Archive for the ‘Religión’ Category

Incredible India!

agosto 12, 2010

12 de Agosto de 2010

Hace un año llegaba a la India, yo con mi maleta rosa, sin tener la más remota idea acerca de lo que me esperaba.

Hoy también se cumple un mes de la fecha de mi regreso a España, así que ha llegado el momento de hacer balance y cerrar capítulo.

Dicen que la India te cambia. Yo no fui allí con esa intención, no lo encaré de forma espiritual, como tantos occidentales que llegan al país buscando la iluminación, ni tampoco me fui en plan hippie a tirarme en las playas de Goa y mantenerme haciendo pulseritas. Tampoco es que fuese con la intención de estudiar mucho marketing, pero si que me fui a aprender… aunque sin saber muy bien el qué.

Y aprendí. Muchísimo. Desde cómo comer con las manos a cómo comportarse en un templo. Aprendí a conducir una moto en el caos absoluto, a cantar el himno nacional al inicio de cada evento o película, a tener paciencia, a improvisar, a olvidarme de la agenda, a depender de la gente y a pedir ayuda, y a aceptarla incluso cuando creía no necesitarla. Aprendí lo complicada que es una sociedad dividida en castas y con unas tradiciones tan arraigadas, y lo complicado que es un sistema político basado en la corrupción y en los lazos de sangre. Me dí cuenta de lo importantes que son cosas tan básicas como el agua o la luz, y lo absurdo de la importancia que la sociedad da al tono de piel. Aprendí el poder que tiene el cine en una sociedad tan desigual, y lo hipocresía del amor bollywodiense en un país dónde los padres compran a sus hijos mujeres con la ayuda de los anuncios en el suplemento del periódico. Aprendí lo afortunada que soy por ser una mujer nacida en un país dónde mi único deber en la vida no sea encontrar un buen marido antes de los 25 y darle muchos hijos, a poder ser varones, y lo afortunada que soy por poder decidir cada mañana lo que me pongo, sin que una minifalda y unos tacones me conviertan automáticamente en una prostituta. Aprendí que no hace falta ser un niño para poder jugar, ni ser adulto para trabajar.

Aprendí a apreciar la India tal y cómo es, con sus contrastes y sus mezclas agridulces. Con sus millones de dioses, de sabores, de colores y de olores. Con el polvo y las lentejuelas, con los palacios de maharajaes y puestos callejeros de pani puri, con viajes en trenes locales y en motos de 250.

Y la última noche, en Mumbai, Utsav me preguntó qué había sido lo mejor de la India. Y la respuesta es muy sencilla. Podría haber dicho el Taj Mahal, el olor a jazmín de Mysore, los anacardos de Goa, los cánticos del Templo Dorado, los abdominales de Sahid Kapoor, el tigre blanco o los lagos de Bhopal. O quizás el Cad-B, o el helado de Gulkan, la puesta de sol en Pondichery, las sedas que me han hecho perder la cabeza, el masala chai, las cascadas de Lonavla durante el monzón, la brisa nocturna en Marine Drive, los cosmopolitans de Malaka Spice, las fresas de Mahabaleshbar, los bailes indios o conducir sin casco con la melena al viento. Pero no, lo mejor de la India es la gente, todos esos amigos que me han cogido de la mano para cruzar la calle, que me han llevado a descubrir la comida que sabrían que me gustaría, los que me han protegido del sol, me han hecho divertirme “como los indios”, han cuidado de mí cuando he caído enferma o de la moto, han cruzado medio país para despedirse o para comer conmigo, los que me han explicado con infinita paciencia cada tradición, mito o costumbre que mi mente europea no lograba digerir, los que han estado en todo momento, cuando los necesitaba y cuando creía que no, cuando estaba mal y cuando estaba bien. Ellos han sido lo que me han hecho quedarme en la India todo el año en vez de sacar el billete de vuelta al primer desencanto. Y en especial el que hacía la pregunta. Pero no sólo los amigos son parte de esa gente, si no todas esas personas que sin conocerme de nada, desde camareros a vendedores, recepcionistas o niños que cruzaban la calle, y muchos de ellos siendo tan pobres como para no tener zapatos, me han dado lo mejor que tenían; su sonrisa.

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Último día en Indira

julio 6, 2010

6 de Julio de 2010

Archana y yo hemos ido al templo de Chatursungui por la mañana, para pedir por las notas, que salen hoy.

Tras hacer la ofrenda de coco, agarbati, tika, prasad… nos hemos ido a comer y después a Indira, a despedirme y a recoger el título.

Archana el suyo y yo el de Utsav. Para que te lo den hay que hacer una especie de gymkana por todos los departamentos recogiendo firmas que acrediten que no debes nada (biblioteca, deportes, administración, cantina, transportes…) y cuando es necesario te hacen bajar al sótano a pagar la multa y volver con el recibo a por el sello. La matada de escaleras ha sido mucho, pero bueno, lo mínimo que puedo hacer por él.

Así que ya tenemos el título MBA. Manjula el suyo, yo el de Utsav y Amruta el de mi ex. El ambiente se cortaba con cuchillo. Que sean muy felices juntos, si pueden. Estoy tan cansada de ambos que ni siento nada.

También me he despedido de todos los de Indira, incluyendo al de la cantina, que siempre se alegra de verme, a Rajesh, el de recepción, y a Pandit Mali Sir, el director, que me ha estado pidiendo feedback. Yo se lo he dado, y le he deseado suerte, que falta les hace para mejorar aquello.

Y el resto del día bien.

Ha venido Ganesh desde su pueblo (unas ocho horas en bus) para despedirse, así que hemos salido a cenar. Y al postre se ha apuntado Sourabh.

Entre los dos parece que van llenando las maletas.

Corte de pelo

junio 6, 2010

6 de Junio de 2010

Mi vecina Jyoti es una caprichosa y una consentida.

Bueno, supongo que no es culpa suya, si está todo el día en casa sin hacer nada y su marido trabajando para ganar dinero y hacerla feliz, pues ella vive para pedir.

Ella solo cocina, ni limpia, ni plancha, ni tiene hijos que criar. Y cocina porque el marido no come nada que no sea casero, porque si fuese por ella, comerían fuera todos los días. Tiene, como buena india que es, su doncella todas las mañanas, que limpia y lava la ropa, y dice que no le gusta planchar, así que el marido se plancha lo suyo y ella lleva su ropa al planchador.

Como se pasa la vida sola, yo de vez en cuando me la llevo a dar una vuelta, y hoy me ha pedido que la llevase a la peluquería, porque tras meses de discusiones sus suegros le han dado permiso para cortarse el pelo un poco.

Pero primero hemos ido a comer. Yo he decidido ir a Polka Dots porque ella no sugería nada, y según aparcamos pone mala cara. Y pregunta si el sitio es vegetariano (porque ella es Jainista, y no pueden comer nada que dañe a un ser vivo). Le digo que no, pero que, como todo restaurante de este país, tiene carta vegetariana también. Pero sigue poniendo pegas y pregunta si tienen diferentes cocinas, porque si cocinan su comida vegetariana en la misma que la carne, ella no puede comer…

Así que viendo que no estaba por la labor, le digo que se suba a la moto y que buscamos un restaurante solo vegetariano. Y ella me va dando indicaciones hasta llegar a Pizza Hut. Con un par! No puede comer en Polka Dots pero en Pizza Hut si, cómo si tuviesen una cocina para la pizza con pollo y otra para la vegetariana! Qué cara más dura!

Y es que esta mujer es adicta a la comida basura, así que no le importa que el que corta el pollo le haga la pizza… De hecho hay días que ella quiere cenar en McDonalds, pero como el marido solo come casero la lleva a que cene y a la vuelta ella le hace la cena a él.

Y yo que estaba soñando con la ensalada de Polka Dots tengo que renunciar a ella porque me dice que compartamos pizza, así que ella elige y yo trago, y tiene que se mediana porque la quiere con el borde relleno de queso y esa no la hacen pequeña.

Así que llega la pizza, de las 6 porciones se come una a la que le quita el champiñón, el maíz, y el pimiento, es decir, come pizza de tomate y mozzarela. Y el borde se lo deja! Y a mi me hierve la sangre porque no soporto que se tire comida a la basura, y menos a la gente caprichosa que come con los ojos y destroza comida.

Le digo al camarero que me ponga las sobras para llevar y la cuenta se paga a medias, porque a veces la invito, pero hoy se ha pasado tres pueblos y el Pizza Hut no va barato, así que a ver si para la próxima aprende.

Llegamos a la peluquería (o debería decir salón?) de Jawed Habib, algo así como el Llongueras indio, y descubro una nueva especie: Los peluqueros gays indios, porque hay una gran diferencia entre el barbero que corta el pelo en la cuneta debajo de un árbol con una caldereta, y el séquito de gays hiperdivinos con sus melenas brillantes a tono con sus camisas negras, vaqueritos apretados, cinturones de imitación de D&G y zapatos de chupame-la-punta de imitación de cocodrilo. El acento indio intentando hablar inglés cual la reina de Inglaterra es lo más cool que se ha oído en la historia de Pune.

Y yo que he salido de allí monísima con mi corte de pelo pijo, sigo impactada. Lo primero por haber conocido a indios con el pelo largo, que aparte de un amigo rocker de Mumbai, son los únicos melenas que he visto en 10 meses. Y lo segundo por ver que la ley que hace un año permitió la homosexualidad en India, está dando sus frutos. Eso sí de momento el colectivo se limita al mundo de la moda y al de la peluquería, pero bueno, parece que el país si se está modernizando y abriéndose de mente.

Auroville

mayo 30, 2010

30 de Mayo de 2010

La noche nos la hemos pasado en bikini y bañador, duchándonos cada hora para evitar que nos hierva la sangre y luchando con todos los mosquitos de la bahía de Bengala. Apasionante.

Desayuno en French Delicacies, el quiche estaba para ofrecérselo a los dioses.

Y hoy hemos decidido salir de Pondicherry y visitar Auroville; una comunidad internacional que tiene como objetivo el desarrollo sostenible y la unión de la humanidad en paz y armonía. Según la Lonely, los turistas no son muy bienvenidos, pero si estás interesado en la filosofía de vida que llevan está bien pasarse por allí.

En verdad aquello es un resort, lo turistas no es que sean bienvenidos, es que son la mayor fuente de ingresos, y aquello lo han gestionado como una mezcla entre comuna hippie y parque temático.

Según llegas te cobran tu ticket y te mandan al parking de turistas, a continuación llegas al centro de visitantes, que a pesar de estar en mitad de un bosque podría ser un pabellón de la expo de Shangai. Allí tienes una exposición de maquetas, cartas de Aurovindo y “La Madre” (francesa, por supuesto), explicaciones sobre el proyecto y la salida la tienda con los libros escritos por ambos (todo muy yogui) y las postales.

A unos dos kilómetros, en el centro de la comunidad, está el Matrimandir, una estructura redonda que simboliza el núcleo de la comunidad, sirve de sala de meditación  y alberga las celebraciones de los residentes. En el interior está el mayor globo de cristal del mundo, pero el acceso está restringido a residentes, cerca de 2.000, con un porcentaje importante de extranjeros.

Tras la visita del Matrimandir, lo único que queda por hacer en Auroville es visitar las 2 boutiques y la cafetería. El complejo es una versión Indo-francesa de Las Rozas Village, y dentro venden ropa y accesorios creados por los miembros del proyecto, jabones, inciensos, perfumes, velas, artículos de papelería y un sin fin de cosas monísimas y carísimas que están estupendas para regalar. Todo realmente absurdo si sigues la filosofía de Auroville, y cómo nos cuenta uno de sus “obligados” residentes, demasiado caro para que ellos puedan comprar nada.

El chico en cuestión tiene nuestra edad, y pese a lo utópico del lugar, él no está en absoluto feliz de estar ahí. Lleva toda su vida en Auroville porque sus padres decidieron vivir allí, pero él dice que hay muchos conflictos internos, que él no se quiere involucrar en las actividades de la aldea, y que está estudiando a distancia pero no tiene intención de aplicar sus conocimientos en la comunidad, quiere salir y aportar algo al mundo.

Y es que, todo este rollo de dejar tu vida atrás y encerrarte en la burbuja de la armonía está muy bien si te da el puntazo y estás harto del mundo, pero si te obligan a meterte en la burbuja ya no hace tanta gracia.

Volvemos a Pondy y buscamos un lugar con aire acondicionado para tomar un par de zumos de fruta, que es lo único que nuestros cuerpos piden a gritos, y cuando nuestras pieles parece que dejan de soltar fuego, volvemos a la calle. Intentamos comer en algún sitio con aire y finalmente encontramos un lounge zen dónde resguardarnos del calor.

Después paseo por la playa con jazmín en el pelo. Jan se da un baño con los nativos. Yo no me atrevo. Por un lado el agua es todo menos transparente, y por el otro, todos los bañistas son hombres, sólo unas pocas mujeres se atreven a remojarse el sari con la excusa de jugar con sus hijos.

Cenamos en Bamboo Garden, uno de esos restaurantes al aire libre que están estupendos cuando cae el sol (y cuando te embadurnas de Aután). Más comida francesa…

La boda de Onu

mayo 28, 2010

28 de Mayo de 2010

He tardado dos horas (en bus) en llegar a la oficina de Utsav, hemos ido a recoger mi sari a su casa (me dejé allí algo de equipaje), Frooti de mango para matar el calor y despedida (una vez más, ya lo sé, cada vez que nos separamos es un drama, y esta vez no sé si lo volveré a ver, o al menos no dentro de poco, en caso que tenga que estar en España en 2 semanas).

Otra hora de vuelta, esta vez en Rickshaw, que aquí te intentan cobrar aún más que en Pune. Jan vuelve de visitar a unos amigos, comemos rápido y volvemos al hotel.

Y aquí es dónde empieza el reto. El sari y yo. Yo y el sari. Seis metros de tela, una blusa, un petticoat y muchos imperdibles. Pliegue va, pliegue viene, imperdibles, una vuelta por aquí, otro pliegue por allá, más imperdibles,… después de todo es un montón de tela enrollada al cuerpo, y yo no me voy a arriesgar a quedarme en enaguas! Y además, todas las indias se cargan de imperdibles, si no es imposible moverse con esa soltura.

Parece que lo supero. Maquillaje, bangles, bindi, joyas, jazmín en el pelo y lista. Coge la mochilla de Quicksilver (como a un santo dos pistolas) y súbete al rickshaw. Porque aunque parezca un modelo digno de limousine, o de carroza tirada por caballos, aquí lo auténtico es el 3-ruedas negro y amarillo.

Hoy se casa Onu, nuestra amiga finlandesa, con su novio indio musulmán. Todo un encuentro cultural, y un alivio ver cómo esta sociedad se empieza a modernizar y acepta un matrimonio de tal índole.

Al llegar a la mezquita Jan y yo nos separamos, porque aquí hombres y mujeres no pueden juntarse. Yo me quedo con la madre de Onu (ambas con la cabeza cubierta) y a los minutos aparece ella rodeada por las mujeres de su nueva familia política y cubierta de velos que le impiden ver lo que se cuece. Y digo “cuece” porque a estas temperaturas y bajo todas esas capas de poliéster es lo que los cuerpos experimentan.

Todas subimos por la parte de atrás a lo que sería el equivalente al lugar del coro en una iglesia, mientras que los hombres se encuentran en la parte de abajo con el equivalente al cura.

Comienzan los rituales; primero le airean el Corán en la cara, luego encienden un par de cirios y a continuación cada una de las mujeres casadas frota dos piedras sobre la cabeza de mi amiga, unos cinco minutos cada una. Y de vez en cuanto cantan algo.

Onu se supone que mientras tanto tiene que ir leyendo páginas del Corán. Después sube el cura y le hace una especie de entrevista, en la que ella tiene que aceptar el Islam como su nueva religión y aceptar casarse con el chico a cambio de una cantidad (algo así como catorce mil rupias) que recibirá en cualquier momento de su vida. Dicho esto hija y madre firman un contrato y el cura se va.

Las tías tiran una bandeja de frutos secos y piedras sobre la cabeza de la novia y el resto las reparten entre las asistentes (unas 10 mujeres). A continuación el novio sube cubierto de flores de jazmín y otros elementos decorativos, pone su mano sobre la cabeza de la novia y dice algún rezo.

Tras unas cuantas fotos, ambos bajan a otra pequeña habitación seguidos por las mujeres. A Onu también la cubren de flores y otra vez le ponen los velos, y los dos, de rodillas en el suelo se agarran y se inclinan unas cuantas veces a tocar el suelo con la frente mientras el resto dice algún ¿salmo? … que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, Señor.

Ya son marido y mujer, los asistentes les damos la enhorabuena (Onu sigue sin ver nada y con cientos de flores colgando de su cabeza). Todos vamos a casa del novio a hacer más fotos y después se les deja solos una hora, para que consumen el matrimonio.

Mientras, los invitados acuden al salón de bodas, dónde tendrá lugar otra celebración, esta vez con Onu vestida con su ghagra choli, maquillaje, joyas y demás, y a continuación la cena típica; arroz con carne.

Jan y yo cenamos rápido y nos perdemos la celebración, porque tenemos que coger un bus a Pondichery. Una vez en la estación Mr. Indeciso vuelve a llamar, que todavía no sabe si venirse a Pondy o no, a media hora de que salga el bus, él es así. En verdad lo hace para quitarle hierro a la despedida de esta mañana.

Así que aquí estamos, Jan y yo, continuando nuestra luna de miel.

Mysore

mayo 26, 2010

26 de Mayo de 2010

En Karnataka, estado en el que me encuentro, las indias se arreglan más que en ningún sitio. Todas llevan sus saris de crispy silk, las bangles a juego y el pelo recogido en trenzas cubiertas de flores de jazmín.

El día en Mysore ha sido estupendo. Por la mañana Utsav me ha puesto en un tuc tuc camino de la estación de Bangalore, dónde he cogido el bus a Mysore. Bus estatal, de esos que parecen que se van a desintegrar a mitad de camino. Jan me ha recogido en Mysore y hemos desayunado el plato south indian por excelencia; masala dosa.

Tras una ducha rápida en el hotel hemos dado un paseo hasta el punto clave de Mysore; el palacio del Maharaja. Un palacio estilo inglés de 1912. Aquí todo el mundo da por hecho que estamos de luna de miel (por qué otro motivo viajaría una chica de mi edad sola con un chico?), así que se dan situaciones cómicas, pero sí, podríamos estar de luna de miel, de no ser porque los dos tenemos a nuestras parejas esperando en Maharastra.

La segunda atracción de Mysore es el mercado Devaraja, el lugar más colorido, alegre, curioso y con mejor olor que he visitado en toda la India. Pese a tener sus correspondientes pasillos de cebollas, fruta, bangles y especias, hay algo que lo hace especial; las flores. Todas las mujeres de la pequeña ciudad se deslizan con sus saris por las callejuelas del mercado comprando flores al peso, guirnaldas para sus celebraciones o tiras de jazmín que perfumen sus negras melenas.

Por supuesto yo me apunto a la tradición, es imposible resistirse.

Con el calor que hace (todos los años en la India hay 9 días declarados los más calurosos del año, en los que incluso las madres prohíben a sus hijos salir a la calle, y este año son los últimos días de Mayo), decidimos comprar unos mangos y algo más de fruta y subir a comer a Chamundi Hill, un templo de peregrinaje en lo alto de una colina a 13 Km de Mysore. Todo iba bien, encontramos unos árboles en el patio de un colegio bajo los que disfrutar los mango con vistas a la ciudad. Compartimos unos plátanos con niños que viven en la colina, y de repente, nuestra comida se vio interrumpida por lo más sagrado que hay en la colina. No, no fue el dios Chamundeswari, fue una vaca.

La vaca en cuestión se nos acercó por la espalda y en menos de un minuto se hizo con un par de manzanas y el último trozo de mango que no dudó en arrancar de mis manos. Pero como es una vaca sagrada, cualquiera se lo impide! Pasado el susto nos dio por reír, pero nos quedamos con algo de hambre…

Tras el incidente nos dirigimos al templo, dónde una cola de fanáticos se da empujones bajo el sol. Decidimos saltarnos la visita, total, ya hemos cumplido con los dioses por hoy.

Pero la historia no acaba aquí, Jan llevaba una bolsa con los plátanos sobrantes, y aquí es dónde entran en acción los monos. Porque si hay algo que no falta en templos, fuertes y cuevas, son los monos. Y uno de ellos se lanza hacia la bolsa, la desgarra y tira de los plátanos. Con lo que el resto de la manada, al verlo, empieza a correr hacia nosotros dando gritos. No nos quedó más remedio que soltar la bolsa y correr colina abajo.

De vuelta en la ciudad decidimos ir a la catedral de Santa Filomena, una de las más grandes de India (of course). Por supuesto no faltan las luces de neón en el altar formando cruces, palomas y demás símbolos cristianos.

Tras esto sólo podemos sentarnos en CCD bajo el aire acondicionado, reponer energías con un café y volver al hotel a decidir dónde cenamos asesorados por nuestra inseparable amiga desde el primer día; la Lonely Planet.

Pass Time

abril 19, 2010

19 de Abril de 2010

“Pass Time” es la expresión más  utilizada por la población india de mi edad. Porque aquí si hay algo que tienen es tiempo, y de alguna forma hay que pasarlo, así que todo lo justifican así. Se levantan por la mañana y no saven que hace; a comer pollo a 80Km. Los zumos Fantasy no abren hasta las 8; a comer pollo a KFC. Que no les dan las notas hasta dentro de 5 horas; a rezar al templo. Que cancelan la clase un viernes; improvisan viaje a Goa. Que están en casa aburridos; montan un desfile de moda, o representan una película de Bollywood…

Aunque en la mayoría de los casos el “time pass” suele incluir pollo y cerveza.

Después de comer en Guptaji lo de siempre y tomar el zumo/postre en Anna, echamos una siesta en Spacia, porque estos días hace tanto calor que no se puede estar en la calle hasta que cae el sol.

La tarde la pasamos en Aundh de compras; Abhishek, Nivedita, Rahul, Rohit y Yo. Las compras eran para Rahul, el resto vamos de asesores para que compre unos calzoncillos. Si, dos horas para eso, pero… alguien tiene algo mejor que hacer??? Cena temprana (porque es lunes, y Nivedita ayuna, pero puede cenar, así que la cena es a las ocho de la tarde) en un vegetariano (porque los días de ayuno no pueden comer carne). Aquí lo normal con las familias más religiosas es que ayunen al menos un día a la semana, según el dios al que más veneren. Y luego hay otros días que no pueden comer carne. Es algo así como; el lunes ayuno, el martes arroz, el miércoles puedo comer pollo, y el viernes también. Y luego están los colores de la ropa; Nivedita es brahmin, y por lo visto cada día de la semana debería vestirse de un color; Lunes blanco, luego verde, después naranja… No recuerdo exactamente que color es cada día, y ella no lo sigue en absoluto.

De camino al cine paramos a por un ramo de rosas blancas. Y llegamos a ver la película, a la que se unen Amruta y su cuñada. Vemos Hurt Locker, para añadir un poco de tensión a la que ya existe en la sala. Y ambas se despiden a la francesa, así que aquí acaban mis intentos por mantener una relación cordial con la amiga de mi chico. Como diría mi prima Raquel; Que le den!

Delhi – Amritsar

abril 5, 2010

5 de Abril de 2010

Nuestro vuelo a Amritsar en principio era a las 14:20, pero hace una semana Kingfisher Airlines llamó para retrasarlo una hora, y esta mañana han llamado a retrasarlo otra más, así que como tenemos tiempo nos vamos de excursión a Qutb Minar.

La torre se construyó para proclamar la llegada del Islam a la India, y está en un complejo lleno de arquitectura afgana, en el que también se encuentra lo que queda de la primera mezquita que se construyó en el país. El lugar es bastante tranquilo porque está situado a las afueras de la ciudad. La audioguía es muy graciosa (disponible en Castellano); una niña va contando la historia del lugar con ayuda de un señor mayor.

Cogemos otro tuc-tuc al aeropuerto. El estúpido del conductor, en vez de coger la autopista directa a la salida de Qutb Minar, decide callejear (sin sentido, puesto que el precio estaba cerrado). Cada día odio más a los conductores de rickshaw, y mira que yo nunca he sido de odiar a nadie. Para rematar la jugada, en el carril opuesto se ha quedado atascado un camión, bloqueando la carretera entera unos 5 Km, y por supuesto todos los vehículos de ese sentido ahora se meten por el nuestro, haciendo imposible la circulación. Nosotros 3 cabemos justos en el tuc-tuc, lo que con el calor y la polución se hace incómodo, pero a esto le sumas el atasco y los pitidos (a los que mis progenitores no están acostumbrados) y acaba con cualquiera, así que viendo que se me deshidratan no me queda otra que bajarme a por Bisleri bien fría en cuanto veo una tienda.

Tras la agonía llegamos al Aeropuerto Internacional Indira Ghandi, el que pone en nuestros billetes, y nos dicen que allí no es, que tenemos que ir al Doméstico.

– Ya, pero es que en los billetes pone Aeropuerto Internacional, Terminal 1.

– Lo siento señorita, pero es que la terminal 1 es el Doméstico, que también se llama Aeropuerto Internacional Indira Ghandi.

– Me está diciendo en serio que al internacional y al doméstico les han puesto el mismo nombre, incluyendo el adjetivo “International”.

– Si señorita.

Sin más. La otra terminal está a 5 km, en tuc-tuc. Y encima el conductor quiere 100 rupias extra. Pero bueno, mientras llaman de Kingfisher otra vez, que han retrasado el vuelo una hora más. Ya van 3.

Por fin llegamos a la terminal correcta. La señorita de Kingfisher dice que de indemnización naranjas de la china. Que no sabe a que hora va a salir el vuelo, pero que hoy sale seguro. Y que es un problema técnico, que lo están solucionando. Lo siento, pero no me lo trago, cómo van a llevar solucionándolo desde hace una semana??? Y la única opción que me da es que no volemos y me devuelve el importe íntegro.

Será inútil! Y perder mis diás en Amritsar! Y quien me devuelve el dinero del hotel de allí? Y esta noche dónde dormimos? Si es que una empresa que se dedica a hacer cerveza no puede abrir una línea aérea!

Decidimos hacer el check-in, porque tampoco teníamos muchas más opciones, y esperar… A mí me siguen llegando mensajes al móvil cada media hora de nuevos retrasos. Lo único que hacen para calmarnos es mandarnos a merendar a una cafetería, con menú cerrado: sándwich de curry. Mis padres no se lo tiraron a la cabeza a Vijay Mallya porque no lo tenían delante.

Finalmente despegamos a las 19:30, en una avioneta de menos de 100 plazas que no llegaba a tener un 25% de ocupación. Es decir, como no tenían pasajeros suficientes juntaron todos los vuelos del día en el último.

Llagamos a Amritsar. Directos al Golden Temple, que por algo íbamos sin equipaje. Antes de entrar dejas los zapatos en consigna, te enjuagas los pies y te tapas la cabeza. En el caso de las mujeres con el sari o la dupatta, los hombres llevan turbante, y para los turistas tienen pañoletas naranjas, muy poco glamorosas, pero para echarse unas risas están estupendas! El templo maravilloso, y el refulgir reflejado en el agua por la noche una maravilla. Además llegamos justo a tiempo para ver la ceremonia en la que ponen al libro a dormir (todo este ritual ya lo expliqué: https://sugarlane.wordpress.com/2010/03/25/ ), a mi me cogió uno de los encargados, muy amables, y me metió detrás del altar para recibir la bendición del libro, porque allí los fieles pierden cualquier noción de educación que tengan y se meten en el templo a codazos y empujones, saltando por encima de ti si es necesario, para no perderse los cánticos del final, y después lo sacan en procesión (cual San Bartolomé) sólo los hombres por la pasarela sobre el agua hasta otro de los edificios dónde lo acuestan.

El hotel Ista magnífico; el edificio muy bien decorado, el personal impoluto, todas ellas con su sari formal, los labios rojos y una flor en el pelo. Todo muy zen. Las habitaciones extraordinarias y el sushi del restaurante muy bueno (yo es que llevaba con antojo de sushi meses).

Gurudwara

marzo 25, 2010

25 de Marzo de 2010

Hoy he asistido por primera vez a una Gurudwara. El equivalente Sikh a la Iglesia.

Mi amiga Archana y su familia son Sindhis, una de las comunidades indias. En origen los sindhis proceden de Sindh, una de las cuatro provincias de Pakistan. Tras la independencia y la división de India, en 1947, un gran número de musulmanes indios se trasladó a esta provincia, mientras que muchísimas familias sindhis hindúes se refugiaron en India, dónde el gobierno les cedió zonas de residencia a las afueras de las ciudades. La familia de Archana fue una de las que vinieron aquí y se instalaron en Pimpri (dónde yo vivo), junto con el resto de su comunidad.

Además de ser sindhi, mi amiga es Sikh. Es decir, su religión es el sikhism (o sijismo), una variante del Hinduísmo con mezcla del Islam. El 75% de los sikh se encuentran en Punjab, uno de los estados al norte del país, en la frontera con Pakistán, y su Gurudwara más importante es el Golden Temple en Amritsar.

El día para visitar la Gurudwara por la familia Jhamtani es el jueves, y antes de ir al lugar de oración cocinan platos especiales, se duchan, meten las cacerolas al coche, paran a mitad de camino a comprar guirnaldas de flores y llegamos al lugar.

Lo primero es cubrirte la cabeza, y por supuesto ir bien tapado. En el caso de los hombres con su turbante y vestidos de blanco. En la entrada te quitas los zapatos (esto es obligatorio en cualquier templo), te lavas las manos en el lavabo, y entras caminando despacio por la alfombra central hacia el takht (altar), dónde depositas dinero y flores a modo de ofrenda y las cacerolas llenas de comida para que sean bendecidas. Y a continuación lo rodeas en sentido de las agujas del reloj y te diriges a tu sitio.

En el takht descansa el Guru Granth Sahib; libro sagrado con las escrituras Sikh, y único protagonista en una Gurudwara (o al menos hasta que llegó una servidora).

A un lado de la alfombra que divide la estancia en dos se sitúan los hombres, y un pequeño escenario en el que el cura y unos músicos ambientan la ceremonia con los cantos típicos. Al otro lado de la alfombra se sientan las mujeres. Todos sentados en el suelo, con las piernas cruzadas, la cabeza cubierta, recién duchados y sin poseer sustancias tóxicas en su cuerpo; nada de carne, nada de alcohol y nada de tabaco.

Mientras los cánticos prosiguen, una persona está continuamente en el altar con una especie de plumero limpiando el aire. La ceremonia en sí tiene como objetivo principal dormir al libro sagrado, que aquí es como un dios. Primero el libro está en el altar bajo unas sábanas, a continuación lo decoran con guirnaldas, después le cambian las sábanas, el cura lee unas páginas y vuelve a envolverlo, y por último, hay que mecerlo para que se duerma. El honor de dormirlo hoy le toca a mi casero, y hermano de Archana, el cura coloca el libro (y con libro me refiero a un libraco de un metro por sesenta centímetros y veinte de ancho) sobre la cabeza de Monty, quien tiene que caminar dando la vuelta de rigor alrededor del altar, mientras su mujer camina tras él limpiando el aire con el plumero. Tras completar la vuelta mientras todos cantan y nos agachamos a tocar el suelo con la frente, ponen el libro en su cuna y queda concluida la ceremonia.

A continuación llega la parte más india del evento. Las familias cogen sus cacerolas y las guardan en el coche y algunas, según la organización del día, las colocan sobre sillas a la salida montando algo así como la fila de un comedor de colegio. Te dan tu bandeja desechable, arroz, dhal, pav bhaji, fruta y agua de rosas. Una vez fuera cada uno se come su plato a modo de aperitivo y después volvemos a casa y cenamos la comida casera bendecida.

Ringin’ Bells

marzo 3, 2010

3 de Marzo de 2010

Anoche volvió Rohit de Mumbai. Me ha regalado una campanita para llamar a los dioses mientras hago aarti. También tiene historia, que algún día contaré.

Y a mi chica de la escalera (porque también hay una doncella para la escalera, que es la que se lleva la basura) le he dado una buena propina por Holi, porque me cae muy bien, y cada mañana me dedica la mejor de sus sonrisas. Se ha ido dando saltos de alegría. Mucho más dulce que Subanghi, que solo me grita como si fuese sorda!

Por la tarde he ido al cine con Archana a ver Karthik calling Karthik, el último desvarío de la industria cinematográfica. La banda sonora es genial, pero a los guionistas se les fue la olla.