Udaipur – Delhi


14 de Abril de 2010

Madrugón para coger un vuelo a Delhi. Aquí solo hay una terminal, así que no hay lugar para la confusión. Nos despedimos del Gran Guerrero, y de los grandes éxitos de música rajastaní.

A la llegada a Delhi, como lo de los tuc-tuc no es lo que más les ha gustado de la India, alquilamos un coche para los dos días que nos quedan. Volvemos al hotel Amber, donde el personal nos espera tan amables como siempre, nos damos una ducha rápida y vuelta al coche.

El primer destino es el Lotus Temple (al cual ya fuimos el segundo día en Delhi, pero estaba cerrado). El edificio es una maravilla arquitectónica, y queda estupendo ahí plantado entre tanto césped, eso sí, ni una sombra. Los últimos metros que andas sin zapatos es como los penitentes que caminan sobre las ascuas…

Tras este golpe de calor pedimos a nuestro nuevo conductor (aparentemente normal hasta que habla por teléfono… para mí que por las noches trabaja en una línea erótica) que nos lleve a comer al Hard Rock. Y el hombre se hace el loco, que no sabe dónde está eso, pero que si queremos nos lleva a un restaurante estupendo. Le decimos que no, que le damos la dirección y llamamos al Hard Rock a que le expliquen exactamente cómo llegar. Viendo que tenemos bien claro dónde vamos a comer, se desenmascara y hace el último intento (con su voz de línea erótica):

–       Si tienen diez minutos paramos en otro restaurante porque así a mi me dan un cupón y ustedes sólo tienen que entrar y salir.

–       Pues va a ser que no. Que estamos muertos de hambre y de cansancio y que si salimos del coche va a ser única y exclusivamente porque veamos la señal de Hard Rock en neón brillando en la fachada del centro comercial al que nos va a llevar usted rapidito. (Yo también pongo mi voz de telefonista de Telefónica, de esas super amables)

El lugar en cuestión es un complejo de tres centros comerciales con todas las firmas internacionales y alguna nativa. Y por fin llegamos a nuestro destino:

Sofás de piel, aire acondicionado, Guns “n” Roses sonando de fondo mientras en las pantallas Axl Rose se refrota contra el pie de micro, y el olor inconfundible de los nachos y la carne de ternera! Todo acompañado por mojitos, invita la casa.

Tras este rato en la burbuja, a papá lo dejamos en el hotel y mamá y yo nos vamos a Main Bazar, porque yo creo que esa calle hay que recorrerla una vez en la vida. El driver otra vez intenta liarnos y llevarnos a otros bazares, pero yo me pongo farruquita y le doy instrucciones muy concretas. Por fin llegamos, tras la vuelta que nos mete por intentar llevarnos a otra cooperativa, y dice que 20 rupias para el parking. Menudo caradura, si aquí no hay parking, y en caso de haberlo serían 10 rupias, pero bueno… por no discutir…

La calle, que cuando fuimos María y yo en noviembre ya era digna de una película de Hitchcock, se ha superado a si misma, porque ahora está en plena demolición, así que si hace unos meses casi morimos de asfixia, lo de ahora es para vivirlo, a poder ser con mascarillas. Los olores y toxinas que desprenden los montones de basura a ambos lados del callejón se mezclan con los escombros cayendo como una tormenta de arena desde cada edificio. Pero a nadie parece importarle; el tráfico de rickshaws, bicis, motos, vacas, perros y carretillas es el mismo de siempre. Los locales cuelgan los saris y vestidos en la calle como si aquello fuese el paseo marítimo de Cullera. Y la gente pasea por allí como si se tratase de la quinta avenida (he de decir que esta calle ni siquiera está asfaltada, lo de la acera es impensable).

Pero aún así, en ningún sitio hay tanta variedad ni mejores precios que aquí, así que las dos nos cubrimos la cabeza entera con la dupatta, dejando al descubierto los ojos, compramos una botella de Bisleri para no morir deshidratadas y ahogadas por el polvo, y nos adentramos en aquella calle, cual concursantes del Grand Prix (solo faltaba Ramón García haciendo los comentarios: “el equipo amarillo entra en el primer local, elige tres vestidos, les sacuden el polvo, regatean, el vendedor del equipo azul no quiere bajar el precio, las concursantes del equipo amarillo regatean más, vestidos conseguidos, y corriendo al local de los pañuelos de seda. Salen del local con 20, la vaquilla las persigue pero consiguen resguardarse en el local de los kurtis…, finalmente corren con las bolsas a la salida, compran una maleta y corren hacia el coche).

Y vuelta al hotel, porque aquí el amigo dice que aunque el coche lo hemos pagado  hasta las 8, él necesita 45 minutos para llegar a su oficina (o call center), así que a las 7 se nos acaba el viaje. Y encima al dejarnos nos pide propina. Los hay con poca vergüenza!

Ya solo nos queda enjuagar todo lo que hemos comprado, porque tendría gracia llevarse a casa 3 kilos extra de polvo!

P.S. Muchas felicidades Rachel!

Una respuesta to “Udaipur – Delhi”

  1. Raquel Says:

    Gracias primita….. con retraso de 15 días…. Y felicidades a tí que vas a ser tía otra vez!!!!!!! Todos felices….

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