Archive for the ‘Sobre 2 ruedas’ Category

Incredible India!

agosto 12, 2010

12 de Agosto de 2010

Hace un año llegaba a la India, yo con mi maleta rosa, sin tener la más remota idea acerca de lo que me esperaba.

Hoy también se cumple un mes de la fecha de mi regreso a España, así que ha llegado el momento de hacer balance y cerrar capítulo.

Dicen que la India te cambia. Yo no fui allí con esa intención, no lo encaré de forma espiritual, como tantos occidentales que llegan al país buscando la iluminación, ni tampoco me fui en plan hippie a tirarme en las playas de Goa y mantenerme haciendo pulseritas. Tampoco es que fuese con la intención de estudiar mucho marketing, pero si que me fui a aprender… aunque sin saber muy bien el qué.

Y aprendí. Muchísimo. Desde cómo comer con las manos a cómo comportarse en un templo. Aprendí a conducir una moto en el caos absoluto, a cantar el himno nacional al inicio de cada evento o película, a tener paciencia, a improvisar, a olvidarme de la agenda, a depender de la gente y a pedir ayuda, y a aceptarla incluso cuando creía no necesitarla. Aprendí lo complicada que es una sociedad dividida en castas y con unas tradiciones tan arraigadas, y lo complicado que es un sistema político basado en la corrupción y en los lazos de sangre. Me dí cuenta de lo importantes que son cosas tan básicas como el agua o la luz, y lo absurdo de la importancia que la sociedad da al tono de piel. Aprendí el poder que tiene el cine en una sociedad tan desigual, y lo hipocresía del amor bollywodiense en un país dónde los padres compran a sus hijos mujeres con la ayuda de los anuncios en el suplemento del periódico. Aprendí lo afortunada que soy por ser una mujer nacida en un país dónde mi único deber en la vida no sea encontrar un buen marido antes de los 25 y darle muchos hijos, a poder ser varones, y lo afortunada que soy por poder decidir cada mañana lo que me pongo, sin que una minifalda y unos tacones me conviertan automáticamente en una prostituta. Aprendí que no hace falta ser un niño para poder jugar, ni ser adulto para trabajar.

Aprendí a apreciar la India tal y cómo es, con sus contrastes y sus mezclas agridulces. Con sus millones de dioses, de sabores, de colores y de olores. Con el polvo y las lentejuelas, con los palacios de maharajaes y puestos callejeros de pani puri, con viajes en trenes locales y en motos de 250.

Y la última noche, en Mumbai, Utsav me preguntó qué había sido lo mejor de la India. Y la respuesta es muy sencilla. Podría haber dicho el Taj Mahal, el olor a jazmín de Mysore, los anacardos de Goa, los cánticos del Templo Dorado, los abdominales de Sahid Kapoor, el tigre blanco o los lagos de Bhopal. O quizás el Cad-B, o el helado de Gulkan, la puesta de sol en Pondichery, las sedas que me han hecho perder la cabeza, el masala chai, las cascadas de Lonavla durante el monzón, la brisa nocturna en Marine Drive, los cosmopolitans de Malaka Spice, las fresas de Mahabaleshbar, los bailes indios o conducir sin casco con la melena al viento. Pero no, lo mejor de la India es la gente, todos esos amigos que me han cogido de la mano para cruzar la calle, que me han llevado a descubrir la comida que sabrían que me gustaría, los que me han protegido del sol, me han hecho divertirme “como los indios”, han cuidado de mí cuando he caído enferma o de la moto, han cruzado medio país para despedirse o para comer conmigo, los que me han explicado con infinita paciencia cada tradición, mito o costumbre que mi mente europea no lograba digerir, los que han estado en todo momento, cuando los necesitaba y cuando creía que no, cuando estaba mal y cuando estaba bien. Ellos han sido lo que me han hecho quedarme en la India todo el año en vez de sacar el billete de vuelta al primer desencanto. Y en especial el que hacía la pregunta. Pero no sólo los amigos son parte de esa gente, si no todas esas personas que sin conocerme de nada, desde camareros a vendedores, recepcionistas o niños que cruzaban la calle, y muchos de ellos siendo tan pobres como para no tener zapatos, me han dado lo mejor que tenían; su sonrisa.

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Goodbye my lover

julio 5, 2010

5 de Julio de 2010

Se han llevado a la Pinky.

Esto se acaba.

Henrike no está, ni Jan, ni Utsav.

A Rohit ni le cojo el teléfono, la cosa no terminó bien.

No queda chocolate, ni anacardos, por no quedar no queda ni alcohol para ahogar las penas.

Ni rotis, ni gulkan. Ni maaza, ni pani puri.

Solo yo y un par de maletas vacías, esperando a que alguien las llene.

Hoy ni siquiera brilla el sol. Y tampoco llueve. Pero a nadie parece importarle.

I’m your cherry bomb

julio 4, 2010

4 de Julio de 2010

Ayer vino Utsav desde Bangalore (900 Km en bus indio). Ha venido para despedirse, así que disfrazamos el motivo haciendo todo lo que se nos pasó por la cabeza con tal de estar distraídos.

Bromas tontas que solo nosotros entendemos, una buena dosis de “Cherry Bomb”, pizza y tomaduras de pelo.

Después llegó Sourabh, accidentado, así que tuvimos que hacer de doctor y enfermera… con lo que me cuesta a mi no desplomarme cada vez que veo sangre…

Archana también se vino a pasar la tarde, pero a cenar no se quedó, porque para eso es como Manjula.

Y nada más irse a Sourabh se le ocurre una gran idea para eliminar las botellas de Absolut de mi cocina; bebérnoslo todo! Montamos altavoces, los grandes éxitos de Bollywood, palomitas, noodles y cocktails.

La cosa empezó con cosmopolitans, de ahí pasamos a mezclarlo con todo líquido que quedaba en mi nevera: maaza, slice, frooti, minute maid, sprite, limón… Y si, la idea fue un éxito. No quedó ni gota.

Cuando se hizo la hora del partido, fuimos a la carpa que han montado en Sayajit para ver la semifinal de España, pero al llegar nos dimos cuenta de que nos lo estábamos mejor en casa, así que volvimos a seguir bailando.

Esta mañana lo he llevado a coger el bus para Mumbai, se queda allí esta semana y así puede ir al aeropuerto el viernes. Ha sido el último paseo con la Pinky, mañana la entrego a su nueva dueña.

Así que aquí estoy, sin Utsav, casi sin Pinky, con una buena resaca y bebiéndome todo el Bisleri que me queda…

Bailando bajo la lluvia

junio 14, 2010

14 de Junio de 2010

Hay días en los que te empeñas en algo, y aunque el mundo entero se ponga en tu contra y todas las señales apunten a que es un error, como se te meta en la cabeza que lo consigues nadie te saca de ahí.

Yo hoy me he empeñado en ir al gym.

La mañana ha empezado mal. Porque cuando empiezas el día en el pasillo de Vashuda (Directora de relaciones internacionales de la Universidad de Pune) nada sale bien. Me han despachado rápido diciendo que tenían una reunión urgente (excusa preferida por todos los indios) y he salido de allí sin el certificado que necesito.

De ahí a MG Road, a comprar encargos varios, y al ir a pagar… tarjeta errónea… ya conocéis la historia… busca un cajero, no acepta tarjeta internacional, la policía se lleva la pinkie,… Esas cosas que solo a mí me pasan, una y otra vez… Vuelve a la tienda con la mitad en efectivo y la otra mitad a la visa (al final todo era un problema con el límite de la cantidad permitida por día…)

Llego a Aundh, a Reliance a recargar Internet, y están sin línea de teléfono (lo típico en una empresa de telecomunicaciones), así que no aceptan tarjeta. Busca otro cajero y vuelve con el cash a Reliance.

Parada en CCD a comer y a reponerme de la desastrosa mañana. Y de repente… truenos, relámpagos vendaval y… Llega el monzón!

Los canales de Venecia, las cataratas del Niágara, los deportes de agua de Goa, los lagos de Bhopal y más agua que en el Titanic. Todo eso y más lo tenemos hoy en Pune.

Y yo, que no sé dónde leí ayer que no hay que huir de la tormenta, si no bailar bajo la lluvia, me he decidido toda chula a salir de la cafetería, porque tenía que ir al gym, y quedarme en el sofá de CCD leyendo un libro bajo al aire acondicionado no me ha parecido bien.

Así que cojo la pinkie con todas las compras incluidas (colchas, pashminas, mantelerías, cojines, …) y tiro dirección Pimpri. Y a los 5 minutos cuando no veo ni por dónde voy y sigo a tientas las luces del coche de delante, me replanteo volver a CCD, pero no, total, solo es agua, y un poco de lluvia no va a cortarme a mí la marcha.

Sigue lloviendo a mala leche (si es que a eso se le puede decir llover, porque es como si hubiesen abierto la presa del cielo) pero ya no hay vuelta atrás, y hasta tiene su encanto; el aire fresco, el agua que limpia el asfalto, lo valiente que soy (o lo estúpida)…  de vez en cuando me adelanta algún coche lanzándome el agua sucia… eso no tiene tanta gracia, pero con la intensidad que llueve vuelvo a estar limpia rápido.

Y por fin, tras 15 Km llego a casa, suelto las compras y cojo la bolsa de deporte, total, si he llegado hasta aquí, puedo llegar a Solaris.

Y el guardia de seguridad se pone delante de la puerta y me dice;

–       Ma’am, rainy danger danger. You go home.

Pero yo me he empeñado en ir al gym, así que le digo;

–       Bahiya, rainy clean clean. I go gym.

Y sigo camino. Y con “camino” me refiero a camino de cabras. Ese lleno de baches, zanjas y socavones, que ahora son ríos, arroyos y lagunas. Y la lluvia aprieta más todavía (por imposible que parezca). Así que tras ver cómo todas las motos se resguardan en la cuneta bajo árboles y toldos me replanteo volver, pero quedaría muy mal con el de seguridad, así que yo sigo.

Sigo y cuando estoy a unos 20 m de Solaris, tengo que parar, porque la carretera es un pantano y el agua cubre unos 40 cm, así que no hay forma de llegar a mi destino, ni de volver con la que esta cayendo, aparco en G-Mart, dónde me conocen como the Cadbury Girl, y me resguardo contemplando el diluvio. Qué baile bajo la lluvia otro!

Y tras media hora calada hasta los huesos y viendo que no va a parar de llover a corto plazo, tramo un plan; enfrente de G-Mart hay un edificio en construcción (lo que dificulta la cosa más porque todo ese lado está levantado) y a la izquierda del edificio está mi objetivo. A la izquierda de éste está la entrada a una urbanización, cuyas casas son sospechosamente similares a las de la derecha del edificio en obras. Así que, si por casualidad todo es una urbanización conectada, sólo tengo que entrar por el lado derecho, rodear Solaris por detrás, y salir por el izquierdo, que da al parking de Solaris. El dueño de G-Mart me confirma que la urbanización está conectada, y me desea suerte, así que vuelvo a coger la pinkie y me aventuro.

Si Jhansi ki Rani se ató a su bebé a la espalda, se subió a su caballo y salió de su fuerte para luchar contra los británicos, yo no voy a ser menos!

Entro en la urbanización, callejeo un poco y llego a la avenida deseada, avanzo, avanzo y cuando me quiero dar cuenta el agua me llega a los tobillos. Se ha formado una balsa en la salida de la urbanización y lo único que queda a flote es la puerta de entrada y la caseta del vigilante. Pero ya que estoy aquí yo sigo, porque una vez salga, según mis cálculos, a dos metros tengo el parking.

Pues no, mis cálculos son erróneos, y tras la puerta hay una zanja de metro y medio de ancho convertida en río y al otro lado del río está el lago que empezaba frente a G-Mart. Aunque no hubiese llovido sería imposible salir de la urbanización en moto por la zanja, así que le chapurreo algo en hindi al vigilante acompañándolo con el vacile de cabeza y le doy a entender que la moto se queda aparcada en la caseta. El pobre se apiada de mí y me da permiso, y yo me asomo a la salida a ver cómo llego al parking, pero no hay forma, así que tras un estudio de la situación decido saltar la tapia que separa la urbanización del parking, ante la mirada atónita del vigilante, los vecinos y todos los refugiados bajo el tejadillo de Solaris. Subo al muro con bolsa de deporte incluida (hay que ver lo incómodos que son los Levi´s en remojo) y salto al parking, que es el único suelo seco en un km a la redonda. Cuando tras subir 2 pisos he entrado en la recepción los monitores me han dado un aplauso.

Me seco, me cambio y entro en la sala de máquinas, que nunca estuvo tan desierta. Comienzo el programa del día, esperando que cese la lluvia, pero no, cada vez los truenos son más fuertes. Se va la luz, pero yo sigo a lo mío. Me asomo por la ventana entre set y set para controlar que a la pinkie no se la lleve la corriente. El nivel de agua sigue subiendo. Bueno, igual podemos quedarnos todos (lo que implica 8 trainers  y yo) a dormir aquí, sobre las colchonetas de yoga… casi que no.

Acabo la sesión y pienso en esperar un rato, pero la cosa no parece tener fin, así que me enfundo en los Levi’s tras escurrirlos un poco y bajo las escaleras. Otra vez el parking, otra vez el muro, pero ahora el agua llega a la caseta del vigilante. Saco la llave y… SHIT!

La llave al agua! Y yo me veo como Rose y Jack apunto de morir ahogados en el buque, buceando para encontrar la llave que abría la reja. Solo que sin un vestido de época. Y sin Jack. Así que no me queda otra que meter el brazo hasta más allá del codo en el sopicaldo (resultado de horas de diluvio y polvo y tierra acumulados desde octubre) y rezar para que la llave esté cerca. Tras segundos de agonía agarro la llave, la seco (es un decir) y arranco mi nueva moto de agua.

Atravieso la laguna con el agua hasta las rodillas, la bolsa del gym queda totalmente sumergida,… no pienses Sara, solo acelera, y rézale a Ganesh, el dios que quita los obstáculos, para no chocar con nada dentro del agua… aghh…

Una vez salgo de la urbanización la situación mejora, Pimple Saudagar es como Venecia, solo que en vez de arte en las calles hay puestos de Pani Puri. Vuelvo a casa, tiritando del frío, pero contenta, nada como cumplir un objetivo. Eso sí, una y no más, a partir de ahora va a salir de casa con lluvia Rita.

El guardia mira al cielo y murmura algo cuando entro a mi urbanización. Supongo que le da gracias a los dioses por traerme de vuelta viva.

La calle de las bodas

junio 8, 2010

8 de Junio de 2010

De mi casa al gym hay unos 4 km. Y en esos 4km hay 6 salones de bodas. Como resultado, desde que empezó la wedding season en noviembre, al menos hay una boda diaria, con los correspondientes fuegos artificiales cada noche, y la correspondiente procesión que yo siempre me cruzo.

En los días auspiciosos he podido ver hasta 5 bodas el mismo día, pero hoy la cosa ha llegado a 8. Toda la calle hasta el gym estaba bloqueada por caballos, camellos, carrozas, bandas de música, grupos de baile, mujeres cubiertas de lentejuelas de todos los colores sujetando bandejas con regalos…La temporada de bodas se dará por finalizada alrededor del 15 de Junio, cuando llegue el monzón, y a las familias que tienen que casar a sus hijos ahora les entran las prisas de última hora, porque si no los casan ya, tienen que esperar otros 5 meses.

Enfrente de mi urbanización, en una pequeña casa al otro lado de la calle, llevan de celebración 4 días, con música y tambores sonando desde las 9 de la mañana hasta media noche. Han colocado un arco de entrada al principio de la calle de 5 metros de altura anunciando el evento y la entrada de la casa la han extendido 3 metros hacia la calle (bloqueando un sentido del tráfico) con una especie de carpa para recibir a los invitados.

Tonos de piel

mayo 31, 2010

31 de Mayo de 2010

Hoy hemos decidido tomárnoslo con más calma.

Paseo hasta Hot breads para desayunar otro croissant y después otro paseo hasta French Delicacies. De ahí decidimos pasar el día en la piscina, y un francés nos recomienda la de la azotea del hotel Athiti. Nos cobran 400 rupias por 2 horas, lo que comparado con las 300 por todo el día en Solaris es una pasada, pero merece la pena.

Donde acaba la piscina empiezan las vistas al mar, y de momento estamos solos, así que tranquilidad absoluta. Es un lujo poder estar en bikini sin cuarenta ojos indios observándote.

Tras una hora se nos acaba la paz, y llega una familia entera, 2 niños, los padres, una hija y 2 cuñadas. Pese al cartel que anuncia bien clarito las normas de la piscina, ellos se las saltan y se meten al agua con la ropa puesta. Una de ellas con sweater de cuello cisne incluido. Lo de ducharse antes de entrar ellos no saben lo que es. Y la piscina comienza a soltar un olorcillo desagradable.

Y es que en la India, aparte de lo tapadas que tienen que ir las mujeres (de acuerdo con el machismo del país, porque los hombres se pueden bañar en calzoncillos si les da la gana), tienen el problema de la piel. Aquí hasta el último mono está obsesionado con tener una piel blanca, que comienza por cubrirse para que el sol ni los roce y termina por aplicarse todo tipo de productos de blanqueamiento.

El otro día en Pune, paradas en un semáforo, sólo estábamos una chica y yo. De la misma edad y con la misma moto. Pero ella india y yo española, lo que a las 12 del mediodía y con 42 grados daba como resultado una imagen cómica: yo con shorts y una camiseta de tirantes, embadurnada de bronceador, y sin cubrir la cabeza, y ella con sandalias con calcetines (eso es otra; aquí venden calcetines con el dedo gordo separado para poderlos poner con sandalias de dedo), guantes hasta el codo, la dupatta cubriéndole toda la cabeza menos los ojos, una chaqueta acolchada con capucha, y por supuesto su salwar kameez cubriéndo hasta el último centímetro de su cuerpo.

Los anuncios de tv aquí siempre muestran los mismos productos; jabón, desodorante, tintes para el pelo, motos, noodles Maggi, cemento, jabon de cara, refrescos, polvos de talco y cremas blanqueadoras de piel.

Jabón: desde pastillas de skip para lavar la ropa (aquí el que tiene lavadora es un privilegiado, la mayoría frotan en la piedra con su pastilla) hasta Dettol “be 100% sure” (jabón de manos que elimina el 100% de las bacterias. La higiene es una necesidad que aún está por cubrir en la India, así que los responsables de marketing se centran en ello.

Desodorante: siguiendo con la higiene. Lo del perfume para ellos no tiene mucho sentido, lo que es lógico en un país en el que si tienes dinero tienes que hacer alarde de ello (para qué gastar una fortuna en algo que no se ve?, y, seamos sinceros, con el olor de las calles tampoco se aprecia). Así que aquí los desodorantes son un boom, y a cuál más perfumado, el 80% de los perfumes que tenemos en occidente aquí lo tienen en desodorante; de Hugo Boss a Victoria Beckham, pasando por Chanel o Lacoste. Mi novio me preguntaba un día muy intrigado si sabía lo que era una botella de Adidas que le habían regalado en un estuche de desodorante y aftershave. Ni él ni ninguno de sus ocho compañeros de piso habían oído hasta ahora del Eau de toilette.

Tintes: aquí la mujer, por imposición, debe tener una melena larga y oscura que combinar con su sari en una trenza bien peinada. Las canas no están bien vistas, y aunque el porcentaje de la población que se tiñe con hena, quedándoseles el pelo anaranjado, es considerable, cada vez son más los que siguiendo los sabios consejos de Ashwarya Rai o cualquier otra estrella de Bollywood se tiñen con L’Oreal o Garnier.

Motos: Dirán que los trenes conectan India, pero a mi no me engañan, India se mueve en moto, y los publicistas lo saben.

Noodles Maggi; aquí lo del puré de patata no saben lo que es, si les hablas de Maggi ellos entienden noodles. Es la comida rápida por excelencia, incluso te los sirven en muchos restaurantes, y tiene sentido porque es la única comida rápida picante. Un vaso de agua hirviendo, añades los noodles, añades el sobre de masala, esperas 30 segundos y listo! “Me & meri maggi”

Cemento: esto es lo más surrealista. Vale que anuncien cemento en un país en desarrollo con todo lo que se está construyendo, y teniendo en cuenta que aquí hay empresas constructoras, pero la mayoría de casa se las hacen ellos mismos. Lo chocante es la forma en la que lo anuncian: con tías buenas (vale puede que los obreros tengan fama de piropear a las mujeres, pero eso no lo justifica). El que se lleva la palma es así: Una tía buena sale del agua con un bañador rojo, una mezcla entre escena de chica Bond y de los vigilantes de la playa, se sacude la melena mojada y ahí acaba el anuncio.

Jabón de cara: en ningún país encontrarás tanta variedad de face-wash como aquí. Teniendo en cuenta la polución que hay, que la el 90% de la población se mueve a pie, en tuc-tuc o en moto, y que con el calor que hace se suda mucho, lavarse la cara para ellos es como lavarse los dientes para nosotros. A esto hay que añadir la gran tradición india; “freshen up”. Aquí en cuanto llegas a casa de alguien, tras descalzarte, lo primero que te ofrecen es el lavabo y el face-wash de turno, porque dan por hecho que llegas sudando y lleno de polvo (cierto), y cuando terminas de lavarte la cara ya te están esperando con un vaso de agua.

Refrescos: algo relativamente nuevo, dado que para vender refrescos es necesario en primer lugar una nevera, que en nuestro mundo será algo básico, pero aquí no, yo soy la única estudiante de mi grupo que tiene, y en segundo electricidad, otra cosa básica que aquí no lo es tanto. Pero en cualquier caso los indios se pirran por un refresco, porque aunque sea el país del té, a quién le apetece una bebida hirviendo con estas temperaturas!?, y además el gas provoca eructos, lo que ellos interpretan como señal de satisfacción tras la comida. Así que tanto actores y actrices como estrellas de cricket se encargan de publicitar Pepsi y Thumbs Up!, la coca-cola india, además de 7up, Mirinda, Maaza, Fanta…

Polvos de talco: con el sudor y la humedad es lo único que evita los sarpullidos en todo el cuerpo, así que es el sustituto del body milk, incluso hay marcas que los hacen con sensación refrescante.

Cremas blanqueadoras: además de los jabones (en un 90% blanqueadores) y otros productos como el roll-on de cafeína de garnier (que también te blanquea las ojeras), si hay algo que toda madre hace utilizar a sus hijos, es Fair & Lovely para las chicas y Fair & Handsome para los chicos. Estas son las cremas indias preferidas para blanquear la piel, que aquí se usan en lugar de hidratantes, pero todas las marcas internacionales han costumizado sus productos a las exigencias locales, así que da igual Ponds, L’Oreal, Garnier, Olay, Nivea, Dove o Lakme, aquí todas son con agentes blanqueantes, para hombre y para mujer. Y los anuncios te dejan catacrocker: Una chica entra en un despacho para una entrevista y no la cogen, utiliza la crema de turno durante 15 días (hasta 4 tonos menos!) y vuelve a la entrevista, el puesto es suyo. Lo triste no es el anuncio, lo triste es que la realidad del país es esa; cuanto más clara tienes la piel, más oportunidades. Y nadie puede decir que su piel es de ese color de nacimiento, porque todos usan blanqueadores, es realmente difícil encontrar una crema hidratante o un jabón que no te aclare la piel.

La comida consiste en crepes, y la cena, en el mejor restaurante francés de la India; Le Club, en una hamburguesa (de ternera!) a la pimienta. Y de postre… si, más crepes de banana y chocolate!

Y ahora estamos en el bus, de vuelta a Bangalore, haciendo caso omiso a los ruegos de mi novio y con la piel cuatro tonos más oscura en 3 días!

Domingos en KP

mayo 16, 2010

16 de Mayo de 2010

Domingo en la burbuja, comiendo Chicken tikka y bebiendo un té helado tras otro entre largo y largo.

He recogido a Onu y de camino a Solaris hemos parado en Fabindia, la he dejado custodiando la moto y he pasado corriendo a comprar lo que me dejé hace un par de semanas debido al incidente con el aparcamiento de la Pinkie.

Jan también ha venido, cada vez somos menos. Y probablemente este ha sido el último domingo en nuestro oasis, porque Jan se va de viaje el martes y Onu el jueves se va a Bangalore a casarse.

A la vuelta he ido al antro de las sedas, a cargar de saris. Y con un sari de novia he diseñado un abrigo y se lo he llevado al tailor a que me lo haga a medida. A ver cómo lo deja!

Fin de exámenes

mayo 8, 2010

08 de Mayo de 2010

Esta mañana he tenido fiesta en el gym; Ice gola. Algo así como un polo de hielo picado con sirope de sabor X. Han traído a un ice-golero con su carrito para que los hiciese en directo. Y después a machacar los abdominales, porque aquí es fiesta pero hay que quemar calorías igual…

He llevado a Utsav al último examen y después he recogido a Sourabh para irnos a Laxmi Road a que mi tailor favorito me haga otro sari. Ya que estábamos allí nos hemos pasado por Vama a comprar unas bangles a juego, no puedo esperar a estrenarlo todo!

Para celebrar el fin de mis no-exámenes nos hemos ido de mojitos y cervezas a FC Road, una tarde estupenda. Y de vuelta a Roseland hemos parado a hacer una copia de la llave de la pinkie, porque Utsav perdió una el otro día, así que no me quedaba de repuesto. Lo fascinante es que en 10 minutos han hecho la llave a mano, con una lima y un cincel. Por el módico precio de 30 rupias (50 céntimos)

Té de la tarde con Uts, porque él si que toma té. Y vuelta a Roseland a jugar con los helicópteros que les he comprado en Laxmi Road. Disfrutan más que los niños!

Love, Sex & Dhokla

mayo 2, 2010

2 de Mayo de 2010

Amor… puede que haya.

Sexo… va a ser que no.

Dhokla… hoy si.

Porque llevaba queriendo probarla meses, así que esta mañana me he puesto mis shorts (esos que el tierno ha decidido que son demasiado cortos para esta zona, Juas!) y me he ido a Roseland a desayunar con mis chicos. Desayuno en los puestos callejeros y zumo de caña de azúcar para combatir el calor.

Siguiente parada: KP. Primero al joyero, a por encargos de la familia, pero algo ha caído. Después a Fabindia, dónde en teoría (según el cartel de la puerta) se podía aparcar. En teoría, porque cuando estaba medio enrollada en un sari he visto por el escaparate cómo dos hombres subían a la pinkie en un camión. Tras salir corriendo detrás de ellos, sonreírle con pena al señor policía muchísimo a la vez que ponía mi cara de “si-yo-soy-muy-buena-y-me-han-dicho-que-podía-aparcar-y-como-se-lleven-mi-moto-no-puedo-volver-a-casa-que-está-a-25km-de-aquí-por-favor-por-favor-no-se-la-lleven-que-me-echo-a-llorar” y pagar 100 rupias de multa, la han bajado del remolque. Y claro está, las compras en Fabindia se han quedado.

Siguiente parada: Solaris, que para algo es domingo, y si hay algo que necesito tras el susto es mi burbuja europea, con Jan, Roeland y Onu como compañeros de fatigas.

Próxima parada: Pune Central. A por ingredientes para la tarta de mi novio, que mañana es su cumple.

Siguiente: Recorrido por Pimpri para buscar un bote entero de Faleros, los caramelos que le encantan, para dárselos a media noche. Al final me he hecho con ellos.

Vuelta a casa y ducha rápida mientras diluvia para irme a cenar con Rohit a Polka Dots. Cena de ensalada y pasta, ambos nuevos para mi acompañante. De ahí otra vez a Pune Central a que elija su regalo para mañana, y vuelta a Spacia; a soplar las velas y cantar el cumpleaños felíz.

P.S. Felíz día a todas las madres (y futuras), en especial a mi mami, a mi madrina y a mis madres adoptivas; Belén y Miriam.

Día de extranjera

abril 23, 2010

23 de Abril de 2010

Hoy he reivindicado mi “Yo” extranjero. Porque en la India no saben de españoles, alemanes, australianos o americanos; aquí o eres indio o eres extranjero.

Y como hace tanto calor y Mamá me trajo las últimas tendencias en moda, yo me he puesto mi mono-short denim de Mango y mis sandalias rollo “El diario de Noa” de Promod y me he echado a la calle. Los primeros 5 minutos sobre la pikie me he sentido un poco desnuda, que aquí lo de enseñar pierna no es lo normal, los minutos siguientes me he sentido pegajosa (cuando el bronceador ha empezado a derretirse entre mis muslos y el asiento de la pinkie, que ha quedado lleno de churretes blancos), y cuando he llegado a KP me he sentido totalmente integrada. He dejado a Rohit en el Taj, que tenía que recoger su carta de empleo y pasar el reconocimiento médico antes de incorporarse, y he seguido camino a Solaris, la burbuja extranjera por excelencia donde cada fin de semana todos los alemanes (empleados de BMW y Volkswagen) y demás turistas exponemos nuestras blancas pieles al sol mientras pedimos un cocktail tras otro y nos damos algún chapuzón cuando el calor aprieta. Los alemanes siempre acaban quemados.

Y hoy somos solo Eva y yo, porque es su cumple, así que lo celebramos tomándonos el día con calma. Por la tarde a mí se me ocurre la brillante idea de ir a ver si encontramos el almacén de telas recomendado por Roeland, en el que venden saris de seda de segunda mano a precio de risa. El lugar, según he oído es algo así como un garaje lleno de fardos de saris, en una calle muy difícil de encontrar, pero yo tengo el teléfono de la dueña y algo así como un plano, así que me aventuro.

Y lo encontramos, llegamos al punto de referencia del mapa, pero allí solo hay un callejón por el que ni siquiera cabe la pinkie, así que la tengo que dejar allí abandonada. Y entramos en el callejón, que es como entrar en otra India alternativa, llena de minicasitas desiguales, mujeres charlando y pelando cebollas en la entrada de su casa, y niños semidesnudos que nunca han visto a nadie tan blanco como nosotras (aparte de Roeland). Y yo con mis shorts y mis sandalias francesas…

El sitio es un cuartucho en el que cabe medio coche, pero tiene más fardos de los que me imaginaba. Y más polvo del que nadie se pueda imaginar. Pero las sedas merecen la pena. Son todo saris de las mujeres rajastaníes de clase alta, que usan para bodas u ocasiones especiales y luego se cansan y se deshacen de ellos. Yo me llevo 9 saris y 3 dupattas, porque no puedo cargar con más, que estoy a 25 km de casa.

Cena de cumpleaños en Malaka Spice, como siempre todo buenísimo. Y vuelta a casa pronto, que dice Rohit que tan sexy no puedo ir en la moto muy tarde. A ver si le doy un agua a las adquisiciones del día.

P.S. Feliz cumple a mi primisisisima. Feliz Sant Jordi a los catalans, y feliz día del libro al resto.