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Incredible India!

agosto 12, 2010

12 de Agosto de 2010

Hace un año llegaba a la India, yo con mi maleta rosa, sin tener la más remota idea acerca de lo que me esperaba.

Hoy también se cumple un mes de la fecha de mi regreso a España, así que ha llegado el momento de hacer balance y cerrar capítulo.

Dicen que la India te cambia. Yo no fui allí con esa intención, no lo encaré de forma espiritual, como tantos occidentales que llegan al país buscando la iluminación, ni tampoco me fui en plan hippie a tirarme en las playas de Goa y mantenerme haciendo pulseritas. Tampoco es que fuese con la intención de estudiar mucho marketing, pero si que me fui a aprender… aunque sin saber muy bien el qué.

Y aprendí. Muchísimo. Desde cómo comer con las manos a cómo comportarse en un templo. Aprendí a conducir una moto en el caos absoluto, a cantar el himno nacional al inicio de cada evento o película, a tener paciencia, a improvisar, a olvidarme de la agenda, a depender de la gente y a pedir ayuda, y a aceptarla incluso cuando creía no necesitarla. Aprendí lo complicada que es una sociedad dividida en castas y con unas tradiciones tan arraigadas, y lo complicado que es un sistema político basado en la corrupción y en los lazos de sangre. Me dí cuenta de lo importantes que son cosas tan básicas como el agua o la luz, y lo absurdo de la importancia que la sociedad da al tono de piel. Aprendí el poder que tiene el cine en una sociedad tan desigual, y lo hipocresía del amor bollywodiense en un país dónde los padres compran a sus hijos mujeres con la ayuda de los anuncios en el suplemento del periódico. Aprendí lo afortunada que soy por ser una mujer nacida en un país dónde mi único deber en la vida no sea encontrar un buen marido antes de los 25 y darle muchos hijos, a poder ser varones, y lo afortunada que soy por poder decidir cada mañana lo que me pongo, sin que una minifalda y unos tacones me conviertan automáticamente en una prostituta. Aprendí que no hace falta ser un niño para poder jugar, ni ser adulto para trabajar.

Aprendí a apreciar la India tal y cómo es, con sus contrastes y sus mezclas agridulces. Con sus millones de dioses, de sabores, de colores y de olores. Con el polvo y las lentejuelas, con los palacios de maharajaes y puestos callejeros de pani puri, con viajes en trenes locales y en motos de 250.

Y la última noche, en Mumbai, Utsav me preguntó qué había sido lo mejor de la India. Y la respuesta es muy sencilla. Podría haber dicho el Taj Mahal, el olor a jazmín de Mysore, los anacardos de Goa, los cánticos del Templo Dorado, los abdominales de Sahid Kapoor, el tigre blanco o los lagos de Bhopal. O quizás el Cad-B, o el helado de Gulkan, la puesta de sol en Pondichery, las sedas que me han hecho perder la cabeza, el masala chai, las cascadas de Lonavla durante el monzón, la brisa nocturna en Marine Drive, los cosmopolitans de Malaka Spice, las fresas de Mahabaleshbar, los bailes indios o conducir sin casco con la melena al viento. Pero no, lo mejor de la India es la gente, todos esos amigos que me han cogido de la mano para cruzar la calle, que me han llevado a descubrir la comida que sabrían que me gustaría, los que me han protegido del sol, me han hecho divertirme “como los indios”, han cuidado de mí cuando he caído enferma o de la moto, han cruzado medio país para despedirse o para comer conmigo, los que me han explicado con infinita paciencia cada tradición, mito o costumbre que mi mente europea no lograba digerir, los que han estado en todo momento, cuando los necesitaba y cuando creía que no, cuando estaba mal y cuando estaba bien. Ellos han sido lo que me han hecho quedarme en la India todo el año en vez de sacar el billete de vuelta al primer desencanto. Y en especial el que hacía la pregunta. Pero no sólo los amigos son parte de esa gente, si no todas esas personas que sin conocerme de nada, desde camareros a vendedores, recepcionistas o niños que cruzaban la calle, y muchos de ellos siendo tan pobres como para no tener zapatos, me han dado lo mejor que tenían; su sonrisa.

Corte de pelo

junio 6, 2010

6 de Junio de 2010

Mi vecina Jyoti es una caprichosa y una consentida.

Bueno, supongo que no es culpa suya, si está todo el día en casa sin hacer nada y su marido trabajando para ganar dinero y hacerla feliz, pues ella vive para pedir.

Ella solo cocina, ni limpia, ni plancha, ni tiene hijos que criar. Y cocina porque el marido no come nada que no sea casero, porque si fuese por ella, comerían fuera todos los días. Tiene, como buena india que es, su doncella todas las mañanas, que limpia y lava la ropa, y dice que no le gusta planchar, así que el marido se plancha lo suyo y ella lleva su ropa al planchador.

Como se pasa la vida sola, yo de vez en cuando me la llevo a dar una vuelta, y hoy me ha pedido que la llevase a la peluquería, porque tras meses de discusiones sus suegros le han dado permiso para cortarse el pelo un poco.

Pero primero hemos ido a comer. Yo he decidido ir a Polka Dots porque ella no sugería nada, y según aparcamos pone mala cara. Y pregunta si el sitio es vegetariano (porque ella es Jainista, y no pueden comer nada que dañe a un ser vivo). Le digo que no, pero que, como todo restaurante de este país, tiene carta vegetariana también. Pero sigue poniendo pegas y pregunta si tienen diferentes cocinas, porque si cocinan su comida vegetariana en la misma que la carne, ella no puede comer…

Así que viendo que no estaba por la labor, le digo que se suba a la moto y que buscamos un restaurante solo vegetariano. Y ella me va dando indicaciones hasta llegar a Pizza Hut. Con un par! No puede comer en Polka Dots pero en Pizza Hut si, cómo si tuviesen una cocina para la pizza con pollo y otra para la vegetariana! Qué cara más dura!

Y es que esta mujer es adicta a la comida basura, así que no le importa que el que corta el pollo le haga la pizza… De hecho hay días que ella quiere cenar en McDonalds, pero como el marido solo come casero la lleva a que cene y a la vuelta ella le hace la cena a él.

Y yo que estaba soñando con la ensalada de Polka Dots tengo que renunciar a ella porque me dice que compartamos pizza, así que ella elige y yo trago, y tiene que se mediana porque la quiere con el borde relleno de queso y esa no la hacen pequeña.

Así que llega la pizza, de las 6 porciones se come una a la que le quita el champiñón, el maíz, y el pimiento, es decir, come pizza de tomate y mozzarela. Y el borde se lo deja! Y a mi me hierve la sangre porque no soporto que se tire comida a la basura, y menos a la gente caprichosa que come con los ojos y destroza comida.

Le digo al camarero que me ponga las sobras para llevar y la cuenta se paga a medias, porque a veces la invito, pero hoy se ha pasado tres pueblos y el Pizza Hut no va barato, así que a ver si para la próxima aprende.

Llegamos a la peluquería (o debería decir salón?) de Jawed Habib, algo así como el Llongueras indio, y descubro una nueva especie: Los peluqueros gays indios, porque hay una gran diferencia entre el barbero que corta el pelo en la cuneta debajo de un árbol con una caldereta, y el séquito de gays hiperdivinos con sus melenas brillantes a tono con sus camisas negras, vaqueritos apretados, cinturones de imitación de D&G y zapatos de chupame-la-punta de imitación de cocodrilo. El acento indio intentando hablar inglés cual la reina de Inglaterra es lo más cool que se ha oído en la historia de Pune.

Y yo que he salido de allí monísima con mi corte de pelo pijo, sigo impactada. Lo primero por haber conocido a indios con el pelo largo, que aparte de un amigo rocker de Mumbai, son los únicos melenas que he visto en 10 meses. Y lo segundo por ver que la ley que hace un año permitió la homosexualidad en India, está dando sus frutos. Eso sí de momento el colectivo se limita al mundo de la moda y al de la peluquería, pero bueno, parece que el país si se está modernizando y abriéndose de mente.

Tonos de piel

mayo 31, 2010

31 de Mayo de 2010

Hoy hemos decidido tomárnoslo con más calma.

Paseo hasta Hot breads para desayunar otro croissant y después otro paseo hasta French Delicacies. De ahí decidimos pasar el día en la piscina, y un francés nos recomienda la de la azotea del hotel Athiti. Nos cobran 400 rupias por 2 horas, lo que comparado con las 300 por todo el día en Solaris es una pasada, pero merece la pena.

Donde acaba la piscina empiezan las vistas al mar, y de momento estamos solos, así que tranquilidad absoluta. Es un lujo poder estar en bikini sin cuarenta ojos indios observándote.

Tras una hora se nos acaba la paz, y llega una familia entera, 2 niños, los padres, una hija y 2 cuñadas. Pese al cartel que anuncia bien clarito las normas de la piscina, ellos se las saltan y se meten al agua con la ropa puesta. Una de ellas con sweater de cuello cisne incluido. Lo de ducharse antes de entrar ellos no saben lo que es. Y la piscina comienza a soltar un olorcillo desagradable.

Y es que en la India, aparte de lo tapadas que tienen que ir las mujeres (de acuerdo con el machismo del país, porque los hombres se pueden bañar en calzoncillos si les da la gana), tienen el problema de la piel. Aquí hasta el último mono está obsesionado con tener una piel blanca, que comienza por cubrirse para que el sol ni los roce y termina por aplicarse todo tipo de productos de blanqueamiento.

El otro día en Pune, paradas en un semáforo, sólo estábamos una chica y yo. De la misma edad y con la misma moto. Pero ella india y yo española, lo que a las 12 del mediodía y con 42 grados daba como resultado una imagen cómica: yo con shorts y una camiseta de tirantes, embadurnada de bronceador, y sin cubrir la cabeza, y ella con sandalias con calcetines (eso es otra; aquí venden calcetines con el dedo gordo separado para poderlos poner con sandalias de dedo), guantes hasta el codo, la dupatta cubriéndole toda la cabeza menos los ojos, una chaqueta acolchada con capucha, y por supuesto su salwar kameez cubriéndo hasta el último centímetro de su cuerpo.

Los anuncios de tv aquí siempre muestran los mismos productos; jabón, desodorante, tintes para el pelo, motos, noodles Maggi, cemento, jabon de cara, refrescos, polvos de talco y cremas blanqueadoras de piel.

Jabón: desde pastillas de skip para lavar la ropa (aquí el que tiene lavadora es un privilegiado, la mayoría frotan en la piedra con su pastilla) hasta Dettol “be 100% sure” (jabón de manos que elimina el 100% de las bacterias. La higiene es una necesidad que aún está por cubrir en la India, así que los responsables de marketing se centran en ello.

Desodorante: siguiendo con la higiene. Lo del perfume para ellos no tiene mucho sentido, lo que es lógico en un país en el que si tienes dinero tienes que hacer alarde de ello (para qué gastar una fortuna en algo que no se ve?, y, seamos sinceros, con el olor de las calles tampoco se aprecia). Así que aquí los desodorantes son un boom, y a cuál más perfumado, el 80% de los perfumes que tenemos en occidente aquí lo tienen en desodorante; de Hugo Boss a Victoria Beckham, pasando por Chanel o Lacoste. Mi novio me preguntaba un día muy intrigado si sabía lo que era una botella de Adidas que le habían regalado en un estuche de desodorante y aftershave. Ni él ni ninguno de sus ocho compañeros de piso habían oído hasta ahora del Eau de toilette.

Tintes: aquí la mujer, por imposición, debe tener una melena larga y oscura que combinar con su sari en una trenza bien peinada. Las canas no están bien vistas, y aunque el porcentaje de la población que se tiñe con hena, quedándoseles el pelo anaranjado, es considerable, cada vez son más los que siguiendo los sabios consejos de Ashwarya Rai o cualquier otra estrella de Bollywood se tiñen con L’Oreal o Garnier.

Motos: Dirán que los trenes conectan India, pero a mi no me engañan, India se mueve en moto, y los publicistas lo saben.

Noodles Maggi; aquí lo del puré de patata no saben lo que es, si les hablas de Maggi ellos entienden noodles. Es la comida rápida por excelencia, incluso te los sirven en muchos restaurantes, y tiene sentido porque es la única comida rápida picante. Un vaso de agua hirviendo, añades los noodles, añades el sobre de masala, esperas 30 segundos y listo! “Me & meri maggi”

Cemento: esto es lo más surrealista. Vale que anuncien cemento en un país en desarrollo con todo lo que se está construyendo, y teniendo en cuenta que aquí hay empresas constructoras, pero la mayoría de casa se las hacen ellos mismos. Lo chocante es la forma en la que lo anuncian: con tías buenas (vale puede que los obreros tengan fama de piropear a las mujeres, pero eso no lo justifica). El que se lleva la palma es así: Una tía buena sale del agua con un bañador rojo, una mezcla entre escena de chica Bond y de los vigilantes de la playa, se sacude la melena mojada y ahí acaba el anuncio.

Jabón de cara: en ningún país encontrarás tanta variedad de face-wash como aquí. Teniendo en cuenta la polución que hay, que la el 90% de la población se mueve a pie, en tuc-tuc o en moto, y que con el calor que hace se suda mucho, lavarse la cara para ellos es como lavarse los dientes para nosotros. A esto hay que añadir la gran tradición india; “freshen up”. Aquí en cuanto llegas a casa de alguien, tras descalzarte, lo primero que te ofrecen es el lavabo y el face-wash de turno, porque dan por hecho que llegas sudando y lleno de polvo (cierto), y cuando terminas de lavarte la cara ya te están esperando con un vaso de agua.

Refrescos: algo relativamente nuevo, dado que para vender refrescos es necesario en primer lugar una nevera, que en nuestro mundo será algo básico, pero aquí no, yo soy la única estudiante de mi grupo que tiene, y en segundo electricidad, otra cosa básica que aquí no lo es tanto. Pero en cualquier caso los indios se pirran por un refresco, porque aunque sea el país del té, a quién le apetece una bebida hirviendo con estas temperaturas!?, y además el gas provoca eructos, lo que ellos interpretan como señal de satisfacción tras la comida. Así que tanto actores y actrices como estrellas de cricket se encargan de publicitar Pepsi y Thumbs Up!, la coca-cola india, además de 7up, Mirinda, Maaza, Fanta…

Polvos de talco: con el sudor y la humedad es lo único que evita los sarpullidos en todo el cuerpo, así que es el sustituto del body milk, incluso hay marcas que los hacen con sensación refrescante.

Cremas blanqueadoras: además de los jabones (en un 90% blanqueadores) y otros productos como el roll-on de cafeína de garnier (que también te blanquea las ojeras), si hay algo que toda madre hace utilizar a sus hijos, es Fair & Lovely para las chicas y Fair & Handsome para los chicos. Estas son las cremas indias preferidas para blanquear la piel, que aquí se usan en lugar de hidratantes, pero todas las marcas internacionales han costumizado sus productos a las exigencias locales, así que da igual Ponds, L’Oreal, Garnier, Olay, Nivea, Dove o Lakme, aquí todas son con agentes blanqueantes, para hombre y para mujer. Y los anuncios te dejan catacrocker: Una chica entra en un despacho para una entrevista y no la cogen, utiliza la crema de turno durante 15 días (hasta 4 tonos menos!) y vuelve a la entrevista, el puesto es suyo. Lo triste no es el anuncio, lo triste es que la realidad del país es esa; cuanto más clara tienes la piel, más oportunidades. Y nadie puede decir que su piel es de ese color de nacimiento, porque todos usan blanqueadores, es realmente difícil encontrar una crema hidratante o un jabón que no te aclare la piel.

La comida consiste en crepes, y la cena, en el mejor restaurante francés de la India; Le Club, en una hamburguesa (de ternera!) a la pimienta. Y de postre… si, más crepes de banana y chocolate!

Y ahora estamos en el bus, de vuelta a Bangalore, haciendo caso omiso a los ruegos de mi novio y con la piel cuatro tonos más oscura en 3 días!

Acosada

mayo 17, 2010

17 de Mayo de 2010

Estoy harta.

Harta de chicos indios que se acercan a mí sólo por el hecho de ser blanca (y por tanto una fresca, según ellos).

Lleva ocurriendo desde el principio, y no sólo a mí, a todas las europeas que estamos aquí, pero conmigo el número de acosadores ha llegado a límites insospechados. Se hacen con mi teléfono de alguna manera y empiezan a llamar y enviar mensajitos.

Al principio guardaba los números en la memoria para tenerlos controlados:

–       Mr. Friendship: “Por favor, por favor, contesta a mis mensajes, sólo quiero ser tu amigo”

–       Mr. Handsome: “Tienes que darme una oportunidad, soy el chico más guapo de tu curso”

–       Mr. Late Night: Este llamaba a partir de las 12 de la noche, también buscando amistad.

–       Mr. Good Guy: “Sé que no me conoces, pero soy un buen chico, por favor, podemos quedar?”

–       Mr. Sacrifice: “De verdad, Sara, tienes que darme una oportunidad, no sabes todo lo que he tenido que hacer para conseguir tu teléfono, y no me atrevía a llamarte hasta ahora”

–       Mr. Hotel Management: “Soy un chico del Instituto de Hotel Management  de al lado de Indira y te veo cada día pasar vestida de india, podemos ser amigos?”

–       Mr. Polite: “No entiendo por qué eres tan dura conmigo, yo soy muy educado y te escribo mensajes bonitos y tu nunca me respondes”

–       Mr. Moon: “Tampoco puedo tener la luna, y no por eso va a dejar de gustarme”

Tras esta colección de elementos, decidí que era suficiente y dejé de coger llamadas de números desconocidos. Pero los mensajes siguieron. Cada semana aparece un nuevo candidato en la lista. Todos diciendo lo mismo, que quieren ser amigos, ninguno se atreve a venir y hablar conmigo a la cara, y por más que les explicas que la amistad es algo que surge, y que no la pueden forzar y que no tienen ninguna razón para querer ser amigos míos, y les dices que dejen de llamar o bloquearás su número, con ellos es imposible, porque les digas lo que les digas, al final del día eres blanca, y hagas lo que hagas, lo seguirás siendo.

Y pese a que ninguno de los indios que conozco se atrevería a llamar a una india y pedirle directamente una amistad, a mi me llaman de madrugada, porque cómo soy extranjera, seguramente soy una zorra.

Y la culpa de todo esto quién la tiene? (aparte de la represión social, que hace que en cuanto ven un trozo de carne se descontrolen) En primer lugar, una vez más, Bollywood, porque es lo que les cuentan. Y en cualquier película que intervenga una extranjera va a ser en Goa para un lío de una noche, porque somos así de fáciles. Y qué te vas a esperar de una chica que se pasea por la playa en bikini? Y cada canción en la que salen extranjeras bailando, no hay más que ver los modelitos que les colocan, recién sacados de la calle Montera. Y en segundo, las compañías telefónicas. Porque lo ponen muy fácil, porque te suelen regalar unos 100 sms al día, y las llamadas son tan ridículamente baratas y la gente tienen tanto tiempo libre que se pueden dedicar a llamarte cada media hora. Qué malo es el desocupo!

Y esa es otra, aquí el que te llama o te manda mensajes, no se cansa, lo hace cada media hora. Uno de ellos pregunta “Qué pasa?” unas tres veces al día, ya le dije, que no le puedo contar que narices pasa cada minuto de mi vida, pero a él le da igual, él sigue preguntando. Y es que el flirteo aquí no saben lo que és, ni el orgullo tampoco. Porque les da igual que no contestes o que los mandes a la mierda, ellos siguen rogando, suplicando y arrastrándose para que les des su soñada oportunidad.

Y el último se ha pasado de la ralla. Tras “enamorarse” de mí (porque lo de enamorarse también lo sacan de Bollywood y tienen el concepto un poco difuso) el primer día que pise el gym (2 de febrero), se decidió a hablar conmigo su último día de suscripción, hace una semana. Y como nos presentó una compañera, y parecía un chico majo, pues le dejé que me agregase a facebook, de ahí se hizo con mi número, y ya está liada.

Yo le digo que no tengo tiempo, que ya lo llamaré cuando pueda quedar. Y sigue insistiendo (y con insistir me refiero a una media de 23 sms diarios en los que intenta presionar en plan “o quedas conmigo o me quito la vida” y otras tantas llamadas perdidas) día tras día. Y ya me pongo seria, le digo que se está pasando, que no puede forzar una amistad y que se ha puesto tan cansino que ya no quiero quedar con él. Y pide perdón 800 veces (esto también se les da muy bien, aunque no los sienten en absoluto) y suplica otra vez. Y le digo que aprenda a ser paciente y que no me llame ni me escriba, que si algún día me aburro y me apetece un café, ya lo llamaré. Promete esperar.

A los 5 minutos me habla por facebook: “oye, que voy a ser paciente y voy a esperar tu llamada, pero mientras podemos hablar por facebook, no?”. Este además de no tener orgullo, no tiene cerebro. Y entonces es cuando lo mando a la mierda, y me dice que no hay necesidad de ponerse así, que le podía haber dicho que no tenía tiempo o inventarme una excusa para no herirlo. Encima ahora soy yo la mala! Y me dice que se va a su pueblo dentro de unos días y que tenemos que quedar pronto. Juas! Lo lleva claro.

Estoy realmente harta. Quiero poder salir en tirantes y shorts a la calle sin que el resto de la ciudad se crea que soy una puta. Por el amor de Dios! Vivimos a 47 grados centígrados!

Pass Time

abril 19, 2010

19 de Abril de 2010

“Pass Time” es la expresión más  utilizada por la población india de mi edad. Porque aquí si hay algo que tienen es tiempo, y de alguna forma hay que pasarlo, así que todo lo justifican así. Se levantan por la mañana y no saven que hace; a comer pollo a 80Km. Los zumos Fantasy no abren hasta las 8; a comer pollo a KFC. Que no les dan las notas hasta dentro de 5 horas; a rezar al templo. Que cancelan la clase un viernes; improvisan viaje a Goa. Que están en casa aburridos; montan un desfile de moda, o representan una película de Bollywood…

Aunque en la mayoría de los casos el “time pass” suele incluir pollo y cerveza.

Después de comer en Guptaji lo de siempre y tomar el zumo/postre en Anna, echamos una siesta en Spacia, porque estos días hace tanto calor que no se puede estar en la calle hasta que cae el sol.

La tarde la pasamos en Aundh de compras; Abhishek, Nivedita, Rahul, Rohit y Yo. Las compras eran para Rahul, el resto vamos de asesores para que compre unos calzoncillos. Si, dos horas para eso, pero… alguien tiene algo mejor que hacer??? Cena temprana (porque es lunes, y Nivedita ayuna, pero puede cenar, así que la cena es a las ocho de la tarde) en un vegetariano (porque los días de ayuno no pueden comer carne). Aquí lo normal con las familias más religiosas es que ayunen al menos un día a la semana, según el dios al que más veneren. Y luego hay otros días que no pueden comer carne. Es algo así como; el lunes ayuno, el martes arroz, el miércoles puedo comer pollo, y el viernes también. Y luego están los colores de la ropa; Nivedita es brahmin, y por lo visto cada día de la semana debería vestirse de un color; Lunes blanco, luego verde, después naranja… No recuerdo exactamente que color es cada día, y ella no lo sigue en absoluto.

De camino al cine paramos a por un ramo de rosas blancas. Y llegamos a ver la película, a la que se unen Amruta y su cuñada. Vemos Hurt Locker, para añadir un poco de tensión a la que ya existe en la sala. Y ambas se despiden a la francesa, así que aquí acaban mis intentos por mantener una relación cordial con la amiga de mi chico. Como diría mi prima Raquel; Que le den!

Fin del viaje y vuelta a la realidad India

abril 16, 2010

16 de Abril de 2010

Papá y Mamá se han ido bien temprano. Sin problemas de exceso de equipaje. Mi vuelo era  a las 2 de la tarde, con retraso de hora y media.

Como hoy han acabado los exámenes internos en Indira han venido a recogerme al aeropuerto Shirish, Archana y Aakash. Directos a Kalyani a celebrarlo en el sitio soñado por mi padre; KFC. Yo felizmente desayuné fuerte y me he pasado el vuelo comiendo cookies, así que entre eso y el calor no tengo nada de hambre. De ahí damos una vuelta por Lifestyle y hacemos alguna compra para hacer tiempo, porque se les ha antojado ir a tomar zumo de mango a Fantasy, que no abre hasta las 8.

A la salida cae una tormenta, que en estas fechas no toca, pero siempre se agradece. Llegamos a Fantasy, que sólo abre de 8 a 10 y se forma cola media hora antes de que abran, yo creyéndome que aquello iba a ser el local más glamuroso de Pune, y resulta que no, que ni alfombra roja, ni manager de parking, ni sillas de Philippe Starck, ni barra sicodélica luminosa, ni música rollo zen, ni camareros con sonrisas profident y camisas recién planchadas. Aquello es un chamizo de 2 metros cuadrados en la cuneta de la carretera, sin ningún tipo de espacio en el que hacer cola, ni sentarse, ni aparcar. Nos quedamos en el coche al otro lado de la carretera, Shirish cruza y pide y al rato viene el ayudante de turno con los cuatro vasos de batido de mango. Esta bueno, pero el que hace Anna enfrente de Guptaji no tiene nada que envidiarle, pilla más a mano, cuesta la cuarta parte, nos dan servicio VIP, y abre todo el día.

Por fin, tras horas de atasco que a mi se me hacen eternas, llegamos a Spacia, dónde mi novio está esperándome desde las 3 de la tarde. Y no hay momento cámara-lenta-melena-al-viento ni beso de película ni nada más allá de un abrazo muy “decente”, que dicen ellos. Porque aunque me haya pasado los dos últimos días en un centro comercial lleno de indias quinceañeras con minifalda paseando de la mano de sus chicos, aquello era una burbuja y era la capital. Y esto es la India cruda y dura, en la que tras dos semanas de separación no puedes comerte a besos a tu novio, porque como mi amiga Nivedita dice “esas cosas se reservan para el dormitorio”. Dormitorio que en este caso compartimos con otros dos habitantes de Spacia, así que cada uno en su cama y Dios en la de todos…  Y luego dicen que India es un país libre. Pues eso, será el país, porque los habitantes…

Delhi

abril 15, 2010

15 de Abril de 2010

Empezamos el caluroso último día del viaje en Jama Masjid, la mezquita más grande de Asia. Llegamos a la puerta 2 y mientras un hombre nos hace descalzarnos, otro nos da una especie de bata sucia a cada uno y nos pide 200 rupias por entrada. Le decimos que no hay que pagar entrada, así que no nos va  a engañar, y señala el tablón muy convencido, en el que pone que hay que pagar 200 rupias por cámara, así que le digo que es solo por la cámara y que no pagamos 600, que solo 200. El hombre se cabrea, nos arranca la bata de las manos y nos echa de allí a gritos y con muy malas maneras.

Caminamos a la puerta 3, que según la Lonely es la “tourist friendly” (lo que quiere decir que te venden calcetines por 50 rupias y sombreros de paja, y te cobran por dejar los zapatos). Y nos vuelven a contar la misma milonga; que 200 por cabeza. Pero estos por lo menos aceptan las 200 y nos dan la bata llena de polvo y sudor.

Entramos a la mezquita, que no es tan bonita como esperábamos, ni tan grande como se ve en las películas, lo que pasa que como los musulmanes se amontonan para rezar ocupando el espacio indispensable, pues la capacidad es bastante.

Salimos de allí rapidito, porque la gente no es nada amable, y hace mucho calor para estar discutiendo. Y ni siquiera puedes caminar fuera de la alfombra porque te abrasas los pies hasta con calcetines.

Y a la salida otra vez otro hombre pidiendo que paguemos por haber dejado los zapatos. Primero déjame que salga y vea si mis zapatos siguen ahí, y segundo, si quiero, te daré una propina. Pero no, él según te ve acercarte a la entrada te asalta con exigencias y a gritos, y pone la mano y gruñe.

No me ha gustado nada este sitio.

De ahí vamos a la pira funeraria de Gandhi, (parando a hacer un par de fotos del Red Fort) otra vez en mitad de un parque sin una sombra. Y el driver de hoy también nos pide 30 rupias para el parkin, otro que se va a quedar sin propina. A los paisajistas de aquí no se les ocurre plantar un árbol así los maten. Ellos venga césped y arbustos!

Y nuestro recorrido cultural acaba en la tumba de Humayum. Otro mini Taj Mahal. A mi me dan entrada de Indian Citizen, así que en vez de 250, pago 10 rupias, pero más que el ahorro me hace ilusión haber pasado por india!

De ahí papá dice que a comer al Hard Rock, que se está muy bien en el centro comercial con aire acondicionado. Y la verdad que sí, que a estas temperaturas no nos queda nada más que ver.

La no-boda

enero 25, 2010

25 de Enero de 2010

Sigo en Surat.

En menos de 2 horas he visto a 12 mujeres ponerse un sari. Es toda una ciencia. A continuación combinan todas las bangles, se ponen el bindi y el sindur y listas.

La fiesta ha sido como una boda: 150 invitados, jardines del resort decorados para la ocasión, mucha comida, corrijo; muchísima comida, música, bailes, regalos, y tantos colores que hasta un ciego se aturdiría. Algún día comentaré la indumentaria del evento.

Toda la familia espera a la entrada del resort según van llegando, tocándose los pies y bendiciéndose mutuamente (es una señal de respeto agacharse a tocar los pies a tus mayores y a continuación tocarte el corazón), hasta que la feliz pareja (en este caso talluditos) hacen su aparición. El padre de Jyoti tiene otros 3 hermanos, y uno de ellos es el homenajeado.

Todos recorremos los jardines siguiendo al matrimonio hasta el arco que da paso a nuestra zona reservada, dónde comienza una lluvia de pétalos de Marigold (la flor más típica de la India). Es como el arroz a la salida de la iglesia, sólo que aquí lo hacen al principio.

A continuación la pareja sube al escenario escoltados por 2 pajes (contratados para la ocasión) y se sientan en sus tronos de cara al público, que toma asiento en algo así como somieres y sillas de plástico (qué sería de este país sin las sillas de plástico!?). Una sobrina se sube al otro escenario (el de la música) y canta algo así como un salmo, llegando a notas tan agudas que ni los perros son capaces de escuchar. Otro familiar conquista el escenario con un discurso típico del padrino de las bodas americanas, sólo que sin sacar los trapos sucios del novio, porque aquí les va más el rollito “una paloma se posó en el alféizar de su ventana, y al oír su canto supo que los astros se habían alienado augurándole una docena de hijos”

Dicho esto, colocan una mesa en el escenario de los novios y todos los invitados subimos corriendo a presenciar como cortan la tarta bajo una lluvia de confeti que ya la quisiera Madonna en sus conciertos y se dan de comer unos a otros. En esta ocasión son más civilizados que en Indira y no se genera una guerra de merengue, que hubiese destrozado los atuendos de las indias.

Cuando volvemos a nuestros asientos comienza la “ceremonia”. La pareja repite el mismo ritual que hace 30 años; se colocan uno al otro una guirnalda de flores (Varmala) que simboliza el comienzo del matrimonio. Es el equivalente a las alianzas. Y aquí es cuando viene lo curioso; una vez los fotógrafos (porque, evidentemente, hay fotógrafo profesional y video) han inmortalizado el momento de los novios, los novios y sus hijos, y los novios con hermanos y cuñadas, empieza el mismo ritual de intercambio de varmalas pero con otro de los hermanos, a continuación los padres de Jyoti (foto de familia incluida) y por último el hermano pequeño. Porque, total, ya que montas la fiesta, pagas las varmalas, juntas a toda la familia (algo sin mucho mérito, porque normalmente las familias viven juntas) y contratas al fotógrafo, lo suyo es que cada pareja pueda colgar su foto de aniversario en el salón con un marco bien dorado y con muchas inscripciones.

Mamá, papá, ya sabéis; cuando celebréis el 30 aniversario, os subimos a un escenario a que os pongáis los anillos y después que desfilen todos los tíos y tías y se recasen.

Cuando acaba el reportaje fotográfico, porque seamos claros, todo el paripé que han montado tiene el único propósito de hacer un buen álbum de fotos, comienza el objetivo secundario de la fiesta; comer hasta reventar. Esta parte es más amena que la anterior. La cantidad de azúcar ingerida la desconozco, pero puesto que el alcohol brilla por su ausencia (lo primero por la casta, lo segundo por la religión y lo tercero porque estamos en Gujarat, estado en el que nació Gandhi y por lo tanto “dry”, es decir, seco), lo mínimo es que te dé un subidón de azúcar para seguir con la fiesta.

Y comienzan los juegos. Y esto es algo que me encanta de esta cultura, aquí no existe una edad para jugar, desde la abuela de 85 años hasta el niño de 3, todos juegan al escondite, a la silla, a bailar en un periódico, imitaciones, karaoke, pilla pilla y zapatilla por detrás. Yo gané a la silla, con todos los menores de 25 animándome para que no ganase su tío. Surrealista. Primero se agachan a tocarles los pies y horas más tarde se empujan y se roban las sillas. Ver a una india de 65 años y 95 kg caerse al suelo con su sari porque su sobrino le retira la silla un segundo antes de sentarse, es todo un espectáculo.

Después el matrimonio vuelve a los tronos y comienza el desfile de regalos. El maestro de ceremonias coge el micro y va anunciando (como si estuviésemos en el baile de cenicienta) los nombres de cada pareja. El chico sube por la izquierda, la chica por la derecha, se juntan frente a los tronos, hacen una reverencia y entregan su regalo. Él último es un regalo “sorpresa”, comprado por el mismo matrimonio (aquí tienen un raro concepto de lo que es el factor sorpresa), y que es muy grande para subirlo al escenario, así que suben una llave de corcho y mucha purpurina que simboliza el Marutti Suzuki. (Foto). Lo del coche en las bodas lo contaré en otro capítulo.

Tras los juegos, más comida. Se hacen grupitos y comienza el cotilleo. Que esto es igual que en todas partes. Unas critican el sari de otra, otras el precio del regalo de otros, las de más allá discuten sobre el porcentaje de oro que tiene el collar que le han regalado estos, y estos comentan los extras que lleva el Suzuki.

Y al final, como en todas las fiestas Indias, fuegos artificiales.

Surat

enero 24, 2010

24 de Enero de 2010

El viaje en bus de Pune a Surat os lo resumo: 13 horas en el autobús más ruidoso de la historia, imposible dormir, bastante frío, parada a cambiar rueda incluida, choque a las 3:30 am con la consiguiente discusión entre ambos conductores, probablemente bebidos.

La llegada, pese al agotamiento, ha sido, cuanto menos, cómica. Primero el rickshaw nos ha llevado a casa de una amiga de Jyoti para que se cambiase y se pusiera el sari, y de ahí a la casa de sus padres, donde comienza un baile de toqueteo de pies y bendiciones varias, que aquí lo de dar dos besos no lo consideran oportuno. Yo, como no me veo agachándome a tocarles los pies a toda esa gente, les doy la mano y sonrío.

La madre nos recibe y ordena a su nuera que nos traiga el té. Al rato llega el padre de Rajastán y nos sirven el desayuno. La madre cocina y la nuera es como la esclava, pero esa es la costumbre. Los hombres ni se cantean. El tío de Jyoti y su mujer también desayunan con nosotros, y una chica, que no se bien que parentesco tiene, pero mirándole las piernas bien podría ser descendiente de Lobezno. Por supuesto, nadie habla inglés. Pero yo cada día entiendo más  hindi. Eso, o que como toda la conversación gira en torno a mí, me imagino de sobra lo que dicen.

El desayuno es lo más parecido a una cena de Navidad española (en cuanto a cantidad y variedad), platos y fuentes de comida, dulce, picante, salado, amargo, bizcocho mojado en lentejas, zanahorias maceradas en leche con azúcar, albóndigas vegetales, fritos rellenos de… no tengo ni idea. Eso sí, todo sólido. Porque para qué llenar el estómago de agua si te puedes atiborrar a hidratos?

Después toca ducharse. Bueno, ducharse es un decir. Lo que hice yo fue echarme cubos de agua fría en un habitáculo de 80X80. Toda una experiencia. Y yo que entré a la “ducha” con lo puesto, me veo envuelta en la toalla que aquella buena mujer me había dejado y me pregunto; Y ahora qué? Porque al otro lado de la puerta es un festival de gente pasando de un lado a otro de la casa (que son 4 habitaciones contiguas: dormitorio, baño, cocina y salón), y lo de salir corriendo hacia el dormitorio sería muy buen plan si tuviese la certeza de que está vacío. Pero puede ser que el padre o el tío de Jyoti se encuentren en paños menores… Hay madre! Yo cómo me meto en estas historias???

Por fin me decido a asomar la cabeza por una rendija y la madre de Jyoti (de nombre imposible) me sonríe, pega 4 voces a los machos del hogar y me despeja el paso del baño al dormitorio. Y allí nos quedamos las dos. Así que viendo que la mujer se iba a quedar asegurándose de que sé cómo atarme el salwar, comienzo a vestirme. Y de repente a ella se le corta la respiración y me mira poseída, como si acabase de ver al mismísimo demonio, o al elefante correspondiente que tengan en esta religión. Por lo visto jamás ha oído la palabra “tanga” y mucho menos ha visto uno. Se habrá creído que por las noches hago la calle?

Cuando se le pasa el susto llama a su nuera para que nos traiga más chai. Siguen las duchas y todas ellas se cambian de sari (a este ritmo al final del día se habrán puesto 6 o 7), aunque bien pueden, porque la madre tiene más de 500! Y un armario sólo para las bangles a juego con cada modelo.

Cuando ya estamos todos limpitos y aseados, Jyoti y Abhishek me llevan de tour por la ciudad. Primero a ver los lugares de interés (Torre Eiffel incluida, a falta de pan… buenas son tortas) y luego de compritas.  Al ser domingo el comercio textil está cerrado, y los diamantes se me salen del presupuesto, así que el viaje me va a salir barato.

Vuelta a casa. Y ahora toca comer. Voy a tener que dar la razón a mis amigos. Lo mejor de este Estado es la comida. De los nombres no me he quedado con ninguno, pero sobras no han quedado. Mamá, ya sabes que yo cuando voy de visita me como lo que me pongan, me guste o no (aunque el segundo caso creo que no se ha dado nunca!).

Y después de comer, en lo que sería la sobremesa (algo imposible en India puesto que comemos en el suelo), la madre se echa a llorar. En plan víctima, pero aquí ya me pierdo porque mi nivel de hindi no da para tanto. Los hombres han desaparecido y el resto de las mujeres deshacen el equipaje del padre de Jyoti. Es un poco surrealista. Yo no me imagino sacando los calzoncillos de la maleta a mi suegro en un futuro, pero aquí es lo normal, total, después de tocarle los pies, qué mas da!

Cuando a la madre se le pasa la llantina toca dormir la siesta, que falta nos hace. Y a la media hora me despiertan, para tomar helado. Voy a estallar. No, no quiero helado, pero eso, al igual que el matrimonio, no es algo que dejen a tu elección. Te tomas el helado si o si. Y después a la calle otra vez. A tomar zumo de azúcar de caña, que tiene los efectos del Red Bull, pero sabe infinitamente mejor. Cuando te acabas el zumo hay que volver a casa, a cenar. Menos mal que está todo buenísimo, porque si no me habría echado a llorar.

Mañana será otro día.

Ajanta Caves

diciembre 8, 2009

6 de Diciembre de 2009

Qué mal lo pasan en esta vida los intolerantes. Con lo fácil que es sonreír cuando alguien quiere una foto tuya…

Las cuevas de Ajanta son todo un tesoro, y el paisaje en el que se encuentran es una preciosidad. Lástima que haya quien se empeña en no disfrutarlo y en no dejar a los demás tener un rato agradable.

Si no hay chocolate, pues te tomas un café. Yo me niego a enfadarme, así que seguiré sonriendo.