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Incredible India!

agosto 12, 2010

12 de Agosto de 2010

Hace un año llegaba a la India, yo con mi maleta rosa, sin tener la más remota idea acerca de lo que me esperaba.

Hoy también se cumple un mes de la fecha de mi regreso a España, así que ha llegado el momento de hacer balance y cerrar capítulo.

Dicen que la India te cambia. Yo no fui allí con esa intención, no lo encaré de forma espiritual, como tantos occidentales que llegan al país buscando la iluminación, ni tampoco me fui en plan hippie a tirarme en las playas de Goa y mantenerme haciendo pulseritas. Tampoco es que fuese con la intención de estudiar mucho marketing, pero si que me fui a aprender… aunque sin saber muy bien el qué.

Y aprendí. Muchísimo. Desde cómo comer con las manos a cómo comportarse en un templo. Aprendí a conducir una moto en el caos absoluto, a cantar el himno nacional al inicio de cada evento o película, a tener paciencia, a improvisar, a olvidarme de la agenda, a depender de la gente y a pedir ayuda, y a aceptarla incluso cuando creía no necesitarla. Aprendí lo complicada que es una sociedad dividida en castas y con unas tradiciones tan arraigadas, y lo complicado que es un sistema político basado en la corrupción y en los lazos de sangre. Me dí cuenta de lo importantes que son cosas tan básicas como el agua o la luz, y lo absurdo de la importancia que la sociedad da al tono de piel. Aprendí el poder que tiene el cine en una sociedad tan desigual, y lo hipocresía del amor bollywodiense en un país dónde los padres compran a sus hijos mujeres con la ayuda de los anuncios en el suplemento del periódico. Aprendí lo afortunada que soy por ser una mujer nacida en un país dónde mi único deber en la vida no sea encontrar un buen marido antes de los 25 y darle muchos hijos, a poder ser varones, y lo afortunada que soy por poder decidir cada mañana lo que me pongo, sin que una minifalda y unos tacones me conviertan automáticamente en una prostituta. Aprendí que no hace falta ser un niño para poder jugar, ni ser adulto para trabajar.

Aprendí a apreciar la India tal y cómo es, con sus contrastes y sus mezclas agridulces. Con sus millones de dioses, de sabores, de colores y de olores. Con el polvo y las lentejuelas, con los palacios de maharajaes y puestos callejeros de pani puri, con viajes en trenes locales y en motos de 250.

Y la última noche, en Mumbai, Utsav me preguntó qué había sido lo mejor de la India. Y la respuesta es muy sencilla. Podría haber dicho el Taj Mahal, el olor a jazmín de Mysore, los anacardos de Goa, los cánticos del Templo Dorado, los abdominales de Sahid Kapoor, el tigre blanco o los lagos de Bhopal. O quizás el Cad-B, o el helado de Gulkan, la puesta de sol en Pondichery, las sedas que me han hecho perder la cabeza, el masala chai, las cascadas de Lonavla durante el monzón, la brisa nocturna en Marine Drive, los cosmopolitans de Malaka Spice, las fresas de Mahabaleshbar, los bailes indios o conducir sin casco con la melena al viento. Pero no, lo mejor de la India es la gente, todos esos amigos que me han cogido de la mano para cruzar la calle, que me han llevado a descubrir la comida que sabrían que me gustaría, los que me han protegido del sol, me han hecho divertirme “como los indios”, han cuidado de mí cuando he caído enferma o de la moto, han cruzado medio país para despedirse o para comer conmigo, los que me han explicado con infinita paciencia cada tradición, mito o costumbre que mi mente europea no lograba digerir, los que han estado en todo momento, cuando los necesitaba y cuando creía que no, cuando estaba mal y cuando estaba bien. Ellos han sido lo que me han hecho quedarme en la India todo el año en vez de sacar el billete de vuelta al primer desencanto. Y en especial el que hacía la pregunta. Pero no sólo los amigos son parte de esa gente, si no todas esas personas que sin conocerme de nada, desde camareros a vendedores, recepcionistas o niños que cruzaban la calle, y muchos de ellos siendo tan pobres como para no tener zapatos, me han dado lo mejor que tenían; su sonrisa.

Por la India con Manjula

junio 26, 2010

Mi amiga Manjula, quien se viene al viejo continente el próximo curso, empieza a mirar la India con otros ojos y aprovecha mis últimos días en su país para aprender todo lo que pueda de la cultura occidental.

Cosas que para nosotros son de lo más normal, pero que para una chica india de mi edad, que ha vivido con sus padres desde que nació y que a día de hoy tiene que estar a las diez en casa, son todo un descubrimiento.

Un día vamos a comer pasta, otro a un cajero automático para que le explique cómo utilizar una tarjeta y sacar dinero, a veces le da por preguntar por las normas de tráfico, y como aún no tiene muy controlado el tema de precios, dice que cuando quiera ir a un sitio se alquila un coche… lo que no sabe es que en Europa los coches de alquiler no suelen llevar chofer. Lo del metro le suena a ciencia ficción, y utilizar el transporte público para ella debe ser lo mismo que para Carmen Lomana.Otro día pregunta si se debería comprar unas sandalias romanas para pasar el invierno… creo que lo del frío no lo tiene muy asimilado, por más que le hablo de nieve ella sigue queriendo comprar sandalias. También hemos ido a Mango, a que se compre un par de chaquetas (que se piensa poner sin abrigo…) y la he acompañado a dar un gran paso en su vida; se ha comprado sus primeros tacones! No sabe dar un paso, pero ya nos pondremos… pasito a pasito.

Bailando bajo la lluvia

junio 14, 2010

14 de Junio de 2010

Hay días en los que te empeñas en algo, y aunque el mundo entero se ponga en tu contra y todas las señales apunten a que es un error, como se te meta en la cabeza que lo consigues nadie te saca de ahí.

Yo hoy me he empeñado en ir al gym.

La mañana ha empezado mal. Porque cuando empiezas el día en el pasillo de Vashuda (Directora de relaciones internacionales de la Universidad de Pune) nada sale bien. Me han despachado rápido diciendo que tenían una reunión urgente (excusa preferida por todos los indios) y he salido de allí sin el certificado que necesito.

De ahí a MG Road, a comprar encargos varios, y al ir a pagar… tarjeta errónea… ya conocéis la historia… busca un cajero, no acepta tarjeta internacional, la policía se lleva la pinkie,… Esas cosas que solo a mí me pasan, una y otra vez… Vuelve a la tienda con la mitad en efectivo y la otra mitad a la visa (al final todo era un problema con el límite de la cantidad permitida por día…)

Llego a Aundh, a Reliance a recargar Internet, y están sin línea de teléfono (lo típico en una empresa de telecomunicaciones), así que no aceptan tarjeta. Busca otro cajero y vuelve con el cash a Reliance.

Parada en CCD a comer y a reponerme de la desastrosa mañana. Y de repente… truenos, relámpagos vendaval y… Llega el monzón!

Los canales de Venecia, las cataratas del Niágara, los deportes de agua de Goa, los lagos de Bhopal y más agua que en el Titanic. Todo eso y más lo tenemos hoy en Pune.

Y yo, que no sé dónde leí ayer que no hay que huir de la tormenta, si no bailar bajo la lluvia, me he decidido toda chula a salir de la cafetería, porque tenía que ir al gym, y quedarme en el sofá de CCD leyendo un libro bajo al aire acondicionado no me ha parecido bien.

Así que cojo la pinkie con todas las compras incluidas (colchas, pashminas, mantelerías, cojines, …) y tiro dirección Pimpri. Y a los 5 minutos cuando no veo ni por dónde voy y sigo a tientas las luces del coche de delante, me replanteo volver a CCD, pero no, total, solo es agua, y un poco de lluvia no va a cortarme a mí la marcha.

Sigue lloviendo a mala leche (si es que a eso se le puede decir llover, porque es como si hubiesen abierto la presa del cielo) pero ya no hay vuelta atrás, y hasta tiene su encanto; el aire fresco, el agua que limpia el asfalto, lo valiente que soy (o lo estúpida)…  de vez en cuando me adelanta algún coche lanzándome el agua sucia… eso no tiene tanta gracia, pero con la intensidad que llueve vuelvo a estar limpia rápido.

Y por fin, tras 15 Km llego a casa, suelto las compras y cojo la bolsa de deporte, total, si he llegado hasta aquí, puedo llegar a Solaris.

Y el guardia de seguridad se pone delante de la puerta y me dice;

–       Ma’am, rainy danger danger. You go home.

Pero yo me he empeñado en ir al gym, así que le digo;

–       Bahiya, rainy clean clean. I go gym.

Y sigo camino. Y con “camino” me refiero a camino de cabras. Ese lleno de baches, zanjas y socavones, que ahora son ríos, arroyos y lagunas. Y la lluvia aprieta más todavía (por imposible que parezca). Así que tras ver cómo todas las motos se resguardan en la cuneta bajo árboles y toldos me replanteo volver, pero quedaría muy mal con el de seguridad, así que yo sigo.

Sigo y cuando estoy a unos 20 m de Solaris, tengo que parar, porque la carretera es un pantano y el agua cubre unos 40 cm, así que no hay forma de llegar a mi destino, ni de volver con la que esta cayendo, aparco en G-Mart, dónde me conocen como the Cadbury Girl, y me resguardo contemplando el diluvio. Qué baile bajo la lluvia otro!

Y tras media hora calada hasta los huesos y viendo que no va a parar de llover a corto plazo, tramo un plan; enfrente de G-Mart hay un edificio en construcción (lo que dificulta la cosa más porque todo ese lado está levantado) y a la izquierda del edificio está mi objetivo. A la izquierda de éste está la entrada a una urbanización, cuyas casas son sospechosamente similares a las de la derecha del edificio en obras. Así que, si por casualidad todo es una urbanización conectada, sólo tengo que entrar por el lado derecho, rodear Solaris por detrás, y salir por el izquierdo, que da al parking de Solaris. El dueño de G-Mart me confirma que la urbanización está conectada, y me desea suerte, así que vuelvo a coger la pinkie y me aventuro.

Si Jhansi ki Rani se ató a su bebé a la espalda, se subió a su caballo y salió de su fuerte para luchar contra los británicos, yo no voy a ser menos!

Entro en la urbanización, callejeo un poco y llego a la avenida deseada, avanzo, avanzo y cuando me quiero dar cuenta el agua me llega a los tobillos. Se ha formado una balsa en la salida de la urbanización y lo único que queda a flote es la puerta de entrada y la caseta del vigilante. Pero ya que estoy aquí yo sigo, porque una vez salga, según mis cálculos, a dos metros tengo el parking.

Pues no, mis cálculos son erróneos, y tras la puerta hay una zanja de metro y medio de ancho convertida en río y al otro lado del río está el lago que empezaba frente a G-Mart. Aunque no hubiese llovido sería imposible salir de la urbanización en moto por la zanja, así que le chapurreo algo en hindi al vigilante acompañándolo con el vacile de cabeza y le doy a entender que la moto se queda aparcada en la caseta. El pobre se apiada de mí y me da permiso, y yo me asomo a la salida a ver cómo llego al parking, pero no hay forma, así que tras un estudio de la situación decido saltar la tapia que separa la urbanización del parking, ante la mirada atónita del vigilante, los vecinos y todos los refugiados bajo el tejadillo de Solaris. Subo al muro con bolsa de deporte incluida (hay que ver lo incómodos que son los Levi´s en remojo) y salto al parking, que es el único suelo seco en un km a la redonda. Cuando tras subir 2 pisos he entrado en la recepción los monitores me han dado un aplauso.

Me seco, me cambio y entro en la sala de máquinas, que nunca estuvo tan desierta. Comienzo el programa del día, esperando que cese la lluvia, pero no, cada vez los truenos son más fuertes. Se va la luz, pero yo sigo a lo mío. Me asomo por la ventana entre set y set para controlar que a la pinkie no se la lleve la corriente. El nivel de agua sigue subiendo. Bueno, igual podemos quedarnos todos (lo que implica 8 trainers  y yo) a dormir aquí, sobre las colchonetas de yoga… casi que no.

Acabo la sesión y pienso en esperar un rato, pero la cosa no parece tener fin, así que me enfundo en los Levi’s tras escurrirlos un poco y bajo las escaleras. Otra vez el parking, otra vez el muro, pero ahora el agua llega a la caseta del vigilante. Saco la llave y… SHIT!

La llave al agua! Y yo me veo como Rose y Jack apunto de morir ahogados en el buque, buceando para encontrar la llave que abría la reja. Solo que sin un vestido de época. Y sin Jack. Así que no me queda otra que meter el brazo hasta más allá del codo en el sopicaldo (resultado de horas de diluvio y polvo y tierra acumulados desde octubre) y rezar para que la llave esté cerca. Tras segundos de agonía agarro la llave, la seco (es un decir) y arranco mi nueva moto de agua.

Atravieso la laguna con el agua hasta las rodillas, la bolsa del gym queda totalmente sumergida,… no pienses Sara, solo acelera, y rézale a Ganesh, el dios que quita los obstáculos, para no chocar con nada dentro del agua… aghh…

Una vez salgo de la urbanización la situación mejora, Pimple Saudagar es como Venecia, solo que en vez de arte en las calles hay puestos de Pani Puri. Vuelvo a casa, tiritando del frío, pero contenta, nada como cumplir un objetivo. Eso sí, una y no más, a partir de ahora va a salir de casa con lluvia Rita.

El guardia mira al cielo y murmura algo cuando entro a mi urbanización. Supongo que le da gracias a los dioses por traerme de vuelta viva.

Auroville

mayo 30, 2010

30 de Mayo de 2010

La noche nos la hemos pasado en bikini y bañador, duchándonos cada hora para evitar que nos hierva la sangre y luchando con todos los mosquitos de la bahía de Bengala. Apasionante.

Desayuno en French Delicacies, el quiche estaba para ofrecérselo a los dioses.

Y hoy hemos decidido salir de Pondicherry y visitar Auroville; una comunidad internacional que tiene como objetivo el desarrollo sostenible y la unión de la humanidad en paz y armonía. Según la Lonely, los turistas no son muy bienvenidos, pero si estás interesado en la filosofía de vida que llevan está bien pasarse por allí.

En verdad aquello es un resort, lo turistas no es que sean bienvenidos, es que son la mayor fuente de ingresos, y aquello lo han gestionado como una mezcla entre comuna hippie y parque temático.

Según llegas te cobran tu ticket y te mandan al parking de turistas, a continuación llegas al centro de visitantes, que a pesar de estar en mitad de un bosque podría ser un pabellón de la expo de Shangai. Allí tienes una exposición de maquetas, cartas de Aurovindo y “La Madre” (francesa, por supuesto), explicaciones sobre el proyecto y la salida la tienda con los libros escritos por ambos (todo muy yogui) y las postales.

A unos dos kilómetros, en el centro de la comunidad, está el Matrimandir, una estructura redonda que simboliza el núcleo de la comunidad, sirve de sala de meditación  y alberga las celebraciones de los residentes. En el interior está el mayor globo de cristal del mundo, pero el acceso está restringido a residentes, cerca de 2.000, con un porcentaje importante de extranjeros.

Tras la visita del Matrimandir, lo único que queda por hacer en Auroville es visitar las 2 boutiques y la cafetería. El complejo es una versión Indo-francesa de Las Rozas Village, y dentro venden ropa y accesorios creados por los miembros del proyecto, jabones, inciensos, perfumes, velas, artículos de papelería y un sin fin de cosas monísimas y carísimas que están estupendas para regalar. Todo realmente absurdo si sigues la filosofía de Auroville, y cómo nos cuenta uno de sus “obligados” residentes, demasiado caro para que ellos puedan comprar nada.

El chico en cuestión tiene nuestra edad, y pese a lo utópico del lugar, él no está en absoluto feliz de estar ahí. Lleva toda su vida en Auroville porque sus padres decidieron vivir allí, pero él dice que hay muchos conflictos internos, que él no se quiere involucrar en las actividades de la aldea, y que está estudiando a distancia pero no tiene intención de aplicar sus conocimientos en la comunidad, quiere salir y aportar algo al mundo.

Y es que, todo este rollo de dejar tu vida atrás y encerrarte en la burbuja de la armonía está muy bien si te da el puntazo y estás harto del mundo, pero si te obligan a meterte en la burbuja ya no hace tanta gracia.

Volvemos a Pondy y buscamos un lugar con aire acondicionado para tomar un par de zumos de fruta, que es lo único que nuestros cuerpos piden a gritos, y cuando nuestras pieles parece que dejan de soltar fuego, volvemos a la calle. Intentamos comer en algún sitio con aire y finalmente encontramos un lounge zen dónde resguardarnos del calor.

Después paseo por la playa con jazmín en el pelo. Jan se da un baño con los nativos. Yo no me atrevo. Por un lado el agua es todo menos transparente, y por el otro, todos los bañistas son hombres, sólo unas pocas mujeres se atreven a remojarse el sari con la excusa de jugar con sus hijos.

Cenamos en Bamboo Garden, uno de esos restaurantes al aire libre que están estupendos cuando cae el sol (y cuando te embadurnas de Aután). Más comida francesa…

Bangalore

mayo 27, 2010

27 de Mayo de 2010

Dicen que Bangalore es la ciudad ideal para ir de shopping, yo debo estar enferma, porque no he comprado absolutamente nada.

La ciudad es moderna, y enorme, tiene algunos edificios espectaculares, y un parque estupendo, pero lo que es la calle de las compras (MG Road, como en toda ciudad india) ha sido la gran decepción. Y por muy moderna que sea la ciudad, a partir de las 3 no te dan de comer en ningún sitio, así que hemos acabado en Barista (la competencia de CCD) tomando un sándwich.

El paseo por Cubon Park muy agradable, aunque algo surrealista al encontrarnos en medio de cientos de mujeres musulmanas con su burka negro, pasando la tarde con sus familias.

La cena ha sido en KFC, que nos pillaba muy a mano, y con el agotamiento que tenemos no era plan de experimentar con restaurantes indios desconocidos.

Domingos en KP

mayo 16, 2010

16 de Mayo de 2010

Domingo en la burbuja, comiendo Chicken tikka y bebiendo un té helado tras otro entre largo y largo.

He recogido a Onu y de camino a Solaris hemos parado en Fabindia, la he dejado custodiando la moto y he pasado corriendo a comprar lo que me dejé hace un par de semanas debido al incidente con el aparcamiento de la Pinkie.

Jan también ha venido, cada vez somos menos. Y probablemente este ha sido el último domingo en nuestro oasis, porque Jan se va de viaje el martes y Onu el jueves se va a Bangalore a casarse.

A la vuelta he ido al antro de las sedas, a cargar de saris. Y con un sari de novia he diseñado un abrigo y se lo he llevado al tailor a que me lo haga a medida. A ver cómo lo deja!

Recuperando viejas tradiciones

mayo 15, 2010

15 de Mayo de 2010

Día estupendo con Sourabh, que últimamente no pasábamos tiempo juntos.

Lo he recogido en Roseland, porque su moto está en las últimas. Verlo de paquete (midiendo 2m) en la pinkie tiene su gracia.

Comida en Polka Dots, hoy he descubierto una quesadilla de pollo buenísima. No me la he podido terminar, pero me han puesto las sobras para llevar.

Después a Lakshmi road, que hoy está decorada con banderas porque mañana hay algún festival, a recoger del tailor mi sari nuevo. Y derechitos a casa a probármelo. No sé quién disfruta más, si él o yo! Un pliegue por aquí, otro por allá, media vuelta, el bindi, las bangles, el pelo, el khol… Fotos no puedo poner, porque hay que reservarlo para alguna ocasión especial.

Y después del gym cena juntos en Shivar. Lo de siempre; regular pani, ek masala papad, dum aloo punjabi, pinaple raita, do butter roti aur ek romali roti. Ahora ya soy yo la que pide, en hindi. El camarero se ha quedado de piedra.

Y de postre… ya lo sabéis!  Cad-b please. Estoy pensando en abrir una franquicia en Madrid.

Work it out!

mayo 13, 2010

13 de Mayo de 2010

Hoy he comido con Onu en un italiano; La Pizzería. Bastante bueno, y para las comidas tienen buffet.

Y luego hemos ido a por su vestido de novia, que ya lo ha elegído. Ahora solo falta que le arreglen la blusa a su medida.

El resto de la tarde me la he pasado en Reebok porque, viendo que lo del gym me lo estoy tomando en serio, necesitaba otro modelito. Tras una hora en el probador enfundándome “each and everything” (que dicen aquí), he decidido el que me quedaba mejor. Ahora ya tengo más práctica con todos esos elásticos, almohadillas, rejillas de transpiración,… así que la experiencia en el probador no ha sido tan traumática como la primera vez.

Y cuando ya estaba a punto de pagar el modelo y los guantes (para evitar que las pesas me hagan callos, y además son rosas), me dicen que tengo 1000 rupias de regalo para gastar en lo que quiera, así que me llevo unos pantalones más. Vuelvo a la caja y me quedo mirando la publicidad de las Easy Tone, que últimamente está por todas partes, y mi ayudante de probador, muy amable, me dice que me las pruebe, que son estupendas, y casualmente tienen un par a juego con mi outfit, así que… que traigan un 39!

La historia es que las deportivas tienen una suela que te desestabiliza al caminar, haciendo que los músculos de culo y piernas trabajen hasta un 28% más, dejándote (en teoría) unas piernas de infarto. No sé hasta que punto funcionarán, pero al probármelas ha sido como caminar por las nubes, así que yo, eterna enemiga de las deportivas, me las he tenido que comprar, y me han descontado otras 2500 rupias. Veremos cómo se me quedan las piernas, la cuenta corriente ya se me ha reducido considerablemente.

Y ahora a Solaris a estrenarlas!

Fin de exámenes

mayo 8, 2010

08 de Mayo de 2010

Esta mañana he tenido fiesta en el gym; Ice gola. Algo así como un polo de hielo picado con sirope de sabor X. Han traído a un ice-golero con su carrito para que los hiciese en directo. Y después a machacar los abdominales, porque aquí es fiesta pero hay que quemar calorías igual…

He llevado a Utsav al último examen y después he recogido a Sourabh para irnos a Laxmi Road a que mi tailor favorito me haga otro sari. Ya que estábamos allí nos hemos pasado por Vama a comprar unas bangles a juego, no puedo esperar a estrenarlo todo!

Para celebrar el fin de mis no-exámenes nos hemos ido de mojitos y cervezas a FC Road, una tarde estupenda. Y de vuelta a Roseland hemos parado a hacer una copia de la llave de la pinkie, porque Utsav perdió una el otro día, así que no me quedaba de repuesto. Lo fascinante es que en 10 minutos han hecho la llave a mano, con una lima y un cincel. Por el módico precio de 30 rupias (50 céntimos)

Té de la tarde con Uts, porque él si que toma té. Y vuelta a Roseland a jugar con los helicópteros que les he comprado en Laxmi Road. Disfrutan más que los niños!

Love, Sex & Dhokla

mayo 2, 2010

2 de Mayo de 2010

Amor… puede que haya.

Sexo… va a ser que no.

Dhokla… hoy si.

Porque llevaba queriendo probarla meses, así que esta mañana me he puesto mis shorts (esos que el tierno ha decidido que son demasiado cortos para esta zona, Juas!) y me he ido a Roseland a desayunar con mis chicos. Desayuno en los puestos callejeros y zumo de caña de azúcar para combatir el calor.

Siguiente parada: KP. Primero al joyero, a por encargos de la familia, pero algo ha caído. Después a Fabindia, dónde en teoría (según el cartel de la puerta) se podía aparcar. En teoría, porque cuando estaba medio enrollada en un sari he visto por el escaparate cómo dos hombres subían a la pinkie en un camión. Tras salir corriendo detrás de ellos, sonreírle con pena al señor policía muchísimo a la vez que ponía mi cara de “si-yo-soy-muy-buena-y-me-han-dicho-que-podía-aparcar-y-como-se-lleven-mi-moto-no-puedo-volver-a-casa-que-está-a-25km-de-aquí-por-favor-por-favor-no-se-la-lleven-que-me-echo-a-llorar” y pagar 100 rupias de multa, la han bajado del remolque. Y claro está, las compras en Fabindia se han quedado.

Siguiente parada: Solaris, que para algo es domingo, y si hay algo que necesito tras el susto es mi burbuja europea, con Jan, Roeland y Onu como compañeros de fatigas.

Próxima parada: Pune Central. A por ingredientes para la tarta de mi novio, que mañana es su cumple.

Siguiente: Recorrido por Pimpri para buscar un bote entero de Faleros, los caramelos que le encantan, para dárselos a media noche. Al final me he hecho con ellos.

Vuelta a casa y ducha rápida mientras diluvia para irme a cenar con Rohit a Polka Dots. Cena de ensalada y pasta, ambos nuevos para mi acompañante. De ahí otra vez a Pune Central a que elija su regalo para mañana, y vuelta a Spacia; a soplar las velas y cantar el cumpleaños felíz.

P.S. Felíz día a todas las madres (y futuras), en especial a mi mami, a mi madrina y a mis madres adoptivas; Belén y Miriam.