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Incredible India!

agosto 12, 2010

12 de Agosto de 2010

Hace un año llegaba a la India, yo con mi maleta rosa, sin tener la más remota idea acerca de lo que me esperaba.

Hoy también se cumple un mes de la fecha de mi regreso a España, así que ha llegado el momento de hacer balance y cerrar capítulo.

Dicen que la India te cambia. Yo no fui allí con esa intención, no lo encaré de forma espiritual, como tantos occidentales que llegan al país buscando la iluminación, ni tampoco me fui en plan hippie a tirarme en las playas de Goa y mantenerme haciendo pulseritas. Tampoco es que fuese con la intención de estudiar mucho marketing, pero si que me fui a aprender… aunque sin saber muy bien el qué.

Y aprendí. Muchísimo. Desde cómo comer con las manos a cómo comportarse en un templo. Aprendí a conducir una moto en el caos absoluto, a cantar el himno nacional al inicio de cada evento o película, a tener paciencia, a improvisar, a olvidarme de la agenda, a depender de la gente y a pedir ayuda, y a aceptarla incluso cuando creía no necesitarla. Aprendí lo complicada que es una sociedad dividida en castas y con unas tradiciones tan arraigadas, y lo complicado que es un sistema político basado en la corrupción y en los lazos de sangre. Me dí cuenta de lo importantes que son cosas tan básicas como el agua o la luz, y lo absurdo de la importancia que la sociedad da al tono de piel. Aprendí el poder que tiene el cine en una sociedad tan desigual, y lo hipocresía del amor bollywodiense en un país dónde los padres compran a sus hijos mujeres con la ayuda de los anuncios en el suplemento del periódico. Aprendí lo afortunada que soy por ser una mujer nacida en un país dónde mi único deber en la vida no sea encontrar un buen marido antes de los 25 y darle muchos hijos, a poder ser varones, y lo afortunada que soy por poder decidir cada mañana lo que me pongo, sin que una minifalda y unos tacones me conviertan automáticamente en una prostituta. Aprendí que no hace falta ser un niño para poder jugar, ni ser adulto para trabajar.

Aprendí a apreciar la India tal y cómo es, con sus contrastes y sus mezclas agridulces. Con sus millones de dioses, de sabores, de colores y de olores. Con el polvo y las lentejuelas, con los palacios de maharajaes y puestos callejeros de pani puri, con viajes en trenes locales y en motos de 250.

Y la última noche, en Mumbai, Utsav me preguntó qué había sido lo mejor de la India. Y la respuesta es muy sencilla. Podría haber dicho el Taj Mahal, el olor a jazmín de Mysore, los anacardos de Goa, los cánticos del Templo Dorado, los abdominales de Sahid Kapoor, el tigre blanco o los lagos de Bhopal. O quizás el Cad-B, o el helado de Gulkan, la puesta de sol en Pondichery, las sedas que me han hecho perder la cabeza, el masala chai, las cascadas de Lonavla durante el monzón, la brisa nocturna en Marine Drive, los cosmopolitans de Malaka Spice, las fresas de Mahabaleshbar, los bailes indios o conducir sin casco con la melena al viento. Pero no, lo mejor de la India es la gente, todos esos amigos que me han cogido de la mano para cruzar la calle, que me han llevado a descubrir la comida que sabrían que me gustaría, los que me han protegido del sol, me han hecho divertirme “como los indios”, han cuidado de mí cuando he caído enferma o de la moto, han cruzado medio país para despedirse o para comer conmigo, los que me han explicado con infinita paciencia cada tradición, mito o costumbre que mi mente europea no lograba digerir, los que han estado en todo momento, cuando los necesitaba y cuando creía que no, cuando estaba mal y cuando estaba bien. Ellos han sido lo que me han hecho quedarme en la India todo el año en vez de sacar el billete de vuelta al primer desencanto. Y en especial el que hacía la pregunta. Pero no sólo los amigos son parte de esa gente, si no todas esas personas que sin conocerme de nada, desde camareros a vendedores, recepcionistas o niños que cruzaban la calle, y muchos de ellos siendo tan pobres como para no tener zapatos, me han dado lo mejor que tenían; su sonrisa.

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Goodbye my lover

julio 5, 2010

5 de Julio de 2010

Se han llevado a la Pinky.

Esto se acaba.

Henrike no está, ni Jan, ni Utsav.

A Rohit ni le cojo el teléfono, la cosa no terminó bien.

No queda chocolate, ni anacardos, por no quedar no queda ni alcohol para ahogar las penas.

Ni rotis, ni gulkan. Ni maaza, ni pani puri.

Solo yo y un par de maletas vacías, esperando a que alguien las llene.

Hoy ni siquiera brilla el sol. Y tampoco llueve. Pero a nadie parece importarle.

Bailando bajo la lluvia

junio 14, 2010

14 de Junio de 2010

Hay días en los que te empeñas en algo, y aunque el mundo entero se ponga en tu contra y todas las señales apunten a que es un error, como se te meta en la cabeza que lo consigues nadie te saca de ahí.

Yo hoy me he empeñado en ir al gym.

La mañana ha empezado mal. Porque cuando empiezas el día en el pasillo de Vashuda (Directora de relaciones internacionales de la Universidad de Pune) nada sale bien. Me han despachado rápido diciendo que tenían una reunión urgente (excusa preferida por todos los indios) y he salido de allí sin el certificado que necesito.

De ahí a MG Road, a comprar encargos varios, y al ir a pagar… tarjeta errónea… ya conocéis la historia… busca un cajero, no acepta tarjeta internacional, la policía se lleva la pinkie,… Esas cosas que solo a mí me pasan, una y otra vez… Vuelve a la tienda con la mitad en efectivo y la otra mitad a la visa (al final todo era un problema con el límite de la cantidad permitida por día…)

Llego a Aundh, a Reliance a recargar Internet, y están sin línea de teléfono (lo típico en una empresa de telecomunicaciones), así que no aceptan tarjeta. Busca otro cajero y vuelve con el cash a Reliance.

Parada en CCD a comer y a reponerme de la desastrosa mañana. Y de repente… truenos, relámpagos vendaval y… Llega el monzón!

Los canales de Venecia, las cataratas del Niágara, los deportes de agua de Goa, los lagos de Bhopal y más agua que en el Titanic. Todo eso y más lo tenemos hoy en Pune.

Y yo, que no sé dónde leí ayer que no hay que huir de la tormenta, si no bailar bajo la lluvia, me he decidido toda chula a salir de la cafetería, porque tenía que ir al gym, y quedarme en el sofá de CCD leyendo un libro bajo al aire acondicionado no me ha parecido bien.

Así que cojo la pinkie con todas las compras incluidas (colchas, pashminas, mantelerías, cojines, …) y tiro dirección Pimpri. Y a los 5 minutos cuando no veo ni por dónde voy y sigo a tientas las luces del coche de delante, me replanteo volver a CCD, pero no, total, solo es agua, y un poco de lluvia no va a cortarme a mí la marcha.

Sigue lloviendo a mala leche (si es que a eso se le puede decir llover, porque es como si hubiesen abierto la presa del cielo) pero ya no hay vuelta atrás, y hasta tiene su encanto; el aire fresco, el agua que limpia el asfalto, lo valiente que soy (o lo estúpida)…  de vez en cuando me adelanta algún coche lanzándome el agua sucia… eso no tiene tanta gracia, pero con la intensidad que llueve vuelvo a estar limpia rápido.

Y por fin, tras 15 Km llego a casa, suelto las compras y cojo la bolsa de deporte, total, si he llegado hasta aquí, puedo llegar a Solaris.

Y el guardia de seguridad se pone delante de la puerta y me dice;

–       Ma’am, rainy danger danger. You go home.

Pero yo me he empeñado en ir al gym, así que le digo;

–       Bahiya, rainy clean clean. I go gym.

Y sigo camino. Y con “camino” me refiero a camino de cabras. Ese lleno de baches, zanjas y socavones, que ahora son ríos, arroyos y lagunas. Y la lluvia aprieta más todavía (por imposible que parezca). Así que tras ver cómo todas las motos se resguardan en la cuneta bajo árboles y toldos me replanteo volver, pero quedaría muy mal con el de seguridad, así que yo sigo.

Sigo y cuando estoy a unos 20 m de Solaris, tengo que parar, porque la carretera es un pantano y el agua cubre unos 40 cm, así que no hay forma de llegar a mi destino, ni de volver con la que esta cayendo, aparco en G-Mart, dónde me conocen como the Cadbury Girl, y me resguardo contemplando el diluvio. Qué baile bajo la lluvia otro!

Y tras media hora calada hasta los huesos y viendo que no va a parar de llover a corto plazo, tramo un plan; enfrente de G-Mart hay un edificio en construcción (lo que dificulta la cosa más porque todo ese lado está levantado) y a la izquierda del edificio está mi objetivo. A la izquierda de éste está la entrada a una urbanización, cuyas casas son sospechosamente similares a las de la derecha del edificio en obras. Así que, si por casualidad todo es una urbanización conectada, sólo tengo que entrar por el lado derecho, rodear Solaris por detrás, y salir por el izquierdo, que da al parking de Solaris. El dueño de G-Mart me confirma que la urbanización está conectada, y me desea suerte, así que vuelvo a coger la pinkie y me aventuro.

Si Jhansi ki Rani se ató a su bebé a la espalda, se subió a su caballo y salió de su fuerte para luchar contra los británicos, yo no voy a ser menos!

Entro en la urbanización, callejeo un poco y llego a la avenida deseada, avanzo, avanzo y cuando me quiero dar cuenta el agua me llega a los tobillos. Se ha formado una balsa en la salida de la urbanización y lo único que queda a flote es la puerta de entrada y la caseta del vigilante. Pero ya que estoy aquí yo sigo, porque una vez salga, según mis cálculos, a dos metros tengo el parking.

Pues no, mis cálculos son erróneos, y tras la puerta hay una zanja de metro y medio de ancho convertida en río y al otro lado del río está el lago que empezaba frente a G-Mart. Aunque no hubiese llovido sería imposible salir de la urbanización en moto por la zanja, así que le chapurreo algo en hindi al vigilante acompañándolo con el vacile de cabeza y le doy a entender que la moto se queda aparcada en la caseta. El pobre se apiada de mí y me da permiso, y yo me asomo a la salida a ver cómo llego al parking, pero no hay forma, así que tras un estudio de la situación decido saltar la tapia que separa la urbanización del parking, ante la mirada atónita del vigilante, los vecinos y todos los refugiados bajo el tejadillo de Solaris. Subo al muro con bolsa de deporte incluida (hay que ver lo incómodos que son los Levi´s en remojo) y salto al parking, que es el único suelo seco en un km a la redonda. Cuando tras subir 2 pisos he entrado en la recepción los monitores me han dado un aplauso.

Me seco, me cambio y entro en la sala de máquinas, que nunca estuvo tan desierta. Comienzo el programa del día, esperando que cese la lluvia, pero no, cada vez los truenos son más fuertes. Se va la luz, pero yo sigo a lo mío. Me asomo por la ventana entre set y set para controlar que a la pinkie no se la lleve la corriente. El nivel de agua sigue subiendo. Bueno, igual podemos quedarnos todos (lo que implica 8 trainers  y yo) a dormir aquí, sobre las colchonetas de yoga… casi que no.

Acabo la sesión y pienso en esperar un rato, pero la cosa no parece tener fin, así que me enfundo en los Levi’s tras escurrirlos un poco y bajo las escaleras. Otra vez el parking, otra vez el muro, pero ahora el agua llega a la caseta del vigilante. Saco la llave y… SHIT!

La llave al agua! Y yo me veo como Rose y Jack apunto de morir ahogados en el buque, buceando para encontrar la llave que abría la reja. Solo que sin un vestido de época. Y sin Jack. Así que no me queda otra que meter el brazo hasta más allá del codo en el sopicaldo (resultado de horas de diluvio y polvo y tierra acumulados desde octubre) y rezar para que la llave esté cerca. Tras segundos de agonía agarro la llave, la seco (es un decir) y arranco mi nueva moto de agua.

Atravieso la laguna con el agua hasta las rodillas, la bolsa del gym queda totalmente sumergida,… no pienses Sara, solo acelera, y rézale a Ganesh, el dios que quita los obstáculos, para no chocar con nada dentro del agua… aghh…

Una vez salgo de la urbanización la situación mejora, Pimple Saudagar es como Venecia, solo que en vez de arte en las calles hay puestos de Pani Puri. Vuelvo a casa, tiritando del frío, pero contenta, nada como cumplir un objetivo. Eso sí, una y no más, a partir de ahora va a salir de casa con lluvia Rita.

El guardia mira al cielo y murmura algo cuando entro a mi urbanización. Supongo que le da gracias a los dioses por traerme de vuelta viva.

Esperando al Monzón

junio 10, 2010

10 de Junio de 2010

Tarde en Sky Garage con Archana, Kunal y Chahat. Una terraza en las alturas de Aundh decorada con piezas de coches sacadas de un desguace y repintadas. Buen ambiente para la tarde noche, pero el monzón sigue sin llegar y hace demasiado calor.

Vuelta a Pune

junio 1, 2010

1 de Junio de 2010

Esta mañana hemos cogido el vuelo Bangalore-Pune, y ya estoy de vuelta en casita. Yo tenía pensado acostarme nada más llegar, pero tal y como está el piso tras una semana sin limpiar… Ya dormiré esta noche.

Y ahora estoy viendo diluviar como si no hubiese mañana. Parece que ha llegado el monzón, que falta hace, porque estos días han sido demasiado.

Pero me alegro de haberme ido con Jan de viaje, no me parecía un buen momento, pero fue la idea acertada. En Mysore y Pondichery hemos pasado unos ratos estupendos, y Bangalore no nos ha parecido muy agradable, pero ha merecido la pena por ver la boda, y a Uts.

Parece que fue ayer cuando Jan llegó a aquel siniestro piso de la Universidad y nos aventuramos por la ciudad en busca de la Lonely Planet. Durante los primeros días en el campus matábamos el tiempo con té y chocolate, leyendo y planeando todos esos viajes por toda la India, y cuando nos entraba hambre elegíamos uno de los restaurantes recomendados y nos íbamos a experimentar con la comida india.

Así que ha sido genial realizar uno de esos viajes al final de su estancia, y puede que de la mía.

Y ahora tengo que preparar recibimiento para Shirish, que es su cumpleaños y viene con Shilpa (su prometida) y el resto de amigos a brindar con champagne aquí, porque ellos ya no tienen casa en Pune.

Tonos de piel

mayo 31, 2010

31 de Mayo de 2010

Hoy hemos decidido tomárnoslo con más calma.

Paseo hasta Hot breads para desayunar otro croissant y después otro paseo hasta French Delicacies. De ahí decidimos pasar el día en la piscina, y un francés nos recomienda la de la azotea del hotel Athiti. Nos cobran 400 rupias por 2 horas, lo que comparado con las 300 por todo el día en Solaris es una pasada, pero merece la pena.

Donde acaba la piscina empiezan las vistas al mar, y de momento estamos solos, así que tranquilidad absoluta. Es un lujo poder estar en bikini sin cuarenta ojos indios observándote.

Tras una hora se nos acaba la paz, y llega una familia entera, 2 niños, los padres, una hija y 2 cuñadas. Pese al cartel que anuncia bien clarito las normas de la piscina, ellos se las saltan y se meten al agua con la ropa puesta. Una de ellas con sweater de cuello cisne incluido. Lo de ducharse antes de entrar ellos no saben lo que es. Y la piscina comienza a soltar un olorcillo desagradable.

Y es que en la India, aparte de lo tapadas que tienen que ir las mujeres (de acuerdo con el machismo del país, porque los hombres se pueden bañar en calzoncillos si les da la gana), tienen el problema de la piel. Aquí hasta el último mono está obsesionado con tener una piel blanca, que comienza por cubrirse para que el sol ni los roce y termina por aplicarse todo tipo de productos de blanqueamiento.

El otro día en Pune, paradas en un semáforo, sólo estábamos una chica y yo. De la misma edad y con la misma moto. Pero ella india y yo española, lo que a las 12 del mediodía y con 42 grados daba como resultado una imagen cómica: yo con shorts y una camiseta de tirantes, embadurnada de bronceador, y sin cubrir la cabeza, y ella con sandalias con calcetines (eso es otra; aquí venden calcetines con el dedo gordo separado para poderlos poner con sandalias de dedo), guantes hasta el codo, la dupatta cubriéndole toda la cabeza menos los ojos, una chaqueta acolchada con capucha, y por supuesto su salwar kameez cubriéndo hasta el último centímetro de su cuerpo.

Los anuncios de tv aquí siempre muestran los mismos productos; jabón, desodorante, tintes para el pelo, motos, noodles Maggi, cemento, jabon de cara, refrescos, polvos de talco y cremas blanqueadoras de piel.

Jabón: desde pastillas de skip para lavar la ropa (aquí el que tiene lavadora es un privilegiado, la mayoría frotan en la piedra con su pastilla) hasta Dettol “be 100% sure” (jabón de manos que elimina el 100% de las bacterias. La higiene es una necesidad que aún está por cubrir en la India, así que los responsables de marketing se centran en ello.

Desodorante: siguiendo con la higiene. Lo del perfume para ellos no tiene mucho sentido, lo que es lógico en un país en el que si tienes dinero tienes que hacer alarde de ello (para qué gastar una fortuna en algo que no se ve?, y, seamos sinceros, con el olor de las calles tampoco se aprecia). Así que aquí los desodorantes son un boom, y a cuál más perfumado, el 80% de los perfumes que tenemos en occidente aquí lo tienen en desodorante; de Hugo Boss a Victoria Beckham, pasando por Chanel o Lacoste. Mi novio me preguntaba un día muy intrigado si sabía lo que era una botella de Adidas que le habían regalado en un estuche de desodorante y aftershave. Ni él ni ninguno de sus ocho compañeros de piso habían oído hasta ahora del Eau de toilette.

Tintes: aquí la mujer, por imposición, debe tener una melena larga y oscura que combinar con su sari en una trenza bien peinada. Las canas no están bien vistas, y aunque el porcentaje de la población que se tiñe con hena, quedándoseles el pelo anaranjado, es considerable, cada vez son más los que siguiendo los sabios consejos de Ashwarya Rai o cualquier otra estrella de Bollywood se tiñen con L’Oreal o Garnier.

Motos: Dirán que los trenes conectan India, pero a mi no me engañan, India se mueve en moto, y los publicistas lo saben.

Noodles Maggi; aquí lo del puré de patata no saben lo que es, si les hablas de Maggi ellos entienden noodles. Es la comida rápida por excelencia, incluso te los sirven en muchos restaurantes, y tiene sentido porque es la única comida rápida picante. Un vaso de agua hirviendo, añades los noodles, añades el sobre de masala, esperas 30 segundos y listo! “Me & meri maggi”

Cemento: esto es lo más surrealista. Vale que anuncien cemento en un país en desarrollo con todo lo que se está construyendo, y teniendo en cuenta que aquí hay empresas constructoras, pero la mayoría de casa se las hacen ellos mismos. Lo chocante es la forma en la que lo anuncian: con tías buenas (vale puede que los obreros tengan fama de piropear a las mujeres, pero eso no lo justifica). El que se lleva la palma es así: Una tía buena sale del agua con un bañador rojo, una mezcla entre escena de chica Bond y de los vigilantes de la playa, se sacude la melena mojada y ahí acaba el anuncio.

Jabón de cara: en ningún país encontrarás tanta variedad de face-wash como aquí. Teniendo en cuenta la polución que hay, que la el 90% de la población se mueve a pie, en tuc-tuc o en moto, y que con el calor que hace se suda mucho, lavarse la cara para ellos es como lavarse los dientes para nosotros. A esto hay que añadir la gran tradición india; “freshen up”. Aquí en cuanto llegas a casa de alguien, tras descalzarte, lo primero que te ofrecen es el lavabo y el face-wash de turno, porque dan por hecho que llegas sudando y lleno de polvo (cierto), y cuando terminas de lavarte la cara ya te están esperando con un vaso de agua.

Refrescos: algo relativamente nuevo, dado que para vender refrescos es necesario en primer lugar una nevera, que en nuestro mundo será algo básico, pero aquí no, yo soy la única estudiante de mi grupo que tiene, y en segundo electricidad, otra cosa básica que aquí no lo es tanto. Pero en cualquier caso los indios se pirran por un refresco, porque aunque sea el país del té, a quién le apetece una bebida hirviendo con estas temperaturas!?, y además el gas provoca eructos, lo que ellos interpretan como señal de satisfacción tras la comida. Así que tanto actores y actrices como estrellas de cricket se encargan de publicitar Pepsi y Thumbs Up!, la coca-cola india, además de 7up, Mirinda, Maaza, Fanta…

Polvos de talco: con el sudor y la humedad es lo único que evita los sarpullidos en todo el cuerpo, así que es el sustituto del body milk, incluso hay marcas que los hacen con sensación refrescante.

Cremas blanqueadoras: además de los jabones (en un 90% blanqueadores) y otros productos como el roll-on de cafeína de garnier (que también te blanquea las ojeras), si hay algo que toda madre hace utilizar a sus hijos, es Fair & Lovely para las chicas y Fair & Handsome para los chicos. Estas son las cremas indias preferidas para blanquear la piel, que aquí se usan en lugar de hidratantes, pero todas las marcas internacionales han costumizado sus productos a las exigencias locales, así que da igual Ponds, L’Oreal, Garnier, Olay, Nivea, Dove o Lakme, aquí todas son con agentes blanqueantes, para hombre y para mujer. Y los anuncios te dejan catacrocker: Una chica entra en un despacho para una entrevista y no la cogen, utiliza la crema de turno durante 15 días (hasta 4 tonos menos!) y vuelve a la entrevista, el puesto es suyo. Lo triste no es el anuncio, lo triste es que la realidad del país es esa; cuanto más clara tienes la piel, más oportunidades. Y nadie puede decir que su piel es de ese color de nacimiento, porque todos usan blanqueadores, es realmente difícil encontrar una crema hidratante o un jabón que no te aclare la piel.

La comida consiste en crepes, y la cena, en el mejor restaurante francés de la India; Le Club, en una hamburguesa (de ternera!) a la pimienta. Y de postre… si, más crepes de banana y chocolate!

Y ahora estamos en el bus, de vuelta a Bangalore, haciendo caso omiso a los ruegos de mi novio y con la piel cuatro tonos más oscura en 3 días!

Auroville

mayo 30, 2010

30 de Mayo de 2010

La noche nos la hemos pasado en bikini y bañador, duchándonos cada hora para evitar que nos hierva la sangre y luchando con todos los mosquitos de la bahía de Bengala. Apasionante.

Desayuno en French Delicacies, el quiche estaba para ofrecérselo a los dioses.

Y hoy hemos decidido salir de Pondicherry y visitar Auroville; una comunidad internacional que tiene como objetivo el desarrollo sostenible y la unión de la humanidad en paz y armonía. Según la Lonely, los turistas no son muy bienvenidos, pero si estás interesado en la filosofía de vida que llevan está bien pasarse por allí.

En verdad aquello es un resort, lo turistas no es que sean bienvenidos, es que son la mayor fuente de ingresos, y aquello lo han gestionado como una mezcla entre comuna hippie y parque temático.

Según llegas te cobran tu ticket y te mandan al parking de turistas, a continuación llegas al centro de visitantes, que a pesar de estar en mitad de un bosque podría ser un pabellón de la expo de Shangai. Allí tienes una exposición de maquetas, cartas de Aurovindo y “La Madre” (francesa, por supuesto), explicaciones sobre el proyecto y la salida la tienda con los libros escritos por ambos (todo muy yogui) y las postales.

A unos dos kilómetros, en el centro de la comunidad, está el Matrimandir, una estructura redonda que simboliza el núcleo de la comunidad, sirve de sala de meditación  y alberga las celebraciones de los residentes. En el interior está el mayor globo de cristal del mundo, pero el acceso está restringido a residentes, cerca de 2.000, con un porcentaje importante de extranjeros.

Tras la visita del Matrimandir, lo único que queda por hacer en Auroville es visitar las 2 boutiques y la cafetería. El complejo es una versión Indo-francesa de Las Rozas Village, y dentro venden ropa y accesorios creados por los miembros del proyecto, jabones, inciensos, perfumes, velas, artículos de papelería y un sin fin de cosas monísimas y carísimas que están estupendas para regalar. Todo realmente absurdo si sigues la filosofía de Auroville, y cómo nos cuenta uno de sus “obligados” residentes, demasiado caro para que ellos puedan comprar nada.

El chico en cuestión tiene nuestra edad, y pese a lo utópico del lugar, él no está en absoluto feliz de estar ahí. Lleva toda su vida en Auroville porque sus padres decidieron vivir allí, pero él dice que hay muchos conflictos internos, que él no se quiere involucrar en las actividades de la aldea, y que está estudiando a distancia pero no tiene intención de aplicar sus conocimientos en la comunidad, quiere salir y aportar algo al mundo.

Y es que, todo este rollo de dejar tu vida atrás y encerrarte en la burbuja de la armonía está muy bien si te da el puntazo y estás harto del mundo, pero si te obligan a meterte en la burbuja ya no hace tanta gracia.

Volvemos a Pondy y buscamos un lugar con aire acondicionado para tomar un par de zumos de fruta, que es lo único que nuestros cuerpos piden a gritos, y cuando nuestras pieles parece que dejan de soltar fuego, volvemos a la calle. Intentamos comer en algún sitio con aire y finalmente encontramos un lounge zen dónde resguardarnos del calor.

Después paseo por la playa con jazmín en el pelo. Jan se da un baño con los nativos. Yo no me atrevo. Por un lado el agua es todo menos transparente, y por el otro, todos los bañistas son hombres, sólo unas pocas mujeres se atreven a remojarse el sari con la excusa de jugar con sus hijos.

Cenamos en Bamboo Garden, uno de esos restaurantes al aire libre que están estupendos cuando cae el sol (y cuando te embadurnas de Aután). Más comida francesa…

Pondicherry: en busca del croissant perdido

mayo 29, 2010

29 de Mayo de 2010

Llegamos a Pondicherry a las 6 de la mañana, tras las discusiones de rigor con el conductor de rickshaw y 5 o 6 intentos fallidos de alojamiento, decidimos quedarnos en Ganga Guest House, que parece un lugar tranquilo y decente.

El calor es insoportable, pero conseguimos dormir un par de horas antes de lanzarnos a la calle en busca de “El Croissant”. Todo empezó un domingo en Solaris cuando Jan comento que se iba de viaje al sur, Onu recomendó que si íbamos a Bangalore pasásemos unos días en Pondicherry, una antigua colonia francesa en la costa Este, dónde ella estuvo hace unos meses desayunando croissants rellenos de queso cada mañana.

Así que, para que negarlo, hemos venido aquí por la comida. Ocho horas en un autobús sin aire acondicionado y sin poder dormir, todo por comer algo francés. Pero bueno, si hay algo que he aprendido en este país es que cuando se trata de comer, todo viaje está justificado.

Y aquí empieza nuestra ruta gastronómica, guiados por la Lonely:

Satsanga: en el patio de una casa colonial, ideal para desayunos y ensaladas. Ni rastro de croissants, pero lo solucionamos con crepes.

Coffee.com: unas baguettes estupendas, y el café de primera. Croissants? No

Ante la deseperación llamamos a Onu, que nos dice que la panadería no está en nuestra querida guía, que está en la calle del canal. El canal cruza todo Pondicherry, así que empezamos a caminar desde un extremo, hasta casi el otro. Por fin llegamos a Hot Breads, y ahí están, tras la caminata, los croissants más deseados de la historia.

Tras reponer fuerzas llegamos al paseo marítimo, con una brisa agradable, aunque ni una sombra. Y de ahí al Bharathi Park, dónde están rodando una película.

En este punto, tras recorrer la ciudad entera en cinco horas a 47 grados a pleno sol, es cuando el sudor se mezcla con el protector solar, la polución india, la loción anti-mosquitos y la pomada para las picaduras, cubriendo todo tu cuerpo de un barrillo que ni en el mar muerto. Hora de volver al hotel y pegarse una ducha.

Tras nuestra resurrección volvemos a aventurarnos a salir, porque en el hotel tampoco se puede parar con el calor. Y comenzamos el Heritage Walk, un paseo para ver las calles más entrañables de la ciudad, todas con nombre francés, incluyendo el faro, la catedral de Notre Dame… Cuando estamos a punto de morir deshidratados llegamos al Nirvana, una pequeña tienda de souvenirs muy totó (y por tanto muy caros) de rollo sostenible, con un restaurante en la parte de arriba en el que por supuesto hacen crepes.

Para la cena los 3 restaurantes recomendados están cerrados esta semana porque es temporada bajísima (a quién se le va a ocurrir venir aquí los 10 días más calurosos del año?), así que encontramos otro en la terraza de un edificio decorado muy mono, lleno de velitas y flores, la cena nada del otro mundo.

Otro paseo hasta el hotel (porque aquí, al contrario que en el resto de la India, se puede pasear y hay incluso aceras), mucha loción aftersun y a dormir.

La boda de Onu

mayo 28, 2010

28 de Mayo de 2010

He tardado dos horas (en bus) en llegar a la oficina de Utsav, hemos ido a recoger mi sari a su casa (me dejé allí algo de equipaje), Frooti de mango para matar el calor y despedida (una vez más, ya lo sé, cada vez que nos separamos es un drama, y esta vez no sé si lo volveré a ver, o al menos no dentro de poco, en caso que tenga que estar en España en 2 semanas).

Otra hora de vuelta, esta vez en Rickshaw, que aquí te intentan cobrar aún más que en Pune. Jan vuelve de visitar a unos amigos, comemos rápido y volvemos al hotel.

Y aquí es dónde empieza el reto. El sari y yo. Yo y el sari. Seis metros de tela, una blusa, un petticoat y muchos imperdibles. Pliegue va, pliegue viene, imperdibles, una vuelta por aquí, otro pliegue por allá, más imperdibles,… después de todo es un montón de tela enrollada al cuerpo, y yo no me voy a arriesgar a quedarme en enaguas! Y además, todas las indias se cargan de imperdibles, si no es imposible moverse con esa soltura.

Parece que lo supero. Maquillaje, bangles, bindi, joyas, jazmín en el pelo y lista. Coge la mochilla de Quicksilver (como a un santo dos pistolas) y súbete al rickshaw. Porque aunque parezca un modelo digno de limousine, o de carroza tirada por caballos, aquí lo auténtico es el 3-ruedas negro y amarillo.

Hoy se casa Onu, nuestra amiga finlandesa, con su novio indio musulmán. Todo un encuentro cultural, y un alivio ver cómo esta sociedad se empieza a modernizar y acepta un matrimonio de tal índole.

Al llegar a la mezquita Jan y yo nos separamos, porque aquí hombres y mujeres no pueden juntarse. Yo me quedo con la madre de Onu (ambas con la cabeza cubierta) y a los minutos aparece ella rodeada por las mujeres de su nueva familia política y cubierta de velos que le impiden ver lo que se cuece. Y digo “cuece” porque a estas temperaturas y bajo todas esas capas de poliéster es lo que los cuerpos experimentan.

Todas subimos por la parte de atrás a lo que sería el equivalente al lugar del coro en una iglesia, mientras que los hombres se encuentran en la parte de abajo con el equivalente al cura.

Comienzan los rituales; primero le airean el Corán en la cara, luego encienden un par de cirios y a continuación cada una de las mujeres casadas frota dos piedras sobre la cabeza de mi amiga, unos cinco minutos cada una. Y de vez en cuanto cantan algo.

Onu se supone que mientras tanto tiene que ir leyendo páginas del Corán. Después sube el cura y le hace una especie de entrevista, en la que ella tiene que aceptar el Islam como su nueva religión y aceptar casarse con el chico a cambio de una cantidad (algo así como catorce mil rupias) que recibirá en cualquier momento de su vida. Dicho esto hija y madre firman un contrato y el cura se va.

Las tías tiran una bandeja de frutos secos y piedras sobre la cabeza de la novia y el resto las reparten entre las asistentes (unas 10 mujeres). A continuación el novio sube cubierto de flores de jazmín y otros elementos decorativos, pone su mano sobre la cabeza de la novia y dice algún rezo.

Tras unas cuantas fotos, ambos bajan a otra pequeña habitación seguidos por las mujeres. A Onu también la cubren de flores y otra vez le ponen los velos, y los dos, de rodillas en el suelo se agarran y se inclinan unas cuantas veces a tocar el suelo con la frente mientras el resto dice algún ¿salmo? … que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, Señor.

Ya son marido y mujer, los asistentes les damos la enhorabuena (Onu sigue sin ver nada y con cientos de flores colgando de su cabeza). Todos vamos a casa del novio a hacer más fotos y después se les deja solos una hora, para que consumen el matrimonio.

Mientras, los invitados acuden al salón de bodas, dónde tendrá lugar otra celebración, esta vez con Onu vestida con su ghagra choli, maquillaje, joyas y demás, y a continuación la cena típica; arroz con carne.

Jan y yo cenamos rápido y nos perdemos la celebración, porque tenemos que coger un bus a Pondichery. Una vez en la estación Mr. Indeciso vuelve a llamar, que todavía no sabe si venirse a Pondy o no, a media hora de que salga el bus, él es así. En verdad lo hace para quitarle hierro a la despedida de esta mañana.

Así que aquí estamos, Jan y yo, continuando nuestra luna de miel.

Mysore

mayo 26, 2010

26 de Mayo de 2010

En Karnataka, estado en el que me encuentro, las indias se arreglan más que en ningún sitio. Todas llevan sus saris de crispy silk, las bangles a juego y el pelo recogido en trenzas cubiertas de flores de jazmín.

El día en Mysore ha sido estupendo. Por la mañana Utsav me ha puesto en un tuc tuc camino de la estación de Bangalore, dónde he cogido el bus a Mysore. Bus estatal, de esos que parecen que se van a desintegrar a mitad de camino. Jan me ha recogido en Mysore y hemos desayunado el plato south indian por excelencia; masala dosa.

Tras una ducha rápida en el hotel hemos dado un paseo hasta el punto clave de Mysore; el palacio del Maharaja. Un palacio estilo inglés de 1912. Aquí todo el mundo da por hecho que estamos de luna de miel (por qué otro motivo viajaría una chica de mi edad sola con un chico?), así que se dan situaciones cómicas, pero sí, podríamos estar de luna de miel, de no ser porque los dos tenemos a nuestras parejas esperando en Maharastra.

La segunda atracción de Mysore es el mercado Devaraja, el lugar más colorido, alegre, curioso y con mejor olor que he visitado en toda la India. Pese a tener sus correspondientes pasillos de cebollas, fruta, bangles y especias, hay algo que lo hace especial; las flores. Todas las mujeres de la pequeña ciudad se deslizan con sus saris por las callejuelas del mercado comprando flores al peso, guirnaldas para sus celebraciones o tiras de jazmín que perfumen sus negras melenas.

Por supuesto yo me apunto a la tradición, es imposible resistirse.

Con el calor que hace (todos los años en la India hay 9 días declarados los más calurosos del año, en los que incluso las madres prohíben a sus hijos salir a la calle, y este año son los últimos días de Mayo), decidimos comprar unos mangos y algo más de fruta y subir a comer a Chamundi Hill, un templo de peregrinaje en lo alto de una colina a 13 Km de Mysore. Todo iba bien, encontramos unos árboles en el patio de un colegio bajo los que disfrutar los mango con vistas a la ciudad. Compartimos unos plátanos con niños que viven en la colina, y de repente, nuestra comida se vio interrumpida por lo más sagrado que hay en la colina. No, no fue el dios Chamundeswari, fue una vaca.

La vaca en cuestión se nos acercó por la espalda y en menos de un minuto se hizo con un par de manzanas y el último trozo de mango que no dudó en arrancar de mis manos. Pero como es una vaca sagrada, cualquiera se lo impide! Pasado el susto nos dio por reír, pero nos quedamos con algo de hambre…

Tras el incidente nos dirigimos al templo, dónde una cola de fanáticos se da empujones bajo el sol. Decidimos saltarnos la visita, total, ya hemos cumplido con los dioses por hoy.

Pero la historia no acaba aquí, Jan llevaba una bolsa con los plátanos sobrantes, y aquí es dónde entran en acción los monos. Porque si hay algo que no falta en templos, fuertes y cuevas, son los monos. Y uno de ellos se lanza hacia la bolsa, la desgarra y tira de los plátanos. Con lo que el resto de la manada, al verlo, empieza a correr hacia nosotros dando gritos. No nos quedó más remedio que soltar la bolsa y correr colina abajo.

De vuelta en la ciudad decidimos ir a la catedral de Santa Filomena, una de las más grandes de India (of course). Por supuesto no faltan las luces de neón en el altar formando cruces, palomas y demás símbolos cristianos.

Tras esto sólo podemos sentarnos en CCD bajo el aire acondicionado, reponer energías con un café y volver al hotel a decidir dónde cenamos asesorados por nuestra inseparable amiga desde el primer día; la Lonely Planet.