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Incredible India!

agosto 12, 2010

12 de Agosto de 2010

Hace un año llegaba a la India, yo con mi maleta rosa, sin tener la más remota idea acerca de lo que me esperaba.

Hoy también se cumple un mes de la fecha de mi regreso a España, así que ha llegado el momento de hacer balance y cerrar capítulo.

Dicen que la India te cambia. Yo no fui allí con esa intención, no lo encaré de forma espiritual, como tantos occidentales que llegan al país buscando la iluminación, ni tampoco me fui en plan hippie a tirarme en las playas de Goa y mantenerme haciendo pulseritas. Tampoco es que fuese con la intención de estudiar mucho marketing, pero si que me fui a aprender… aunque sin saber muy bien el qué.

Y aprendí. Muchísimo. Desde cómo comer con las manos a cómo comportarse en un templo. Aprendí a conducir una moto en el caos absoluto, a cantar el himno nacional al inicio de cada evento o película, a tener paciencia, a improvisar, a olvidarme de la agenda, a depender de la gente y a pedir ayuda, y a aceptarla incluso cuando creía no necesitarla. Aprendí lo complicada que es una sociedad dividida en castas y con unas tradiciones tan arraigadas, y lo complicado que es un sistema político basado en la corrupción y en los lazos de sangre. Me dí cuenta de lo importantes que son cosas tan básicas como el agua o la luz, y lo absurdo de la importancia que la sociedad da al tono de piel. Aprendí el poder que tiene el cine en una sociedad tan desigual, y lo hipocresía del amor bollywodiense en un país dónde los padres compran a sus hijos mujeres con la ayuda de los anuncios en el suplemento del periódico. Aprendí lo afortunada que soy por ser una mujer nacida en un país dónde mi único deber en la vida no sea encontrar un buen marido antes de los 25 y darle muchos hijos, a poder ser varones, y lo afortunada que soy por poder decidir cada mañana lo que me pongo, sin que una minifalda y unos tacones me conviertan automáticamente en una prostituta. Aprendí que no hace falta ser un niño para poder jugar, ni ser adulto para trabajar.

Aprendí a apreciar la India tal y cómo es, con sus contrastes y sus mezclas agridulces. Con sus millones de dioses, de sabores, de colores y de olores. Con el polvo y las lentejuelas, con los palacios de maharajaes y puestos callejeros de pani puri, con viajes en trenes locales y en motos de 250.

Y la última noche, en Mumbai, Utsav me preguntó qué había sido lo mejor de la India. Y la respuesta es muy sencilla. Podría haber dicho el Taj Mahal, el olor a jazmín de Mysore, los anacardos de Goa, los cánticos del Templo Dorado, los abdominales de Sahid Kapoor, el tigre blanco o los lagos de Bhopal. O quizás el Cad-B, o el helado de Gulkan, la puesta de sol en Pondichery, las sedas que me han hecho perder la cabeza, el masala chai, las cascadas de Lonavla durante el monzón, la brisa nocturna en Marine Drive, los cosmopolitans de Malaka Spice, las fresas de Mahabaleshbar, los bailes indios o conducir sin casco con la melena al viento. Pero no, lo mejor de la India es la gente, todos esos amigos que me han cogido de la mano para cruzar la calle, que me han llevado a descubrir la comida que sabrían que me gustaría, los que me han protegido del sol, me han hecho divertirme “como los indios”, han cuidado de mí cuando he caído enferma o de la moto, han cruzado medio país para despedirse o para comer conmigo, los que me han explicado con infinita paciencia cada tradición, mito o costumbre que mi mente europea no lograba digerir, los que han estado en todo momento, cuando los necesitaba y cuando creía que no, cuando estaba mal y cuando estaba bien. Ellos han sido lo que me han hecho quedarme en la India todo el año en vez de sacar el billete de vuelta al primer desencanto. Y en especial el que hacía la pregunta. Pero no sólo los amigos son parte de esa gente, si no todas esas personas que sin conocerme de nada, desde camareros a vendedores, recepcionistas o niños que cruzaban la calle, y muchos de ellos siendo tan pobres como para no tener zapatos, me han dado lo mejor que tenían; su sonrisa.

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Bailando bajo la lluvia

junio 14, 2010

14 de Junio de 2010

Hay días en los que te empeñas en algo, y aunque el mundo entero se ponga en tu contra y todas las señales apunten a que es un error, como se te meta en la cabeza que lo consigues nadie te saca de ahí.

Yo hoy me he empeñado en ir al gym.

La mañana ha empezado mal. Porque cuando empiezas el día en el pasillo de Vashuda (Directora de relaciones internacionales de la Universidad de Pune) nada sale bien. Me han despachado rápido diciendo que tenían una reunión urgente (excusa preferida por todos los indios) y he salido de allí sin el certificado que necesito.

De ahí a MG Road, a comprar encargos varios, y al ir a pagar… tarjeta errónea… ya conocéis la historia… busca un cajero, no acepta tarjeta internacional, la policía se lleva la pinkie,… Esas cosas que solo a mí me pasan, una y otra vez… Vuelve a la tienda con la mitad en efectivo y la otra mitad a la visa (al final todo era un problema con el límite de la cantidad permitida por día…)

Llego a Aundh, a Reliance a recargar Internet, y están sin línea de teléfono (lo típico en una empresa de telecomunicaciones), así que no aceptan tarjeta. Busca otro cajero y vuelve con el cash a Reliance.

Parada en CCD a comer y a reponerme de la desastrosa mañana. Y de repente… truenos, relámpagos vendaval y… Llega el monzón!

Los canales de Venecia, las cataratas del Niágara, los deportes de agua de Goa, los lagos de Bhopal y más agua que en el Titanic. Todo eso y más lo tenemos hoy en Pune.

Y yo, que no sé dónde leí ayer que no hay que huir de la tormenta, si no bailar bajo la lluvia, me he decidido toda chula a salir de la cafetería, porque tenía que ir al gym, y quedarme en el sofá de CCD leyendo un libro bajo al aire acondicionado no me ha parecido bien.

Así que cojo la pinkie con todas las compras incluidas (colchas, pashminas, mantelerías, cojines, …) y tiro dirección Pimpri. Y a los 5 minutos cuando no veo ni por dónde voy y sigo a tientas las luces del coche de delante, me replanteo volver a CCD, pero no, total, solo es agua, y un poco de lluvia no va a cortarme a mí la marcha.

Sigue lloviendo a mala leche (si es que a eso se le puede decir llover, porque es como si hubiesen abierto la presa del cielo) pero ya no hay vuelta atrás, y hasta tiene su encanto; el aire fresco, el agua que limpia el asfalto, lo valiente que soy (o lo estúpida)…  de vez en cuando me adelanta algún coche lanzándome el agua sucia… eso no tiene tanta gracia, pero con la intensidad que llueve vuelvo a estar limpia rápido.

Y por fin, tras 15 Km llego a casa, suelto las compras y cojo la bolsa de deporte, total, si he llegado hasta aquí, puedo llegar a Solaris.

Y el guardia de seguridad se pone delante de la puerta y me dice;

–       Ma’am, rainy danger danger. You go home.

Pero yo me he empeñado en ir al gym, así que le digo;

–       Bahiya, rainy clean clean. I go gym.

Y sigo camino. Y con “camino” me refiero a camino de cabras. Ese lleno de baches, zanjas y socavones, que ahora son ríos, arroyos y lagunas. Y la lluvia aprieta más todavía (por imposible que parezca). Así que tras ver cómo todas las motos se resguardan en la cuneta bajo árboles y toldos me replanteo volver, pero quedaría muy mal con el de seguridad, así que yo sigo.

Sigo y cuando estoy a unos 20 m de Solaris, tengo que parar, porque la carretera es un pantano y el agua cubre unos 40 cm, así que no hay forma de llegar a mi destino, ni de volver con la que esta cayendo, aparco en G-Mart, dónde me conocen como the Cadbury Girl, y me resguardo contemplando el diluvio. Qué baile bajo la lluvia otro!

Y tras media hora calada hasta los huesos y viendo que no va a parar de llover a corto plazo, tramo un plan; enfrente de G-Mart hay un edificio en construcción (lo que dificulta la cosa más porque todo ese lado está levantado) y a la izquierda del edificio está mi objetivo. A la izquierda de éste está la entrada a una urbanización, cuyas casas son sospechosamente similares a las de la derecha del edificio en obras. Así que, si por casualidad todo es una urbanización conectada, sólo tengo que entrar por el lado derecho, rodear Solaris por detrás, y salir por el izquierdo, que da al parking de Solaris. El dueño de G-Mart me confirma que la urbanización está conectada, y me desea suerte, así que vuelvo a coger la pinkie y me aventuro.

Si Jhansi ki Rani se ató a su bebé a la espalda, se subió a su caballo y salió de su fuerte para luchar contra los británicos, yo no voy a ser menos!

Entro en la urbanización, callejeo un poco y llego a la avenida deseada, avanzo, avanzo y cuando me quiero dar cuenta el agua me llega a los tobillos. Se ha formado una balsa en la salida de la urbanización y lo único que queda a flote es la puerta de entrada y la caseta del vigilante. Pero ya que estoy aquí yo sigo, porque una vez salga, según mis cálculos, a dos metros tengo el parking.

Pues no, mis cálculos son erróneos, y tras la puerta hay una zanja de metro y medio de ancho convertida en río y al otro lado del río está el lago que empezaba frente a G-Mart. Aunque no hubiese llovido sería imposible salir de la urbanización en moto por la zanja, así que le chapurreo algo en hindi al vigilante acompañándolo con el vacile de cabeza y le doy a entender que la moto se queda aparcada en la caseta. El pobre se apiada de mí y me da permiso, y yo me asomo a la salida a ver cómo llego al parking, pero no hay forma, así que tras un estudio de la situación decido saltar la tapia que separa la urbanización del parking, ante la mirada atónita del vigilante, los vecinos y todos los refugiados bajo el tejadillo de Solaris. Subo al muro con bolsa de deporte incluida (hay que ver lo incómodos que son los Levi´s en remojo) y salto al parking, que es el único suelo seco en un km a la redonda. Cuando tras subir 2 pisos he entrado en la recepción los monitores me han dado un aplauso.

Me seco, me cambio y entro en la sala de máquinas, que nunca estuvo tan desierta. Comienzo el programa del día, esperando que cese la lluvia, pero no, cada vez los truenos son más fuertes. Se va la luz, pero yo sigo a lo mío. Me asomo por la ventana entre set y set para controlar que a la pinkie no se la lleve la corriente. El nivel de agua sigue subiendo. Bueno, igual podemos quedarnos todos (lo que implica 8 trainers  y yo) a dormir aquí, sobre las colchonetas de yoga… casi que no.

Acabo la sesión y pienso en esperar un rato, pero la cosa no parece tener fin, así que me enfundo en los Levi’s tras escurrirlos un poco y bajo las escaleras. Otra vez el parking, otra vez el muro, pero ahora el agua llega a la caseta del vigilante. Saco la llave y… SHIT!

La llave al agua! Y yo me veo como Rose y Jack apunto de morir ahogados en el buque, buceando para encontrar la llave que abría la reja. Solo que sin un vestido de época. Y sin Jack. Así que no me queda otra que meter el brazo hasta más allá del codo en el sopicaldo (resultado de horas de diluvio y polvo y tierra acumulados desde octubre) y rezar para que la llave esté cerca. Tras segundos de agonía agarro la llave, la seco (es un decir) y arranco mi nueva moto de agua.

Atravieso la laguna con el agua hasta las rodillas, la bolsa del gym queda totalmente sumergida,… no pienses Sara, solo acelera, y rézale a Ganesh, el dios que quita los obstáculos, para no chocar con nada dentro del agua… aghh…

Una vez salgo de la urbanización la situación mejora, Pimple Saudagar es como Venecia, solo que en vez de arte en las calles hay puestos de Pani Puri. Vuelvo a casa, tiritando del frío, pero contenta, nada como cumplir un objetivo. Eso sí, una y no más, a partir de ahora va a salir de casa con lluvia Rita.

El guardia mira al cielo y murmura algo cuando entro a mi urbanización. Supongo que le da gracias a los dioses por traerme de vuelta viva.

Tonos de piel

mayo 31, 2010

31 de Mayo de 2010

Hoy hemos decidido tomárnoslo con más calma.

Paseo hasta Hot breads para desayunar otro croissant y después otro paseo hasta French Delicacies. De ahí decidimos pasar el día en la piscina, y un francés nos recomienda la de la azotea del hotel Athiti. Nos cobran 400 rupias por 2 horas, lo que comparado con las 300 por todo el día en Solaris es una pasada, pero merece la pena.

Donde acaba la piscina empiezan las vistas al mar, y de momento estamos solos, así que tranquilidad absoluta. Es un lujo poder estar en bikini sin cuarenta ojos indios observándote.

Tras una hora se nos acaba la paz, y llega una familia entera, 2 niños, los padres, una hija y 2 cuñadas. Pese al cartel que anuncia bien clarito las normas de la piscina, ellos se las saltan y se meten al agua con la ropa puesta. Una de ellas con sweater de cuello cisne incluido. Lo de ducharse antes de entrar ellos no saben lo que es. Y la piscina comienza a soltar un olorcillo desagradable.

Y es que en la India, aparte de lo tapadas que tienen que ir las mujeres (de acuerdo con el machismo del país, porque los hombres se pueden bañar en calzoncillos si les da la gana), tienen el problema de la piel. Aquí hasta el último mono está obsesionado con tener una piel blanca, que comienza por cubrirse para que el sol ni los roce y termina por aplicarse todo tipo de productos de blanqueamiento.

El otro día en Pune, paradas en un semáforo, sólo estábamos una chica y yo. De la misma edad y con la misma moto. Pero ella india y yo española, lo que a las 12 del mediodía y con 42 grados daba como resultado una imagen cómica: yo con shorts y una camiseta de tirantes, embadurnada de bronceador, y sin cubrir la cabeza, y ella con sandalias con calcetines (eso es otra; aquí venden calcetines con el dedo gordo separado para poderlos poner con sandalias de dedo), guantes hasta el codo, la dupatta cubriéndole toda la cabeza menos los ojos, una chaqueta acolchada con capucha, y por supuesto su salwar kameez cubriéndo hasta el último centímetro de su cuerpo.

Los anuncios de tv aquí siempre muestran los mismos productos; jabón, desodorante, tintes para el pelo, motos, noodles Maggi, cemento, jabon de cara, refrescos, polvos de talco y cremas blanqueadoras de piel.

Jabón: desde pastillas de skip para lavar la ropa (aquí el que tiene lavadora es un privilegiado, la mayoría frotan en la piedra con su pastilla) hasta Dettol “be 100% sure” (jabón de manos que elimina el 100% de las bacterias. La higiene es una necesidad que aún está por cubrir en la India, así que los responsables de marketing se centran en ello.

Desodorante: siguiendo con la higiene. Lo del perfume para ellos no tiene mucho sentido, lo que es lógico en un país en el que si tienes dinero tienes que hacer alarde de ello (para qué gastar una fortuna en algo que no se ve?, y, seamos sinceros, con el olor de las calles tampoco se aprecia). Así que aquí los desodorantes son un boom, y a cuál más perfumado, el 80% de los perfumes que tenemos en occidente aquí lo tienen en desodorante; de Hugo Boss a Victoria Beckham, pasando por Chanel o Lacoste. Mi novio me preguntaba un día muy intrigado si sabía lo que era una botella de Adidas que le habían regalado en un estuche de desodorante y aftershave. Ni él ni ninguno de sus ocho compañeros de piso habían oído hasta ahora del Eau de toilette.

Tintes: aquí la mujer, por imposición, debe tener una melena larga y oscura que combinar con su sari en una trenza bien peinada. Las canas no están bien vistas, y aunque el porcentaje de la población que se tiñe con hena, quedándoseles el pelo anaranjado, es considerable, cada vez son más los que siguiendo los sabios consejos de Ashwarya Rai o cualquier otra estrella de Bollywood se tiñen con L’Oreal o Garnier.

Motos: Dirán que los trenes conectan India, pero a mi no me engañan, India se mueve en moto, y los publicistas lo saben.

Noodles Maggi; aquí lo del puré de patata no saben lo que es, si les hablas de Maggi ellos entienden noodles. Es la comida rápida por excelencia, incluso te los sirven en muchos restaurantes, y tiene sentido porque es la única comida rápida picante. Un vaso de agua hirviendo, añades los noodles, añades el sobre de masala, esperas 30 segundos y listo! “Me & meri maggi”

Cemento: esto es lo más surrealista. Vale que anuncien cemento en un país en desarrollo con todo lo que se está construyendo, y teniendo en cuenta que aquí hay empresas constructoras, pero la mayoría de casa se las hacen ellos mismos. Lo chocante es la forma en la que lo anuncian: con tías buenas (vale puede que los obreros tengan fama de piropear a las mujeres, pero eso no lo justifica). El que se lleva la palma es así: Una tía buena sale del agua con un bañador rojo, una mezcla entre escena de chica Bond y de los vigilantes de la playa, se sacude la melena mojada y ahí acaba el anuncio.

Jabón de cara: en ningún país encontrarás tanta variedad de face-wash como aquí. Teniendo en cuenta la polución que hay, que la el 90% de la población se mueve a pie, en tuc-tuc o en moto, y que con el calor que hace se suda mucho, lavarse la cara para ellos es como lavarse los dientes para nosotros. A esto hay que añadir la gran tradición india; “freshen up”. Aquí en cuanto llegas a casa de alguien, tras descalzarte, lo primero que te ofrecen es el lavabo y el face-wash de turno, porque dan por hecho que llegas sudando y lleno de polvo (cierto), y cuando terminas de lavarte la cara ya te están esperando con un vaso de agua.

Refrescos: algo relativamente nuevo, dado que para vender refrescos es necesario en primer lugar una nevera, que en nuestro mundo será algo básico, pero aquí no, yo soy la única estudiante de mi grupo que tiene, y en segundo electricidad, otra cosa básica que aquí no lo es tanto. Pero en cualquier caso los indios se pirran por un refresco, porque aunque sea el país del té, a quién le apetece una bebida hirviendo con estas temperaturas!?, y además el gas provoca eructos, lo que ellos interpretan como señal de satisfacción tras la comida. Así que tanto actores y actrices como estrellas de cricket se encargan de publicitar Pepsi y Thumbs Up!, la coca-cola india, además de 7up, Mirinda, Maaza, Fanta…

Polvos de talco: con el sudor y la humedad es lo único que evita los sarpullidos en todo el cuerpo, así que es el sustituto del body milk, incluso hay marcas que los hacen con sensación refrescante.

Cremas blanqueadoras: además de los jabones (en un 90% blanqueadores) y otros productos como el roll-on de cafeína de garnier (que también te blanquea las ojeras), si hay algo que toda madre hace utilizar a sus hijos, es Fair & Lovely para las chicas y Fair & Handsome para los chicos. Estas son las cremas indias preferidas para blanquear la piel, que aquí se usan en lugar de hidratantes, pero todas las marcas internacionales han costumizado sus productos a las exigencias locales, así que da igual Ponds, L’Oreal, Garnier, Olay, Nivea, Dove o Lakme, aquí todas son con agentes blanqueantes, para hombre y para mujer. Y los anuncios te dejan catacrocker: Una chica entra en un despacho para una entrevista y no la cogen, utiliza la crema de turno durante 15 días (hasta 4 tonos menos!) y vuelve a la entrevista, el puesto es suyo. Lo triste no es el anuncio, lo triste es que la realidad del país es esa; cuanto más clara tienes la piel, más oportunidades. Y nadie puede decir que su piel es de ese color de nacimiento, porque todos usan blanqueadores, es realmente difícil encontrar una crema hidratante o un jabón que no te aclare la piel.

La comida consiste en crepes, y la cena, en el mejor restaurante francés de la India; Le Club, en una hamburguesa (de ternera!) a la pimienta. Y de postre… si, más crepes de banana y chocolate!

Y ahora estamos en el bus, de vuelta a Bangalore, haciendo caso omiso a los ruegos de mi novio y con la piel cuatro tonos más oscura en 3 días!

Ya son 23!

abril 26, 2010

26 de Abril de 2010

Ha sido un cumpleaños genial.

Anoche a las 12 vinieron los chicos a casa con una tarta. Soplé las velas, cantaron Happy Birthday, brindamos y lo celebramos.

Esta mañana ha venido Rohit a desayunar, porque se ha vuelto adicto a mis tostadas de queso. Y después teníamos planeado ir al cine a ver la última de Sahid Kapoor, pero cuando hemos ido a salir del piso estábamos encerrados. Es lo que tienen las puertas de aquí, que como van con cerrojo te pueden cerrar desde fuera. Este capítulo ya os lo explicaré en otro momento.

Para cuando hemos podido salir de casa la película ya había empezado, así que hemos tenido que modificar ligeramente los planes; hemos visto Date Night. Una comedia divertidísima, muy recomendable.

Después el plan era ir a comer Sushi a Silk Route, uno de los 2 restaurantes que lo sirven en Pune, pero después de cruzarnos la ciudad el restaurante está de reformas. Felizmente The O Hotel está muy cerca y tienen otro restaurante (Harajuku) especializado en Sushi. Todo esto era un antojo mío, porque Rohit comió pescado por primera vez en Goa hace dos meses, y evidentemente no estaba crudo. Así que pedimos, y si no le gusta ya lo llevaré luego a que se tome un curry con rotis en otro sitio!

Llega nuestra bandeja de sushi. De entrada le parece monísimo, a ver cuando lo pruebe… Pues parece que se lo come bien, y no me extraña, porque está delicioso. Acabamos la bandeja y cada uno se termina su cocktail.

–       Desean tomar postre?

–       Pues si, pero no aquí.

El hotel está estupendo, pero teniendo el Hard Rock en la misma calle…

Que nos traigan un brownie, please!

Mi novio está encantado con su primera visita al Hard Rock. No tiene ni idea de quién es Mick Jagger, ni ha oído en su vida un tema de Queen ni de Guns N Roses, pero no deja de hacer preguntas y fotos (ya te las mandaré Reyes). Y por supuesto el local le encanta y el postre más.

Próxima parada: Pune Central. Porque ha pensado que el regalo mejor lo elija yo, que quiere algo para que estrene por la noche, pero mejor que me lo pruebe y decida. Y si, la verdad que ha hecho bien, porque estos el concepto de moda que tienen se lo deben todo a Bollywood, y yo ya me veía vestida de choni.

Me regala un vestido monísimo ideal para mis sandalias francesas (regalo de cumple de papá y mamá), pero con la condición de que me ponga los Levi´s debajo. Juas! Va a ser que no, que el look de “ir a vendimiar” quedó descartado para siempre tras la graduación en los Maristas. Al final llegamos al termino medio; ni jeans, ni enseñando pierna, lo dejamos en leggins.

Vuelta corriendo a casa, que al Darling se la ha parado el reloj y es una hora y media más tarde de lo que creíamos. Ducha rápida y me voy a Roseland a recoger a Uts, que ha venido para la fiesta.

Llegamos a Mezza 9, donde hemos reservado una de las carpas para 20. Y comienza la fiesta. Después de los aperitivos pasamos directamente a las tartas, porque han traído dos, una del lado europeo y otra del indio. Apago y reapago las velas, corto las tartas y comienza la guerra; nata por un lado, chocolate por otro, el merengue y los trozos de bizcocho se solidifican en las pestañas… acabamos rebozados en pastel!

A continuación llega el pollo. Fuentes y fuentes. Y el alcohol, que para eso estamos de celebración (menos mal que hoy no es ningún aniversario de Gandhi, ni de Shivaji ni del primo segundo del que limpiaba la sala dónde se escribió la constitución, porque aquí a la mínima declaran día seco).

La fiesta ha sido genial.

Thanks everyone who came to the party!

Mamá, buscame un Príncipe Azul, o de cualquier color que combine con mi tono de piel

enero 26, 2010

26 de Enero de 2010

Creo que prejuzgué los matrimonios concertados.

Al principio no entendía nada, después me pareció un negocio en el que se pone precio a dos seres humanos, en cualquier caso, nunca se me pasó por la cabeza encajar el amor en ese cuadro de anuncios en el suplemento dominical del periódico en el que atributos como casta, religión, estudios, tono de piel y cargo del padre juegan un papel fundamental.

Pero resulta que el amor tiene cabida. Al fin y al cabo, si el 90% de los matrimonios concertados duran, será por algo. Toda esta gente con la que he convivido estos días se casó con quien sus familias decidieron, y el amor sigue ahí. Puede que no tuviesen un flechazo en un tren o que se enamorasen en la cafetería de la universidad entre clase y clase, pero está claro que se quieren.

Los europeos damos por hecho que nos tenemos que casar enamorados para ser felices, pero quizás se puede alterar el orden. Quizás es más lógico casarse y luego aprender a quererse. Después de todo, a nuestra familia la queremos y no la elegimos, nos la adjudicaron sin preguntar. Quizás el amor surge de la convivencia y de compartir el día a día.

Lo que pasa que Disney nos ha vendido muy bien al Príncipe Azul y Hollywood lo ha rematado con el momento “cámara lenta, melena al viento”. Y, por lo menos yo, me he creído que recogiendo frutos del bosque, para que Flora, Fauna y Primavera hagan un pastel, voy a cruzarme con un galán en su flamante corcel y vamos a vivir felices por siempre jamás. De lo que nadie se acuerda es de que La Bella Durmiente se caso con el Príncipe Azul mediante un matrimonio concertado por sus padre, los monarcas de reinos vecinos, el día de su nacimiento.

Así que, aquí los padres, tras negociaciones e intercambio de curriculum de ambas partes, te preparan la encerrona. En verdad tienes una cita, pero en vez de acabar con una copa de más diciendo tonterías y pensando si te llamará al día siguiente, conoces a tus futuros suegros y tus padres te vigilan atentamente para que no se te queme el papad. Y siempre sabes si hay futuro, porque las familias se llaman al día siguiente para un breve feedback y la conclusión del encuentro.

Una vez decidido quien será el afortunado, algo que tampoco es tan rígido porque te dejan ver a unos cuantos antes de dar el “sí, quiero”, llaman al “auspiciero” y fijan fecha y hora según tu carta astral y la de tu prometido.

Así que se celebra el matrimonio, y la probabilidad de éxito es alta por razones obvias: Tu pareja va a ser muy similar a ti, por lo menos en lo que a background se refiere. Mismo estado (lo que implica misma dieta y mismo dialecto), misma casta (con todas sus tradiciones), misma religión (con todo lo que ello conlleva), mismo nivel de estudios (lo que en una sociedad tan desigual facilita las cosas) y situación económica solucionada. Si, puede que a ella le gusten las comedias románticas de Bollywood y a él las de acción e intriga de Hollywood, pero parten de una base cultural común.

Y los objetivos de ambos son hacer feliz al otro, así que cómo no se van a querer? Él trabajará duro para pagar una buena casa y comprarle saris de seda, y ella madrugará para prepararle un “tiffin” con el almuerzo y después se quedará en casa cocinando sus platos preferidos para cuando él vuelva del trabajo. Se cuidan mutuamente, con lo que al final acabarán queriéndose.

Mis vecinos parecen quinceañeros recién enamorados, y llevan un año casados.

Por supuesto, en el caso de los indios que se enamoran y sus familias no les permiten casarse por incompatibilidad curricular, obligándoles a casarse con otros, el matrimonio concertado es una putada.

Pero hay momentos en que envidio a Saraju, la tranquilidad con la que dice que se casará en dos años, sin tener ni idea de con quien, y la seguridad con la que dice que será feliz, y seguramente así sea. Ni se da cuenta de cómo los chicos la miran allá dónde va, porque a ella lo del flirteo ni le va ni le viene.

Para qué va a quedar con estúpidos que sólo piensan en llevarla a la cama, cita tras cita, cena tras cine tras tarde en el lago tras café… si al final sus padres van a buscar lo mejor para ella.

Compostura, ante todo, compostura.

noviembre 22, 2009

14 de Noviembre de 2009

Ayer, aparte de arrasar la sección de cosméticos de Lifestyle, pasé la noche con los europeos.

Antes de cenar estábamos todos sentados en el salón de las alemanas y de repente un pensamiento cruzó mi cabeza; “Qué blancos son todos!”

Acto seguido me di cuenta de que yo soy igual de blanca, pero es algo de lo que solo soy consciente cuando veo fotos de alguna fiesta con los indios, en las que parezco un fantasma.

La segunda reflexión de la noche fue una vez en el restaurante mientras esperaba mi plato y a las alemanas ya les habían traído sus bolas de patata, las cuales yo me moría por probar. Pero allí cada uno estaba concentrado en su plato y en su bebida como si les fuera la vida en ello. “Los europeos no comparten la comida”. Y mucho menos se les ocurre meter la mano (para empezar porque comen con cubiertos) en el plato del otro. De pronto me sentí totalmente fuera de lugar.

Sé que si he conseguido adaptarme a la vida india tengo que ser capaz de superar un par de cenas semanales “a la europea”. Y sé que en cuanto vuelva a España alguien va a tener que reeducarme.

Qué ha sido de aquella chica que pelaba y comía los langostinos con cubiertos?

Mamá, me dejarás comer el solomillo en salsa con las manos el día de Navidad?

Queremos que nos hagan la pelota.

noviembre 21, 2009

13 de Noviembre de 2009

Hay algo que los indios saben hacer mejor que nadie; vender.

Desde el que tiene un puesto de bananas en el “arcén” de la carretera hasta el responsable de la perfumería más elitista, pasando por la dependienta de cualquier tienda de moda, el reponedor del supermercado o las chicas de los collares de Goa.

Venden bien por cuatro razones:

1-Peloteo: Ya lo decía Richard Gere en Pretty Woman, y es que cuando te hacen la pelota se te infla el ego y te crees que te lo mereces todo, así que compras más… porque yo lo valgo! El ritual comienza antes de entrar en la tienda, los indios te esperan fuera y te invitan a pasar (normalmente convenciéndote de que es “sólo a mirar”) a la vez que elogian tus zapatos, tu pelo o cualquier cosa que sea capaz de sacarte una sonrisa. El hecho de que se dirijan a ti como “madame” y casi besándote los pies te hace creer que eres una de las ricachonas que viajaba en el Titanic, y por unos minutos se te olvida que eres estudiante y que en tus cuentas corrientes no hay tantos ceros. A continuación siempre entra en acción el cargo más alto del establecimiento, que mediante una discreta señal ordena a algún subordinado que te traiga una silla, un vaso de agua, una cesta, chai, que te sujete las bolsas o simplemente que te contemple con admiración y una sonrisa. (En el caso del supermercado cada semana anuncian mi entrada como “the Cadbury Girl” e inmediatamente tengo a todo un séquito a mi disposición) Por supuesto entrar en un probador (o más bien salir de él) se convierte en todo un espectáculo; todo te queda fabuloso y en ocasiones extremas llegan a aplaudirte.

2-Conocimiento del producto: Los indios saben lo que están vendiendo. Saben lo que venden ellos y lo que venden los demás, que aquí no son competidores, si no amigos. Conocen con todo tipo de detalles las características del producto y la mejor forma de utilizarlo y te dan todo tipo de información para facilitarte la compra. Ellos averiguan qué es lo que quieres, te lo ofrecen en todas sus versiones y si no está disponible te intentan vender cualquier otra cosa encomendándose a tu espíritu de compradora compulsiva. La encargada de Elizabeth Arden en Lifestyle no es como la encargada de Arden en El Corte Inglés; la de El Corte Inglés intenta venderte cualquier producto de Arden (que para eso la han contratado) y te muestra tarros y cajas repitiendo lo que pone en la etiqueta (como si no supieses leer), la de aquí averigua que quieres un gloss, maquillaje, esmalte, quitaesmaltes y máscara, así que te lleva a por el gloss al stand de Bourjois porque deduce que la cosmética francesa te gusta más que la india, una vez allí le sugiere a la encargada que te muestre las máscaras de pestañas que acaban de recibir, al llegar al mostrador de L’Oreal el dependiente sabe desde que te ha visto entrar que tu tono de piel es el W4, y por mucho que tu quieras probar el N6 acabas dándote cuenta de que él tiene razón. El esmalte negro está agotado, pero su ayudante sabe que queda uno en el almacén, así que lo buscan sólo para ti, y por supuesto Mrs. Arden sabe que en todo el centro comercial sólo tienen quitaesmaltes en Revlon. Mientras, la señorita de Shiseido intenta venderte lo que sea, pero Mrs. Arden deduce por tu expresión que eres alérgica a esa firma, así que ahuyenta a la asiática con una frase tajante en hindi. Y finalmente te lleva a su stand para venderte un Démaquillant pour le Yeux et les Lèvres porque es el único que puede limpiar del todo el gloss y la máscara de Bourjois (y no es que lo diga ella, es que te lo ha demostrado y lo ha comparado con el asiático). Así que sales de allí encantada y con una invitación a una sesión de maquillaje en Arden (en la que evidentemente tratarán de venderte más) El chico que vende souvenirs a la salida del Taj Mahal conoce la dureza y la calidad de cada pieza que vende, las horas que han tardado en tallarla, si ha sido un aprendiz o un maestro y, por supuesto, su correspondiente precio. El vendedor de pañuelos conoce cada material, sabe el porcentaje de seda de cada chal, la procedencia de cada pashmina y el modo de tejer y estampar o bordar cada artículo. Lo sabe, te lo explica y te lo demuestra quemando los flecos de una y otra para que observes lo que le pasa al poliéster en comparación con la seda.

3-Precio: Aquí hay dos tipos de negocios; los que tienen el precio marcado y los que te dejan regatear. Es un truco, todos lo sabemos, pero te sientes mucho mejor cuando te hacen un descuento. Cuando compras champú o galletas, el precio viene de fábrica, pero también viene el descuento, así que en Parle-G (Que es la marca de galletas nacional) imprimen en el paquete que el precio son 15 rupias, pero que lo han bajado a 10 (cuando en verdad nunca las han vendido a 15) y el champú siempre viene con un 26 % (que no 25!) gratis (pero en verdad no existen botes sin ese 26%). En cuanto al regateo, ahí que cada uno se las ingenie como mejor sepa, pero siempre vas a pagar menos de lo que te pedían en origen, así que todos contentos porque aunque pagues lo que tu consideras justo, siempre van a obtener beneficio. Y por último está algo típico, típico indio: Buy one, get one free! O su versión más auténtica: Buy 1, get 3 free! Ellos son así. En Carrefour compras tres litros de aceite y con suerte te regalan el cuarto, aquí compras el cuarto y te regalan los otros tres.

4-Valor añadido: Esta es la parte en la que entra en juego la creatividad y la imaginación del vendedor. Todo vale. Desde decir que un cubo de plástico que cuesta el equivalente a 50 céntimos tiene garantía de por vida (quién va a ir a cambiar el cubo si sólo el paseo hasta la tienda cuesta más?) hasta que el bordado de una sábana lo hicieron unas monjitas de clausura a la luz de las velas y al acabar se habían quedado ciegas. Una falda nunca es sólo una falda porque te la puedes poner del revés, así que lo que el lunes era azul, el martes pasó a ser verde. Los anacardos no son un simple fruto seco, son snacks 100% libres de colesterol que aportan un montón de nutrientes y encima los puedes disfrutar con queso, con pimienta o con tomate. Y seguramente son ideales para una buena digestión.

Por suerte yo juego con ventaja; sé que las sonrisas y el té son manipuladores, sé cuando la seda está mezclada con algo más, sé cuando la plata no es plata, tengo claro que no necesito sombras de ojos de Shiseido y que no necesito garantía de un cubo de fregar. Pero al fin y al cabo…

Hay algo que yo se hacer mejor que nadie; comprar.

Welcome to India Ma’am!

El lechero siempre llama dos veces

octubre 15, 2009

15 de Octubre de 2009

Ayer fue uno de esos días tontos en los que no se hace nada de provecho. Porque colgar fotos en facebook, ver una temporada entera de “How I met your mother” e intentar hacer crepes en la India no son actividades con mucho output.

Podría describirse como lo más parecido a un domingo hasta ahora; me desperté con resaca, no tenía que ir a clase, y por algún extraño motivo tenía una canción sonando en mi cabeza y era incapaz de callarla. Podría haber sido domingo excepto por un pequeño detalle; a las 7:50 ya estaba levantada.

Y es que aquí es imposible estar en la cama hasta más tarde de las 8:00. Me estoy planteando seriamente desconectar el timbre porque cada mañana es una procesión de gente.

lechero

Primero llega mi doncella, después llama el basurero (este no coge la indirecta de que cuando tengo basura la saco la noche de antes), luego llama el laundry man (a quien no le doy ropa nunca, pero él no se cansa), después el lechero, el verdulero, el planchador y el frutero. De vez en cuando, con motivo de algún festival, también vienen los presidentes de la comunidad a pedir el aguinaldo (tienen mucha cara dura) y otros días vienen el “cortador” (este me avisa para que llene botellas de agua porque la van a cortar unas horas).

Así que a eso de las 11 han pasado por aquí unas 6 personas, y tienes que abrirles, porque no se van hasta que les dices que se vayan. Es el gran inconveniente de tener una puerta que se cierra con un candado; siempre saben si estás en casa o no.

El post de hoy va dedicado a David, Mara, Dani y al lechero de Big Fish.

Awesome

octubre 14, 2009

14 de Octubre de 2009

Ayer fue absolutamente fabuloso.

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Por la mañana estuve haciendo research para el viaje a Goa, que va a ser genial, nos vamos el viernes!

Fui a comer a casa de Utsav, en la Indie con un salwar kameez y tacones de 12 cm, tengo el asfalto controlado. Vimos el primer capítulo de “How I met your mother”, porque desde que me conoce quería engancharme a la serie. Lo ha conseguido. Tomamos el último té casero con las especias que le prepara su madre. Y le ayude a hacer la maleta. Algo extraño, una sensación nueva para mí; ayudar a hacer maletas a alguien, cuando siempre soy yo la que hace la maleta. Como tengo un master en la materia, encajé todo en la mitad de bolsas de las que pretendía llevar en principio.

Y luego fuimos a cenar al Hard Rock Café. Teníamos mucho que celebrar; su nuevo trabajo, mis dos meses en India,… Bueno, vale, no era una cena de celebración, era una cena de despedida camuflada. Pero fue increíble; el sitio ideal, rodeados de guitarras de los Rolling y trajes de los Beatles, los nachos… ya sabéis de sobra como están, el brownie Utsav lo ha descrito perfectamente: “Por fin un auténtico brownie, y no un trozo de algo color chocolate que te tienes que comer porque hay una chica enfrente” (se podría escribir un libro basado en esta teoría; Los sacrificios que se hacen por conquistar a una chica: 1- Fingir que te encanta el postre.) Este mes es Pinktober, así que para colaborar en la lucha contra el cáncer de mama bebimos un montón de cocktails rosas. Cada canción fue mejor que la anterior, y la guinda llegó con Yellow.  Y nosotros cantando a dúo, intentando llegar a notas tan altas que ni un perro podría oír.

Nos reímos un montón, e hicimos un repaso por nuestros grandes temas de conversación, incluyendo el matrimonio; nunca dejo de sorprenderme.

Y de vuelta a casa, en nuestro último viaje juntos en su moto, vimos un elefante. El primero de mi vida en India, yo que creía que al bajar del avión iban a estar esperándome, y he tardado 2 meses en ver uno! Ver a un elefante con la frente pintada de colores y un hombre subido encima a la una de la madrugada paseando por la autopista es algo que debería impactarme, pero por algún motivo me chocó más ver los carteles de la autopista en “Vicky Cristina Barcelona”.

Finalmente me dejó en casa, le dí su regalo de despedida, nos dimos un abrazo roto y se fue.

To my “part time lover and full time friend”.

Maybe there won’t be marriage, maybe there won’t be sex, but by God there’ll be dancing!

octubre 12, 2009

11 de Octubre de 2009

Hoy era la gran fiesta.

Yo no estaba con ánimo de ir, sobre todo después de que esta mañana Utsav se fuese a Mumbai, sin pasar por aquí a despedirse (aunque se ha ido a las seis de la mañana, así que está perdonado), pero Archana ha llamado a las siete diciendo que en media hora estaba aquí a buscarme, así que no me ha quedado más remedio que darme una ducha y ponerme mucho rimel “wonderground”, que diría mi hermana.

Menos mal que en un ataque de consumismo, mientras esperaba a los europeos para ir al cine el viernes, cargué de sandalias de tacón!

Los 10 primeros minutos en la fiesta me he sentido desnuda. Después todos los compañeros me han arropado y sin darme cuenta me he visto en el medio de la pista de baile siguiendo la coreografía bollywoodiense. Me lo he pasado como los indios, para qué nos vamos a engañar. Ahora ya estoy más tranquila porque sé que aún cuando él no esté, me lo seguiré pasando bien aunque lo eche de menos a veces.

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Ha sido una juerga absoluta. Y bailar como ellos no es tan difícil, solo hay que cogerle el punto y seguir al resto. El orden de la fiesta tampoco tiene nada que ver con el occidental; primero bailan, luego ha sido la elección de Miss y Mister Fresher, segunda ronda de baile y luego la cena, que tampoco lleva un orden normal, porque es buffet libre, y según la experiencia de mis compañeros, nunca hay suficiente postre para todos, así que hemos empezado por el helado. Algunos se han decantado por el caldito de verduras, pero tras 3 horas sudando como cerdos, era lo menos apetecible.

Y Mr. Ahora-me-voy-ahora-no-me-voy ha aparecido a mitad de la segunda ronda de baile, recién llegado de la capital. Überaschung! Pero ya me lo estaba pasando genial antes de que llegase, así que ha sido perfecto.

Durante la cena, con mi nuevo plan de diversificación, he aprendido algo nuevo. Yo era la única con ropa india, algo que a las chicas no les ha parecido apropiado, pero que ha hecho las delicias del sector masculino.  Así que se ha creado debate; por lo visto a ellos les parece bien que las chicas se vistan de europeas para tontear un rato con ellas, pero a la hora de elegir futura esposa exigen que vistan según su tradición. Alguno en un lanzamiento de caña ha sugerido que de toda la fiesta sólo se podría casar conmigo, algo evidentemente imposible para un indio, porque supondría la deshonra de toda su familia, sus padres le retirarían la palabra y sus hermanas pequeñas no serían capaces de encontrar esposo, lo que llevaría al mayor drama de la historia india.

Y cuando la cena se ha acabado y los juniors se han ido en el bus del cole a la cama, nosotros hemos seguido de fiesta, porque a las 12 empezaba el cumpleaños de Nivedita (Happy birthday to you!). Gracias a Dios esta vez no ha habido guerra de merengue! Lo hemos celebrado en la zona de columpios del hotel; tirándonos por el tobogán y subiéndonos a las motos y patitos-balancín.