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Incredible India!

agosto 12, 2010

12 de Agosto de 2010

Hace un año llegaba a la India, yo con mi maleta rosa, sin tener la más remota idea acerca de lo que me esperaba.

Hoy también se cumple un mes de la fecha de mi regreso a España, así que ha llegado el momento de hacer balance y cerrar capítulo.

Dicen que la India te cambia. Yo no fui allí con esa intención, no lo encaré de forma espiritual, como tantos occidentales que llegan al país buscando la iluminación, ni tampoco me fui en plan hippie a tirarme en las playas de Goa y mantenerme haciendo pulseritas. Tampoco es que fuese con la intención de estudiar mucho marketing, pero si que me fui a aprender… aunque sin saber muy bien el qué.

Y aprendí. Muchísimo. Desde cómo comer con las manos a cómo comportarse en un templo. Aprendí a conducir una moto en el caos absoluto, a cantar el himno nacional al inicio de cada evento o película, a tener paciencia, a improvisar, a olvidarme de la agenda, a depender de la gente y a pedir ayuda, y a aceptarla incluso cuando creía no necesitarla. Aprendí lo complicada que es una sociedad dividida en castas y con unas tradiciones tan arraigadas, y lo complicado que es un sistema político basado en la corrupción y en los lazos de sangre. Me dí cuenta de lo importantes que son cosas tan básicas como el agua o la luz, y lo absurdo de la importancia que la sociedad da al tono de piel. Aprendí el poder que tiene el cine en una sociedad tan desigual, y lo hipocresía del amor bollywodiense en un país dónde los padres compran a sus hijos mujeres con la ayuda de los anuncios en el suplemento del periódico. Aprendí lo afortunada que soy por ser una mujer nacida en un país dónde mi único deber en la vida no sea encontrar un buen marido antes de los 25 y darle muchos hijos, a poder ser varones, y lo afortunada que soy por poder decidir cada mañana lo que me pongo, sin que una minifalda y unos tacones me conviertan automáticamente en una prostituta. Aprendí que no hace falta ser un niño para poder jugar, ni ser adulto para trabajar.

Aprendí a apreciar la India tal y cómo es, con sus contrastes y sus mezclas agridulces. Con sus millones de dioses, de sabores, de colores y de olores. Con el polvo y las lentejuelas, con los palacios de maharajaes y puestos callejeros de pani puri, con viajes en trenes locales y en motos de 250.

Y la última noche, en Mumbai, Utsav me preguntó qué había sido lo mejor de la India. Y la respuesta es muy sencilla. Podría haber dicho el Taj Mahal, el olor a jazmín de Mysore, los anacardos de Goa, los cánticos del Templo Dorado, los abdominales de Sahid Kapoor, el tigre blanco o los lagos de Bhopal. O quizás el Cad-B, o el helado de Gulkan, la puesta de sol en Pondichery, las sedas que me han hecho perder la cabeza, el masala chai, las cascadas de Lonavla durante el monzón, la brisa nocturna en Marine Drive, los cosmopolitans de Malaka Spice, las fresas de Mahabaleshbar, los bailes indios o conducir sin casco con la melena al viento. Pero no, lo mejor de la India es la gente, todos esos amigos que me han cogido de la mano para cruzar la calle, que me han llevado a descubrir la comida que sabrían que me gustaría, los que me han protegido del sol, me han hecho divertirme “como los indios”, han cuidado de mí cuando he caído enferma o de la moto, han cruzado medio país para despedirse o para comer conmigo, los que me han explicado con infinita paciencia cada tradición, mito o costumbre que mi mente europea no lograba digerir, los que han estado en todo momento, cuando los necesitaba y cuando creía que no, cuando estaba mal y cuando estaba bien. Ellos han sido lo que me han hecho quedarme en la India todo el año en vez de sacar el billete de vuelta al primer desencanto. Y en especial el que hacía la pregunta. Pero no sólo los amigos son parte de esa gente, si no todas esas personas que sin conocerme de nada, desde camareros a vendedores, recepcionistas o niños que cruzaban la calle, y muchos de ellos siendo tan pobres como para no tener zapatos, me han dado lo mejor que tenían; su sonrisa.

La calle de las bodas

junio 8, 2010

8 de Junio de 2010

De mi casa al gym hay unos 4 km. Y en esos 4km hay 6 salones de bodas. Como resultado, desde que empezó la wedding season en noviembre, al menos hay una boda diaria, con los correspondientes fuegos artificiales cada noche, y la correspondiente procesión que yo siempre me cruzo.

En los días auspiciosos he podido ver hasta 5 bodas el mismo día, pero hoy la cosa ha llegado a 8. Toda la calle hasta el gym estaba bloqueada por caballos, camellos, carrozas, bandas de música, grupos de baile, mujeres cubiertas de lentejuelas de todos los colores sujetando bandejas con regalos…La temporada de bodas se dará por finalizada alrededor del 15 de Junio, cuando llegue el monzón, y a las familias que tienen que casar a sus hijos ahora les entran las prisas de última hora, porque si no los casan ya, tienen que esperar otros 5 meses.

Enfrente de mi urbanización, en una pequeña casa al otro lado de la calle, llevan de celebración 4 días, con música y tambores sonando desde las 9 de la mañana hasta media noche. Han colocado un arco de entrada al principio de la calle de 5 metros de altura anunciando el evento y la entrada de la casa la han extendido 3 metros hacia la calle (bloqueando un sentido del tráfico) con una especie de carpa para recibir a los invitados.

Shilpa

junio 2, 2010

2 de Junio de 2010

El cumpleaños fue bien, lo del champagne fue un decir (dónde esté el Moët…), pero la cena estuvo divertida.

Esta mañana Shirish se ha ido a trabajar porque, igual que Rohit, se incorporó ayer, y tienen unas semanas de inducción, él en Pune y Rohit en Mumbai. Así que yo he pasado el día con Shilpa.

Aparte de dulce, sencilla y guapa, es una chica diferente. Ella se casa por amor en Diciembre tras años de romance y mucho tiempo convenciendo a ambas familias, tiene pensado seguir trabajando una vez se case, porque no considera sano estar en casa mano sobre mano, y quiere aprovechar sus estudios para hacer algo útil. Además considera necesarios dos sueldos para permitirse una vida mejor y mayores comodidades y oportunidades para sus hijos, y habla de la independencia como un valor básico para ella. Todo esto con su salwar kameez y su bindi, dándo una imagen totalmente tradicional y conservadora.

Hemos estado viendo las fotos de su compromiso, y yo le he enseñado las de las bodas de mis primas, porque quería ver cómo se casa la gente en Europa y que llevan puesto. Le ha chocado mucho que los vestidos de las invitadas sean todos diferentes, porque aquí todas llevan sari.

Después de comer hemos ido al cine a ver Prince of Persia, los protagonistas guapísimos. Y lo hemos rematado con Cad-B, porque si viene dos días a Pune yo la tengo que llevar a que pruebe lo típico de la ciudad!

Shirish la he recogido al salir del trabajo para dejarla de vuelta en Sangli, su pueblo.

Y yo me he ido a cenar con Saurabh y sus compañeros de piso, porque se va mañana a Delhi para celebrar su cumpleaños, y yo no sé si estaré aquí cuando vuelva. Y además dejan el piso de Roseland porque cada uno toma caminos diferentes. Así que ya no hay Roseland ni Spacia, y seguramente yo sea la próxima en desalojar.

Lund ha escrito tras 2 semanas para decir que no asumen ninguna responsabilidad y que me tengo que volver.

La boda de Onu

mayo 28, 2010

28 de Mayo de 2010

He tardado dos horas (en bus) en llegar a la oficina de Utsav, hemos ido a recoger mi sari a su casa (me dejé allí algo de equipaje), Frooti de mango para matar el calor y despedida (una vez más, ya lo sé, cada vez que nos separamos es un drama, y esta vez no sé si lo volveré a ver, o al menos no dentro de poco, en caso que tenga que estar en España en 2 semanas).

Otra hora de vuelta, esta vez en Rickshaw, que aquí te intentan cobrar aún más que en Pune. Jan vuelve de visitar a unos amigos, comemos rápido y volvemos al hotel.

Y aquí es dónde empieza el reto. El sari y yo. Yo y el sari. Seis metros de tela, una blusa, un petticoat y muchos imperdibles. Pliegue va, pliegue viene, imperdibles, una vuelta por aquí, otro pliegue por allá, más imperdibles,… después de todo es un montón de tela enrollada al cuerpo, y yo no me voy a arriesgar a quedarme en enaguas! Y además, todas las indias se cargan de imperdibles, si no es imposible moverse con esa soltura.

Parece que lo supero. Maquillaje, bangles, bindi, joyas, jazmín en el pelo y lista. Coge la mochilla de Quicksilver (como a un santo dos pistolas) y súbete al rickshaw. Porque aunque parezca un modelo digno de limousine, o de carroza tirada por caballos, aquí lo auténtico es el 3-ruedas negro y amarillo.

Hoy se casa Onu, nuestra amiga finlandesa, con su novio indio musulmán. Todo un encuentro cultural, y un alivio ver cómo esta sociedad se empieza a modernizar y acepta un matrimonio de tal índole.

Al llegar a la mezquita Jan y yo nos separamos, porque aquí hombres y mujeres no pueden juntarse. Yo me quedo con la madre de Onu (ambas con la cabeza cubierta) y a los minutos aparece ella rodeada por las mujeres de su nueva familia política y cubierta de velos que le impiden ver lo que se cuece. Y digo “cuece” porque a estas temperaturas y bajo todas esas capas de poliéster es lo que los cuerpos experimentan.

Todas subimos por la parte de atrás a lo que sería el equivalente al lugar del coro en una iglesia, mientras que los hombres se encuentran en la parte de abajo con el equivalente al cura.

Comienzan los rituales; primero le airean el Corán en la cara, luego encienden un par de cirios y a continuación cada una de las mujeres casadas frota dos piedras sobre la cabeza de mi amiga, unos cinco minutos cada una. Y de vez en cuanto cantan algo.

Onu se supone que mientras tanto tiene que ir leyendo páginas del Corán. Después sube el cura y le hace una especie de entrevista, en la que ella tiene que aceptar el Islam como su nueva religión y aceptar casarse con el chico a cambio de una cantidad (algo así como catorce mil rupias) que recibirá en cualquier momento de su vida. Dicho esto hija y madre firman un contrato y el cura se va.

Las tías tiran una bandeja de frutos secos y piedras sobre la cabeza de la novia y el resto las reparten entre las asistentes (unas 10 mujeres). A continuación el novio sube cubierto de flores de jazmín y otros elementos decorativos, pone su mano sobre la cabeza de la novia y dice algún rezo.

Tras unas cuantas fotos, ambos bajan a otra pequeña habitación seguidos por las mujeres. A Onu también la cubren de flores y otra vez le ponen los velos, y los dos, de rodillas en el suelo se agarran y se inclinan unas cuantas veces a tocar el suelo con la frente mientras el resto dice algún ¿salmo? … que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, Señor.

Ya son marido y mujer, los asistentes les damos la enhorabuena (Onu sigue sin ver nada y con cientos de flores colgando de su cabeza). Todos vamos a casa del novio a hacer más fotos y después se les deja solos una hora, para que consumen el matrimonio.

Mientras, los invitados acuden al salón de bodas, dónde tendrá lugar otra celebración, esta vez con Onu vestida con su ghagra choli, maquillaje, joyas y demás, y a continuación la cena típica; arroz con carne.

Jan y yo cenamos rápido y nos perdemos la celebración, porque tenemos que coger un bus a Pondichery. Una vez en la estación Mr. Indeciso vuelve a llamar, que todavía no sabe si venirse a Pondy o no, a media hora de que salga el bus, él es así. En verdad lo hace para quitarle hierro a la despedida de esta mañana.

Así que aquí estamos, Jan y yo, continuando nuestra luna de miel.

Plan deshecho

mayo 23, 2010

23 de Mayo de 2010

Hoy tenía la fiesta de compromiso de Shirish y Shilpa, pero debido a las circunstancias, me he tenido que quedar en Pune haciendo maletas, por si acaso…

El sari sigue esperando en mi armario…

Work it out!

mayo 13, 2010

13 de Mayo de 2010

Hoy he comido con Onu en un italiano; La Pizzería. Bastante bueno, y para las comidas tienen buffet.

Y luego hemos ido a por su vestido de novia, que ya lo ha elegído. Ahora solo falta que le arreglen la blusa a su medida.

El resto de la tarde me la he pasado en Reebok porque, viendo que lo del gym me lo estoy tomando en serio, necesitaba otro modelito. Tras una hora en el probador enfundándome “each and everything” (que dicen aquí), he decidido el que me quedaba mejor. Ahora ya tengo más práctica con todos esos elásticos, almohadillas, rejillas de transpiración,… así que la experiencia en el probador no ha sido tan traumática como la primera vez.

Y cuando ya estaba a punto de pagar el modelo y los guantes (para evitar que las pesas me hagan callos, y además son rosas), me dicen que tengo 1000 rupias de regalo para gastar en lo que quiera, así que me llevo unos pantalones más. Vuelvo a la caja y me quedo mirando la publicidad de las Easy Tone, que últimamente está por todas partes, y mi ayudante de probador, muy amable, me dice que me las pruebe, que son estupendas, y casualmente tienen un par a juego con mi outfit, así que… que traigan un 39!

La historia es que las deportivas tienen una suela que te desestabiliza al caminar, haciendo que los músculos de culo y piernas trabajen hasta un 28% más, dejándote (en teoría) unas piernas de infarto. No sé hasta que punto funcionarán, pero al probármelas ha sido como caminar por las nubes, así que yo, eterna enemiga de las deportivas, me las he tenido que comprar, y me han descontado otras 2500 rupias. Veremos cómo se me quedan las piernas, la cuenta corriente ya se me ha reducido considerablemente.

Y ahora a Solaris a estrenarlas!

Erasmus, bodas y cenas

mayo 5, 2010

5 de Mayo de 2010

Ayer estuve todo el día ocupada con los coordinadores suecos del programa Erasmus y después con una de las participantes del departamento de administración de la Politécnica de Madrid y dos profesores de Pune que se van a la politécnica en agosto para un año. Nos pasamos el día de college en college y de instituto en instituto pasando por cada despacho de los directivos a tomar, en este orden, agua, té y coca cola (porque les han dicho que los europeos no sobrevivimos sin ella). Como unos 15 vasos de cada. Y nada de comer. A última hora unos de los profesores nos lleva a su casa, para que su mujer y vecinos vean a las extranjeras. Más coca cola.

Llegué a la cena de cumpleaños de Rohit (celebrada un día más tarde) que me comía hasta las piedras.

Y hoy el día ha sido más divertido; shopping con Onu. Concretamente para su vestido de novia, que se casa en un mes con su novio indio. Como la boda es musulmana, no tiene que ponerse un sari, se casa con un ghagra choli; un modelo indio que consiste en una lahenga (falda larga) y un choli (blusa). Y el color debe ser o rojo o verde. Aun no ha decidido cual comprar para el gran día.

Después cena con Jan en All stir fried, un wok estupendo en e-square. Se suponía que iba a ser la despedida de Roeland, pero en su línea no se ha dejado ver por allí.

Vuelve, vuelve tarde, pero vuelve.

abril 2, 2010

2 de Abril de 2010

Hoy ha vuelto a Pune vuestro indio preferido. Si, Él. Utsav.

Ya sé que lo echabais de menos casi tanto como yo, pero el trabajo en Bangalore lo tiene muy ocupado.

Hemos pasado la tarde juntos comiendo chocolate y poniéndonos al día. Le va bien y está estupendo.

Y ya se ha ido.

Así que yo vuelvo con los chicos, que hoy estamos de celebración en Spacia.

El motivo? Shirish y su “Kundali”. Esto es uno de los (tantos) pasos previos al matrimonio. Consiste en encajar el momento y lugar de nacimiento de cada una de las partes según las estrellas. Hay un total de 36 puntos y se necesitan un mínimo de 16 para poder seguir adelante (si te casas con menos estás destinado al fracaso y una gran desgracia caerá sobre ti o tus descendientes). Mi amigo ha conseguido 28, así que está eufórico. Cuantos más puntos mejor, aunque si consigues todos los puntos tampoco es recomendable casarse.

Una vez pasó con una actriz y un actor de Bollywood muy famosos que no les encajo bien el kundali y para evitar la tragedia el “kundalidador” (esto es de mi cosecha) le dijo que la solución era que ella se casase con un árbol un año antes y después con su prometido. Sin más.

La pareja sigue felizmente casada. Yo me pregunto qué pasó con el árbol más afortunado de su bosque… Firmaría el divorcio de mutuo acuerdo??

Lo que importa es que mi amigo está felíz (y que Silpa no tiene que casarse con ninguna planta), así que Cad-B, Absolut y Faleros!

Visita a la prometida

febrero 22, 2010

22 de Febrero de 2010

Tras dos días intentándolo Rohit ha conseguido sacarme de la cama antes de las 7 de la mañana, para ver amanecer en la playa.

Así que allí estábamos, los dos en la arena y ni rastro del sol. El baño se lo ha dado el solito, que yo a esas horas no estoy para tonterías, y por fin a las ocho han abierto la primera terraza. Desayuno frente al mar y lista para empezar el día.

A las 9:30 nos despedimos de Goa, y por fin me dejan sentarme atrás en el coche. Abhishek tuvo que volverse a Pune ayer porque hoy tiene una entrevista, así que hay más espacio en el coche. Como no tenemos cinturones de seguridad jugamos a caernos contra el otro en las curvas, la India me estará haciendo madurar, pero hay momentos en los que vuelvo a tener 13 años.

Primera parada a comer; hemos aborrecido el pescado, por favor, que nos den pollo!

Segunda parada en Kolhapur, a visitar el famoso templo de Laxmi, custodiada por dos soldados con ametralladoras y dos encargados de mover a la gente mediante gritos (en plan “Señora, mueva el culo, no ve que hay más gente esperando!”), que se apelotona frente a la diosa e impide la circulación. Un poco agobiante.

Tercera parada en Sangli. Pueblo de la adorable prometida de Shirish, que se casará a final de año, siempre que mi amigo encuentre trabajo antes. No se dan ni un beso. La madre no habla ni papa de inglés, pero está encantada conmigo y me lleva de tour por el piso, que está a medias de pintar, porque lo típico es poner la casa a punto antes de la boda. Y como se han enterado de mi antojo de Pav Bhaji, lo han preparado para que cenemos, encantadoras.

La futura suegra practica aarti; ritual hindu que se celebra en todas las casas un par de veces al día. Consiste en un plato con una lamparita de aceite, incienso y flores en la mano derecha, moviéndolo en círculos frente al altarcito de la casa y una campanita en la mano izquierda que acompaña los cantos a la deidad. Todo muy espiritual. Y después bajamos a la calle, al templo. Es como los parques en España; la gente acude cada tarde y tras presentar sus respetos al dios, se sientan en la explanada a conversar con los vecinos.

Llegamos a casa muy tarde y agotados, pero ha sido un gran viaje.

Mamá, buscame un Príncipe Azul, o de cualquier color que combine con mi tono de piel

enero 26, 2010

26 de Enero de 2010

Creo que prejuzgué los matrimonios concertados.

Al principio no entendía nada, después me pareció un negocio en el que se pone precio a dos seres humanos, en cualquier caso, nunca se me pasó por la cabeza encajar el amor en ese cuadro de anuncios en el suplemento dominical del periódico en el que atributos como casta, religión, estudios, tono de piel y cargo del padre juegan un papel fundamental.

Pero resulta que el amor tiene cabida. Al fin y al cabo, si el 90% de los matrimonios concertados duran, será por algo. Toda esta gente con la que he convivido estos días se casó con quien sus familias decidieron, y el amor sigue ahí. Puede que no tuviesen un flechazo en un tren o que se enamorasen en la cafetería de la universidad entre clase y clase, pero está claro que se quieren.

Los europeos damos por hecho que nos tenemos que casar enamorados para ser felices, pero quizás se puede alterar el orden. Quizás es más lógico casarse y luego aprender a quererse. Después de todo, a nuestra familia la queremos y no la elegimos, nos la adjudicaron sin preguntar. Quizás el amor surge de la convivencia y de compartir el día a día.

Lo que pasa que Disney nos ha vendido muy bien al Príncipe Azul y Hollywood lo ha rematado con el momento “cámara lenta, melena al viento”. Y, por lo menos yo, me he creído que recogiendo frutos del bosque, para que Flora, Fauna y Primavera hagan un pastel, voy a cruzarme con un galán en su flamante corcel y vamos a vivir felices por siempre jamás. De lo que nadie se acuerda es de que La Bella Durmiente se caso con el Príncipe Azul mediante un matrimonio concertado por sus padre, los monarcas de reinos vecinos, el día de su nacimiento.

Así que, aquí los padres, tras negociaciones e intercambio de curriculum de ambas partes, te preparan la encerrona. En verdad tienes una cita, pero en vez de acabar con una copa de más diciendo tonterías y pensando si te llamará al día siguiente, conoces a tus futuros suegros y tus padres te vigilan atentamente para que no se te queme el papad. Y siempre sabes si hay futuro, porque las familias se llaman al día siguiente para un breve feedback y la conclusión del encuentro.

Una vez decidido quien será el afortunado, algo que tampoco es tan rígido porque te dejan ver a unos cuantos antes de dar el “sí, quiero”, llaman al “auspiciero” y fijan fecha y hora según tu carta astral y la de tu prometido.

Así que se celebra el matrimonio, y la probabilidad de éxito es alta por razones obvias: Tu pareja va a ser muy similar a ti, por lo menos en lo que a background se refiere. Mismo estado (lo que implica misma dieta y mismo dialecto), misma casta (con todas sus tradiciones), misma religión (con todo lo que ello conlleva), mismo nivel de estudios (lo que en una sociedad tan desigual facilita las cosas) y situación económica solucionada. Si, puede que a ella le gusten las comedias románticas de Bollywood y a él las de acción e intriga de Hollywood, pero parten de una base cultural común.

Y los objetivos de ambos son hacer feliz al otro, así que cómo no se van a querer? Él trabajará duro para pagar una buena casa y comprarle saris de seda, y ella madrugará para prepararle un “tiffin” con el almuerzo y después se quedará en casa cocinando sus platos preferidos para cuando él vuelva del trabajo. Se cuidan mutuamente, con lo que al final acabarán queriéndose.

Mis vecinos parecen quinceañeros recién enamorados, y llevan un año casados.

Por supuesto, en el caso de los indios que se enamoran y sus familias no les permiten casarse por incompatibilidad curricular, obligándoles a casarse con otros, el matrimonio concertado es una putada.

Pero hay momentos en que envidio a Saraju, la tranquilidad con la que dice que se casará en dos años, sin tener ni idea de con quien, y la seguridad con la que dice que será feliz, y seguramente así sea. Ni se da cuenta de cómo los chicos la miran allá dónde va, porque a ella lo del flirteo ni le va ni le viene.

Para qué va a quedar con estúpidos que sólo piensan en llevarla a la cama, cita tras cita, cena tras cine tras tarde en el lago tras café… si al final sus padres van a buscar lo mejor para ella.