba Ramón García haciendo los comentarios: “el equipo amarillo entra en el primer local, elige tres vestidos, les sacuden el polvo, regatean, el vendedor del equipo azul no quiere bajar el precio, las concursantes del equipo amarillo regatean más, vestidos conseguidos, y corriendo al local de los pañuelos de seda. Salen del local con 20, la vaquilla las persigue pero consiguen resguardarse en el local de los kurtis…, finalmente corren con las bolsas a la salida, compran una maleta y corren hacia el coche).

Y vuelta al hotel, porque aquí el amigo dice que aunque el coche lo hemos pagado  hasta las 8, él necesita 45 minutos para llegar a su oficina (o call center), así que a las 7 se nos acaba el viaje. Y encima al dejarnos nos pide propina. Los hay con poca vergüenza!

Ya solo nos queda enjuagar todo lo que hemos comprado, porque tendría gracia llevarse a casa 3 kilos extra de polvo!

P.S. Muchas felicidades Rachel!

Amritsar – Delhi – Agra

abril 6, 2010

6 de Abril de 2010

Segunda baja; Papá se puso malo anoche, así que se queda en el hotel a suero.

Mamá y yo cogemos un coche del hotel, con el chofer de blanco inmaculado y nos vamos al Golden Temple, a mí casi me gusta más de día, aunque hace un sol de justicia. Aquí, como es una gurudwara a lo grande, tienen montado un comedor inmenso para todo el que quiera. Nos asomamos sólo por curiosidad, que no está el tema como para hacer experimentos.

Después damos una vuelta por el bazar, a hacer algo de shopping, parada en CCD incluida (para pasar al toilet). Y de vuelta otro tuc-tuc, sin amortiguadores. Los riñones de mi madre quedan hechos papilla.

El personal del hotel encantador, ofreciéndonos un médico o lo que necesitemos. Y por lo visto el chofer se quedo por la mañana esperándonos (nadie nos dijo que el servicio era ida y vuelta), y sigue a las afueras del templo, juas!

Volvemos al aeropuerto para volar a Delhi. Se habla de la picaresca española, pero la india no tiene nada que envidiarle, el ejemplo más descarado lo tenemos aquí. Cómo las empresas saben como se las gastan los indios, a todo le ponen el precio en el envase, para evitar los precios abusivos. En el caso de las bebidas te pueden cobrar una rupia más si está fría. Y en Amritsar la ciudad entera está empapelada por Coca-Cola: “330ml for only Rs.13” (330ml por solo 13 rupias), pues en el aeropuerto, para evitar la deshidratación de mis progenitores yo voy toda feliz a por un par de cocacolas con 30 rupias en la mano. Y el del chiringuito me dice que 100! Y lo mejor es que en la franja amarilla donde pone el precio lo han tapado con pintura del mismo color, que aún está fresca. Pero ley de la oferta y la demanda, o pago las 100 rupias o se me mueren de sed…

Por fin (tras el retraso típico de Kingfisher) llegamos a Delhi, donde nuestro chofer Mahaveer (gran guerrero) nos espera tras haber recogido nuestro equipaje del hotel. Y salimos hacia Agra.

Al conductor lo tienen adiestrado para llevar a europeos, así que nos obliga a ponernos el cinturón, no pasa de 60km/h y cada vez que le suena el móvil se para a hablar en la cuneta!

Tras 5 horas de viaje (a la media de crucero que llevamos es lo mínimo) llegamos de noche a Agra, y cruzamos el Ganj (que mis padres se pensaban que era una ciudad de cuento) en su momento mas tétrico; estrechas calles de tierra absolutamente desiertas, casas pequeñas y amontonadas con 4 palos y un saco a modo de toldo/portal, montones de basura en cada puerta custodiados por monos y perros mutilados y todo ello aderezado con la tenue luz de alguna bombilla que chisporrotea a la entrada de una casa y la densa niebla (o polución).

El hotel Clarks Shiraz está en la mejor sección de la Lonely Planet, junto con el Taj, el Oberoi y el Sheraton, es supuestamente el primer hotel de 5 estrellas de la ciudad. Y yo no dudo que cuando lo inaugurasen hace 20 años fuera excelente, pero sigue tal cual. Es como alojarse en el Hotel California, un hall enorme estilo remordimiento y habitaciones sin ningún tipo de salero en la decoración, los baños necesitan una reforma urgente y las colchas más les valdría hacer una fogata con ellas (por lo feas que son y por la mierda que tienen encima tras 20 años sin lavarse), el minibar no sabe lo que es una bayeta, el de mis padres está vacío y en el mío hay un par de latas de cerveza que debieron olvidarse uno turistas alemanes entrados en años, de los que se pasean por el país con chanclas y calcetines y sombreros de paja que cubren sus caras torradas por el sol el día anterior. Mi habitación tiene moqueta y el grifo de la ducha es monomando, la de mis padres tiene suelo de gres y la ducha es indescriptible. Y, aunque da la sensación de que lo vayan a demoler la semana que viene, cada vez que entramos o salimos de la habitación el pasillo está lleno. Y no podemos dormir por el ruido de algún compresor.

Delhi – Amritsar

abril 5, 2010

5 de Abril de 2010

Nuestro vuelo a Amritsar en principio era a las 14:20, pero hace una semana Kingfisher Airlines llamó para retrasarlo una hora, y esta mañana han llamado a retrasarlo otra más, así que como tenemos tiempo nos vamos de excursión a Qutb Minar.

La torre se construyó para proclamar la llegada del Islam a la India, y está en un complejo lleno de arquitectura afgana, en el que también se encuentra lo que queda de la primera mezquita que se construyó en el país. El lugar es bastante tranquilo porque está situado a las afueras de la ciudad. La audioguía es muy graciosa (disponible en Castellano); una niña va contando la historia del lugar con ayuda de un señor mayor.

Cogemos otro tuc-tuc al aeropuerto. El estúpido del conductor, en vez de coger la autopista directa a la salida de Qutb Minar, decide callejear (sin sentido, puesto que el precio estaba cerrado). Cada día odio más a los conductores de rickshaw, y mira que yo nunca he sido de odiar a nadie. Para rematar la jugada, en el carril opuesto se ha quedado atascado un camión, bloqueando la carretera entera unos 5 Km, y por supuesto todos los vehículos de ese sentido ahora se meten por el nuestro, haciendo imposible la circulación. Nosotros 3 cabemos justos en el tuc-tuc, lo que con el calor y la polución se hace incómodo, pero a esto le sumas el atasco y los pitidos (a los que mis progenitores no están acostumbrados) y acaba con cualquiera, así que viendo que se me deshidratan no me queda otra que bajarme a por Bisleri bien fría en cuanto veo una tienda.

Tras la agonía llegamos al Aeropuerto Internacional Indira Ghandi, el que pone en nuestros billetes, y nos dicen que allí no es, que tenemos que ir al Doméstico.

– Ya, pero es que en los billetes pone Aeropuerto Internacional, Terminal 1.

– Lo siento señorita, pero es que la terminal 1 es el Doméstico, que también se llama Aeropuerto Internacional Indira Ghandi.

– Me está diciendo en serio que al internacional y al doméstico les han puesto el mismo nombre, incluyendo el adjetivo “International”.

– Si señorita.

Sin más. La otra terminal está a 5 km, en tuc-tuc. Y encima el conductor quiere 100 rupias extra. Pero bueno, mientras llaman de Kingfisher otra vez, que han retrasado el vuelo una hora más. Ya van 3.

Por fin llegamos a la terminal correcta. La señorita de Kingfisher dice que de indemnización naranjas de la china. Que no sabe a que hora va a salir el vuelo, pero que hoy sale seguro. Y que es un problema técnico, que lo están solucionando. Lo siento, pero no me lo trago, cómo van a llevar solucionándolo desde hace una semana??? Y la única opción que me da es que no volemos y me devuelve el importe íntegro.

Será inútil! Y perder mis diás en Amritsar! Y quien me devuelve el dinero del hotel de allí? Y esta noche dónde dormimos? Si es que una empresa que se dedica a hacer cerveza no puede abrir una línea aérea!

Decidimos hacer el check-in, porque tampoco teníamos muchas más opciones, y esperar… A mí me siguen llegando mensajes al móvil cada media hora de nuevos retrasos. Lo único que hacen para calmarnos es mandarnos a merendar a una cafetería, con menú cerrado: sándwich de curry. Mis padres no se lo tiraron a la cabeza a Vijay Mallya porque no lo tenían delante.

Finalmente despegamos a las 19:30, en una avioneta de menos de 100 plazas que no llegaba a tener un 25% de ocupación. Es decir, como no tenían pasajeros suficientes juntaron todos los vuelos del día en el último.

Llagamos a Amritsar. Directos al Golden Temple, que por algo íbamos sin equipaje. Antes de entrar dejas los zapatos en consigna, te enjuagas los pies y te tapas la cabeza. En el caso de las mujeres con el sari o la dupatta, los hombres llevan turbante, y para los turistas tienen pañoletas naranjas, muy poco glamorosas, pero para echarse unas risas están estupendas! El templo maravilloso, y el refulgir reflejado en el agua por la noche una maravilla. Además llegamos justo a tiempo para ver la ceremonia en la que ponen al libro a dormir (todo este ritual ya lo expliqué: https://sugarlane.wordpress.com/2010/03/25/ ), a mi me cogió uno de los encargados, muy amables, y me metió detrás del altar para recibir la bendición del libro, porque allí los fieles pierden cualquier noción de educación que tengan y se meten en el templo a codazos y empujones, saltando por encima de ti si es necesario, para no perderse los cánticos del final, y después lo sacan en procesión (cual San Bartolomé) sólo los hombres por la pasarela sobre el agua hasta otro de los edificios dónde lo acuestan.

El hotel Ista magnífico; el edificio muy bien decorado, el personal impoluto, todas ellas con su sari formal, los labios rojos y una flor en el pelo. Todo muy zen. Las habitaciones extraordinarias y el sushi del restaurante muy bueno (yo es que llevaba con antojo de sushi meses).

Comienza el viaje: Pune-Delhi

abril 4, 2010

4 de Abril de 2010

El día ha empezado bien; Rohit, Shirish y Abhishek han venido a desayunar y después me han llevado al aeropuerto de Pune, en el que han podido entrar con un ticket de visitantes para despedirme. (Normalmente a los aeropuertos indios sólo pueden acceder los pasajeros, pero aquí puedes comprar un pase y acceder a una mini sala de espera)

Llegada a Delhi. El calor es tal que cada poro de mi cuerpo se dilata y me inflo como un globo (esas es la sensación de camino al hotel). Papá y Mamá están esperando en el hotel The Amber, y yo tras saludarlos después de tanto tiempo me quedo embobada observando la habitación y el baño (ha sido parecido a ver la sección de jamones de Carrefour estas navidades).  Acostumbrada a los hostales de mala muerte indios esto es el paraíso; un colchón de 30cm de grosor, mobiliario de diseño, saneamientos ultramodernos, pantalla de plasma, minibar, toallas blancas de anuncio de Ariel, ducha con agua caliente y presión… Cualquiera se pensará que no he salido de una aldea en mi vida…

Tras una ducha rápida hemos bajado a comer; paneer masala y raita. Creo que lo de la comida india no va a ser la mejor idea con mis padres. Por lo menos el Frooti de mango les ha gustado, que no se deshidraten.

Cuando baja el calor cogemos un tuc-tuc (hasta ahora conocido como rickshaw) y nos cruzamos la ciudad para ir al Templo de Lakshmi (Birla Mandir). La familia Birla es uno de los grupos de negocios más potentes del país; tienen hospitales, colegios universitarios, grupos de telecomunicaciones, templos, una firma de automóviles y mucho más.

El templo es bastante grande, tienen una habitación aparte para que los extranjeros dejen sus zapatos y consigna para cámaras y teléfonos, q no están permitidos.

Después otro tuc-tuc a Connaught place (“conejius place” según mi madre), el nucleo de la ciudad. Que, como todo lo demás, está en obras. Igual dentro de 10 años, si acaban de restaurar esas fachadas coloniales y construyen aceras de verdad, será un lugar entrañable. Cena en un restaurante chino, lo del pani-puri lo vamos a dejar correr…

Y vuelta al hotel en tuc-tuc. Yo, fíjate, sigo sin verle el encanto a esta ciudad.

Ellora Caves

diciembre 9, 2009

7 de Diciembre de 2009

Qué dura es la vida del turista!

Las cuevas de Ellora son bastante mejores que las de Ajanta. Hemos ido en bus, y de camino hemos visto el fuerte de Daulatabad. La vuelta en un jeep compartido, 20 personas dentro y 2 colgando de la puerta trasera. Todo un milagro teniendo en cuenta las 7 plazas del jeep.

Después hemos visitado Bibi ka Maqbara, el Taj Mahal de los pobres. Aurangzeb, el hijo de Shah Jahan (emperador que construyó el Taj Mahal), lo mando construir para enterrar a su esposa. El hombre no me cae demasiado bien; al nacer él murió su madre, Mumtaz Mahal, creando la desgracia de su padre. Luego el niño va y encierra al padre para hacerse con el imperio, dejándole sólo una ventana en el Red Fort por la que ver el Taj. Y no contento con eso, plagia la gran obra de su padre, a menor escala y en vez de en mármol lo hace en escayola, cubriendo los muros más importantes de mármol para que parezca mejor. Una chapuza.

Para rematar el viaje mi compañera la ha liao muy parda en el hotel, así que no hemos acabado en comisaría de milagro. Una y no más, Santo Tomás. Hay que tener mucho cuidado al elegir con quién se viaja.

Felizmente al llegar a Pune me ha recogido de la estación Saurabh y me ha llevado a cenar mi paratha preferida. Nada como tener buenos amigos!

Pakora en el dabha

diciembre 8, 2009

5 de Diciembre de 2009

El viaje de Pune a Aurangabad es toda una experiencia.

Autobús público, sin aire acondicionado (pero con ventanas). 235 Km en 6 horas y media.

Es muy entretenido porque en cada parada (incluido el peaje) se arremolinan alrededor del bus un montón de vendedores que te facilitan todo tipo de sustento para el trayecto; bebidas, galletas, patatas, frutos secos, revistas pirata (si, aquí piratean hasta el Vogue), fruta, sándwiches indios… Algunos entran al bus, y el resto te lo venden por la ventanilla gritando bien claro lo que tienen.

Llega un momento en que el bus va lleno y tu crees que no va a parar en ningún otro pueblo, pero no, porque los indios son muchos, así que se aprietan lo que haga falta para caber y llegar a su destino. Lo que implica el doble de la capacidad del bus de pie en el pasillo. Todo un reto para el cobrador de billetes, que cada vez que el conductor arranca, tiene que pasearse por el túnel de obstáculos cobrando a los viajeros recién incorporados.

Y a mitad de camino hay un break, supuestamente para comer algo, pero dado que vas comiendo todo el trayecto (por eso de probar cosas nuevas), el descanso es más que nada para ir al baño. Y tomar un chai. Y picar algo (pakora).

Aquí no se para en áreas de servicio tipo Medas o La Pausa, lo auténtico es parar en un dabha, que en origen eran cobertizos a los lados de las grandes carreteras en los que los camioneros paraban a descansar y tomar algo, y hoy en día se han sofisticado un poco más y atienden a todos los viajeros.

Yo he disfrutado el viaje, aunque no puedo decir lo mismo de mi compañera. Me parece que a todos los europeos no les gusta tanto hacer el indio como a mí.

Delhi

noviembre 13, 2009

6 de Noviembre de 2009

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El driver se ha perdido esta mañana para llevarnos al aeropuerto.

Nuestra reserva online no estaba confirmada, así que una vez allí nos han dicho que no teníamos billetes a Delhi.

Por fin llegamos a Delhi. El driver nos deja en Main Bazaar, la calle de India que peor huele y a la que se accede tras pasar unos arcos de seguridad con un estricto control policial.

El hotel al que íbamos estaba completo.

En la estación de tren nos han timado diciendo que los tickets a Agra había que sacarlos en una agencia del Gobierno.

El rickshaw nos ha vuelto a timar llevándonos a otra agencia.

Los trenes a Agra estaban completos. Nos intentan alquilar un coche por 8.000 rupias.

Encontramos la supuesta agencia del Gobierno.

Los trenes a Agra están completos. Nos intentan alquilar un coche por 4.400 rupias.

Volvemos a la estación de tren. A la oficina de turistas extranjeros. Quedan pocas plazas libres, pero algo se puede hacer.

Cuando vamos a pagar, el de la oficina ve mi visa de estudiante y dice que no puedo comprar los tickets allí, que soy ciudadana India, así que tengo que ir a la taquilla normal. Finalmente el hombre resuelve. Eso sí, tenemos que pagar más porque el tren en el que quedan plazas para los indios es más caro.

Esto a mi no me ha quedado muy claro, pero con tal de salir de esta ciudad hostil y llegar a Agra, pago lo que sea. Como si tengo que comprar el tren.

Agotadas volvemos a la calle de los olores buscando algún sitio para cenar. Por supuesto lleno de hippies (que digo yo, con lo bien que se está en Goa, qué hacen todos amontonados en esta calle sin encanto?)

Y ahora a dormir, que tenemos que estar en la estación a las 5:00 am.

Muy bonito Delhi. (en tono irónico)