Pondicherry: en busca del croissant perdido


29 de Mayo de 2010

Llegamos a Pondicherry a las 6 de la mañana, tras las discusiones de rigor con el conductor de rickshaw y 5 o 6 intentos fallidos de alojamiento, decidimos quedarnos en Ganga Guest House, que parece un lugar tranquilo y decente.

El calor es insoportable, pero conseguimos dormir un par de horas antes de lanzarnos a la calle en busca de “El Croissant”. Todo empezó un domingo en Solaris cuando Jan comento que se iba de viaje al sur, Onu recomendó que si íbamos a Bangalore pasásemos unos días en Pondicherry, una antigua colonia francesa en la costa Este, dónde ella estuvo hace unos meses desayunando croissants rellenos de queso cada mañana.

Así que, para que negarlo, hemos venido aquí por la comida. Ocho horas en un autobús sin aire acondicionado y sin poder dormir, todo por comer algo francés. Pero bueno, si hay algo que he aprendido en este país es que cuando se trata de comer, todo viaje está justificado.

Y aquí empieza nuestra ruta gastronómica, guiados por la Lonely:

Satsanga: en el patio de una casa colonial, ideal para desayunos y ensaladas. Ni rastro de croissants, pero lo solucionamos con crepes.

Coffee.com: unas baguettes estupendas, y el café de primera. Croissants? No

Ante la deseperación llamamos a Onu, que nos dice que la panadería no está en nuestra querida guía, que está en la calle del canal. El canal cruza todo Pondicherry, así que empezamos a caminar desde un extremo, hasta casi el otro. Por fin llegamos a Hot Breads, y ahí están, tras la caminata, los croissants más deseados de la historia.

Tras reponer fuerzas llegamos al paseo marítimo, con una brisa agradable, aunque ni una sombra. Y de ahí al Bharathi Park, dónde están rodando una película.

En este punto, tras recorrer la ciudad entera en cinco horas a 47 grados a pleno sol, es cuando el sudor se mezcla con el protector solar, la polución india, la loción anti-mosquitos y la pomada para las picaduras, cubriendo todo tu cuerpo de un barrillo que ni en el mar muerto. Hora de volver al hotel y pegarse una ducha.

Tras nuestra resurrección volvemos a aventurarnos a salir, porque en el hotel tampoco se puede parar con el calor. Y comenzamos el Heritage Walk, un paseo para ver las calles más entrañables de la ciudad, todas con nombre francés, incluyendo el faro, la catedral de Notre Dame… Cuando estamos a punto de morir deshidratados llegamos al Nirvana, una pequeña tienda de souvenirs muy totó (y por tanto muy caros) de rollo sostenible, con un restaurante en la parte de arriba en el que por supuesto hacen crepes.

Para la cena los 3 restaurantes recomendados están cerrados esta semana porque es temporada bajísima (a quién se le va a ocurrir venir aquí los 10 días más calurosos del año?), así que encontramos otro en la terraza de un edificio decorado muy mono, lleno de velitas y flores, la cena nada del otro mundo.

Otro paseo hasta el hotel (porque aquí, al contrario que en el resto de la India, se puede pasear y hay incluso aceras), mucha loción aftersun y a dormir.

2 comentarios to “Pondicherry: en busca del croissant perdido”

  1. Mara Says:

    Pero… ¿ estaban buenos los croissants al final o no?

    • sugarlane Says:

      si, los croissants increibles, igual en Francia serían del montón, pero un croissant así en la India, dónde desayunan fritanga mojada en sopicaldo picante con tropezones de verduras… , es como comer un trozo del cielo!

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