Archive for 31 enero 2010

Glucosa, sol y premios

enero 31, 2010

31 de Enero de 2010

La Pinkie ha resucitado. La hemos llevado al taller (lo de taller es un decir, véase foto) y la han parcheado entera, no han querido cambiar la cámara porque las que tenían nuevas eran de peor calidad (poca visión de negocio). Y la llanta la han recompuesto a martillazo limpio. Sin más. Ha quedado como nueva. El precio es lo más surrealista; 1,40€!

Lo hemos celebrado con zumo de caña de azúcar, para reponernos del madrugón. De ahí al templo, a darle gracias al elefante. No, en verdad hemos ido porque está en un entorno perfecto para las mañanas de sol en las que solo te apetece tirarte al sol como los lagartos (bueno, eso a mi, porque los indios evitan siempre que les dé el sol), pero al templo no hemos entrado porque no nos habíamos duchado (cada día aprendo algo nuevo).

Y a mí, en mi dejadez absoluta de domingo, se me ha ocurrido ir al Solaris Club de la zona, a ver si tenían piscina donde darnos un chapuzón. Pues sí, pero los domingos por la tarde cierran, y ya que estábamos allí, pues me he hecho socia, así tengo gym, clases y piscina abierta, de momento por 3 meses. A ver si cojo un poco de bronze y pasó más desapercibida, porque en mi superterraza sólo da el sol a las 8 de la mañana, y con todos los obreros enfrente no es cuestión de tomar el sol.

La cuota del club me ha salido barata, pero Saurabh ha estimado que voy a gastar 3 veces más en el modelito sport… ya me va conociendo. Total, que mañana empiezo con clase de yoga a las 6 de la mañana. Sí, 6 de la mañana, que dicen que el yoga hay que hacerlo a esas horas y en ayunas… que mal rollito…

Y la cena ha sido en casa de los vecinos, viendo los Nokia Awards (Oscars Bollywoodienses). Muy curioso, aquí ni nominados ni leches, te ponen 5 ganadores del tirón (sin agradecimientos ni discursitos), montan un baile de los que solo ellos saben, otros 5 ganadores, otra actuación, más ganadores, más coreografías… Lo que sea con tal de ver a Sahid Kapoor en acción.

Y la verdad es que se agradece que televisen sólo lo imprescindible, porque aquí la cantidad de premios que dan es descomunal; mejor historia, mejor guión, mejor diálogo, mejor sonido, mejor edición de sonido, mejor montaje de sonido, mejor música, mejor canción, banda sonora, coros, letra, melodía, video musical, coreografía, escenografía,… Aquí le dan premio hasta al mejor untador de aceite!

Compuesta y sin moto

enero 31, 2010

30 de Enero de 2010

El día fue bien, hasta que llegó la noche.

Comida con Saurabh, gulkan, clase de hindi…

Y cena en Malaka, punto de encuentro con los europeos. Llevábamos mucho sin juntarnos todos. Jan ya ha vuelto de su viaje por los pueblos de la zona, Henrike ha vuelto de Australia y Eva se ha traído a un amigo alemán. Conrad también ha venido, aportando a 3 rubios (compañeros de proyecto). Y Roeland sigue en Goa, meditando debajo de un cocotero.

–       Qué quieren beber?

–       Pues lo de siempre, Ginger Cosmopolitans.

–       Sorry Ma’am. It’s Dry Day.

–       No, it’s Satur Day. And moreover, Satur Day Night!

Pero a ellos les da igual, porque es el aniversario de la muerte de Gandhi, así que hoy no se bebe alcohol en toda India. Por ley.

De ahí todo ha ido en picado. Mis gambas con espárragos no han sido posibles porque no tenían espárragos y el roti que nos han traído era precioso, pero muy poco práctico. Pero bueno, la cena ha estado bien en general.

Después hemos ido a Mocha Café, y aquí ya ha sido de cámara oculta. Eva y su amigo se han pedido su chocolate caliente, Jan un café irlandés (curioso, porque lleva alcohol) y a mí se me ha antojado una crème brûlée.

Llegan los chocolates, llega el café, y llega un plato con pan tostado y otro con huevos revueltos, beans y tomate.

–       Excuse me Sir, yo no he pedido esto.

–       Yes ma’am; Scrambled eggs

–       No, I ordered crème brûlée

–       Yes ma’am; Scrambled eggs

Es en ese momento cuando me percato del parecido que tienen ambos platos pronunciados por un indio. Eva ya se iba a poner a gritarles, pero a mi me ha dado la risa floja, así que el camarero también se ha echado a reír, a pedido disculpas y tras anunciar que no tenían crème brûlée, ha traido un volcán de chocolate con helado. Mucho mejor que los huevos con judías.

Y a medio camino (tras unos 10Km) me dio cuenta de que algo va mal. Que la Pinkie tiembla un poco, así que decido ir más despacio. Pero sigue temblando, así que paro, miro a ver si está ardiendo algo o si el manillar se ha torcido, y llamo a Saurabh ha decirle que me voy a pasar por su casa para que la revise. A los 5 minutos he tenido que volver a parar y decirle que viniese a buscarme; 00:30, rueda trasera pinchada, llanta desfigurada y yo con mis tacones tirada en la cuneta. Hasta ha parado un jeep de la policía a cerciorarse de que no era una chica de alterne.

Cuando ha llegado Saurabh pretendía que empujásemos la moto hasta casa de un amigo, pero yo le he dicho que si había recorrido 12 Km así, podía recorrer un par más, eso sí, a dos por hora.

La hemos dejado allí hasta mañana que abran el taller. Pero lo más triste es que mi colgante que me regaló Utsav para protegerme de los malos espíritus ha desaparecido. Y yo no creo en esas cosas, pero lo cierto es que todo ha ido bien hasta que el colgante ha dejado de estar ahí.

Y encima la tenía que haber llevado a la revisión hace un mes y se me pasó. Qué desastre! Encima mañana es domingo, con lo que dudo que el taller esté abierto, y el lunes tengo que ir a la policía a pedir una extensión otra vez…

A ver ahora qué hago yo sin moto!

Al salir de clase

enero 29, 2010

29 de Enero de 2010

Hoy en clase hemos sido más de lo normal, nadie sabe por qué. Rohit se ha reincorporado tras pasarse unos días en Singapur, algo extraordinario porque la mayoría de los indios aún no le ven el encanto a lo del turismo, y casi nadie se puede permitir salir del país.

Hemos acabado a las seis y se suponía que yo iba al cine con Prasad, pero una vez más le he dado plantón. Me he quedado de charla con Amruta, Nivedita, Rohit, Abhishek y Ravi, que están pensando en montar su propio negocio. Por fin alguien con iniciativa! Y también hemos planteado la posibilidad de irnos unos días a Goa, aunque esto está más crudo.

La cena en un restaurante nuevo para mí; Mezza9. El descubrimiento del día: La sopa al huevo. Una especie de crema suave con trocitos de pollo, queso y huevo. Espectacular.

Y no hay mejor motivación para aprender hindi que pasarte el día con esta gente.

Mamá, buscame un Príncipe Azul, o de cualquier color que combine con mi tono de piel

enero 26, 2010

26 de Enero de 2010

Creo que prejuzgué los matrimonios concertados.

Al principio no entendía nada, después me pareció un negocio en el que se pone precio a dos seres humanos, en cualquier caso, nunca se me pasó por la cabeza encajar el amor en ese cuadro de anuncios en el suplemento dominical del periódico en el que atributos como casta, religión, estudios, tono de piel y cargo del padre juegan un papel fundamental.

Pero resulta que el amor tiene cabida. Al fin y al cabo, si el 90% de los matrimonios concertados duran, será por algo. Toda esta gente con la que he convivido estos días se casó con quien sus familias decidieron, y el amor sigue ahí. Puede que no tuviesen un flechazo en un tren o que se enamorasen en la cafetería de la universidad entre clase y clase, pero está claro que se quieren.

Los europeos damos por hecho que nos tenemos que casar enamorados para ser felices, pero quizás se puede alterar el orden. Quizás es más lógico casarse y luego aprender a quererse. Después de todo, a nuestra familia la queremos y no la elegimos, nos la adjudicaron sin preguntar. Quizás el amor surge de la convivencia y de compartir el día a día.

Lo que pasa que Disney nos ha vendido muy bien al Príncipe Azul y Hollywood lo ha rematado con el momento “cámara lenta, melena al viento”. Y, por lo menos yo, me he creído que recogiendo frutos del bosque, para que Flora, Fauna y Primavera hagan un pastel, voy a cruzarme con un galán en su flamante corcel y vamos a vivir felices por siempre jamás. De lo que nadie se acuerda es de que La Bella Durmiente se caso con el Príncipe Azul mediante un matrimonio concertado por sus padre, los monarcas de reinos vecinos, el día de su nacimiento.

Así que, aquí los padres, tras negociaciones e intercambio de curriculum de ambas partes, te preparan la encerrona. En verdad tienes una cita, pero en vez de acabar con una copa de más diciendo tonterías y pensando si te llamará al día siguiente, conoces a tus futuros suegros y tus padres te vigilan atentamente para que no se te queme el papad. Y siempre sabes si hay futuro, porque las familias se llaman al día siguiente para un breve feedback y la conclusión del encuentro.

Una vez decidido quien será el afortunado, algo que tampoco es tan rígido porque te dejan ver a unos cuantos antes de dar el “sí, quiero”, llaman al “auspiciero” y fijan fecha y hora según tu carta astral y la de tu prometido.

Así que se celebra el matrimonio, y la probabilidad de éxito es alta por razones obvias: Tu pareja va a ser muy similar a ti, por lo menos en lo que a background se refiere. Mismo estado (lo que implica misma dieta y mismo dialecto), misma casta (con todas sus tradiciones), misma religión (con todo lo que ello conlleva), mismo nivel de estudios (lo que en una sociedad tan desigual facilita las cosas) y situación económica solucionada. Si, puede que a ella le gusten las comedias románticas de Bollywood y a él las de acción e intriga de Hollywood, pero parten de una base cultural común.

Y los objetivos de ambos son hacer feliz al otro, así que cómo no se van a querer? Él trabajará duro para pagar una buena casa y comprarle saris de seda, y ella madrugará para prepararle un “tiffin” con el almuerzo y después se quedará en casa cocinando sus platos preferidos para cuando él vuelva del trabajo. Se cuidan mutuamente, con lo que al final acabarán queriéndose.

Mis vecinos parecen quinceañeros recién enamorados, y llevan un año casados.

Por supuesto, en el caso de los indios que se enamoran y sus familias no les permiten casarse por incompatibilidad curricular, obligándoles a casarse con otros, el matrimonio concertado es una putada.

Pero hay momentos en que envidio a Saraju, la tranquilidad con la que dice que se casará en dos años, sin tener ni idea de con quien, y la seguridad con la que dice que será feliz, y seguramente así sea. Ni se da cuenta de cómo los chicos la miran allá dónde va, porque a ella lo del flirteo ni le va ni le viene.

Para qué va a quedar con estúpidos que sólo piensan en llevarla a la cama, cita tras cita, cena tras cine tras tarde en el lago tras café… si al final sus padres van a buscar lo mejor para ella.

La no-boda

enero 25, 2010

25 de Enero de 2010

Sigo en Surat.

En menos de 2 horas he visto a 12 mujeres ponerse un sari. Es toda una ciencia. A continuación combinan todas las bangles, se ponen el bindi y el sindur y listas.

La fiesta ha sido como una boda: 150 invitados, jardines del resort decorados para la ocasión, mucha comida, corrijo; muchísima comida, música, bailes, regalos, y tantos colores que hasta un ciego se aturdiría. Algún día comentaré la indumentaria del evento.

Toda la familia espera a la entrada del resort según van llegando, tocándose los pies y bendiciéndose mutuamente (es una señal de respeto agacharse a tocar los pies a tus mayores y a continuación tocarte el corazón), hasta que la feliz pareja (en este caso talluditos) hacen su aparición. El padre de Jyoti tiene otros 3 hermanos, y uno de ellos es el homenajeado.

Todos recorremos los jardines siguiendo al matrimonio hasta el arco que da paso a nuestra zona reservada, dónde comienza una lluvia de pétalos de Marigold (la flor más típica de la India). Es como el arroz a la salida de la iglesia, sólo que aquí lo hacen al principio.

A continuación la pareja sube al escenario escoltados por 2 pajes (contratados para la ocasión) y se sientan en sus tronos de cara al público, que toma asiento en algo así como somieres y sillas de plástico (qué sería de este país sin las sillas de plástico!?). Una sobrina se sube al otro escenario (el de la música) y canta algo así como un salmo, llegando a notas tan agudas que ni los perros son capaces de escuchar. Otro familiar conquista el escenario con un discurso típico del padrino de las bodas americanas, sólo que sin sacar los trapos sucios del novio, porque aquí les va más el rollito “una paloma se posó en el alféizar de su ventana, y al oír su canto supo que los astros se habían alienado augurándole una docena de hijos”

Dicho esto, colocan una mesa en el escenario de los novios y todos los invitados subimos corriendo a presenciar como cortan la tarta bajo una lluvia de confeti que ya la quisiera Madonna en sus conciertos y se dan de comer unos a otros. En esta ocasión son más civilizados que en Indira y no se genera una guerra de merengue, que hubiese destrozado los atuendos de las indias.

Cuando volvemos a nuestros asientos comienza la “ceremonia”. La pareja repite el mismo ritual que hace 30 años; se colocan uno al otro una guirnalda de flores (Varmala) que simboliza el comienzo del matrimonio. Es el equivalente a las alianzas. Y aquí es cuando viene lo curioso; una vez los fotógrafos (porque, evidentemente, hay fotógrafo profesional y video) han inmortalizado el momento de los novios, los novios y sus hijos, y los novios con hermanos y cuñadas, empieza el mismo ritual de intercambio de varmalas pero con otro de los hermanos, a continuación los padres de Jyoti (foto de familia incluida) y por último el hermano pequeño. Porque, total, ya que montas la fiesta, pagas las varmalas, juntas a toda la familia (algo sin mucho mérito, porque normalmente las familias viven juntas) y contratas al fotógrafo, lo suyo es que cada pareja pueda colgar su foto de aniversario en el salón con un marco bien dorado y con muchas inscripciones.

Mamá, papá, ya sabéis; cuando celebréis el 30 aniversario, os subimos a un escenario a que os pongáis los anillos y después que desfilen todos los tíos y tías y se recasen.

Cuando acaba el reportaje fotográfico, porque seamos claros, todo el paripé que han montado tiene el único propósito de hacer un buen álbum de fotos, comienza el objetivo secundario de la fiesta; comer hasta reventar. Esta parte es más amena que la anterior. La cantidad de azúcar ingerida la desconozco, pero puesto que el alcohol brilla por su ausencia (lo primero por la casta, lo segundo por la religión y lo tercero porque estamos en Gujarat, estado en el que nació Gandhi y por lo tanto “dry”, es decir, seco), lo mínimo es que te dé un subidón de azúcar para seguir con la fiesta.

Y comienzan los juegos. Y esto es algo que me encanta de esta cultura, aquí no existe una edad para jugar, desde la abuela de 85 años hasta el niño de 3, todos juegan al escondite, a la silla, a bailar en un periódico, imitaciones, karaoke, pilla pilla y zapatilla por detrás. Yo gané a la silla, con todos los menores de 25 animándome para que no ganase su tío. Surrealista. Primero se agachan a tocarles los pies y horas más tarde se empujan y se roban las sillas. Ver a una india de 65 años y 95 kg caerse al suelo con su sari porque su sobrino le retira la silla un segundo antes de sentarse, es todo un espectáculo.

Después el matrimonio vuelve a los tronos y comienza el desfile de regalos. El maestro de ceremonias coge el micro y va anunciando (como si estuviésemos en el baile de cenicienta) los nombres de cada pareja. El chico sube por la izquierda, la chica por la derecha, se juntan frente a los tronos, hacen una reverencia y entregan su regalo. Él último es un regalo “sorpresa”, comprado por el mismo matrimonio (aquí tienen un raro concepto de lo que es el factor sorpresa), y que es muy grande para subirlo al escenario, así que suben una llave de corcho y mucha purpurina que simboliza el Marutti Suzuki. (Foto). Lo del coche en las bodas lo contaré en otro capítulo.

Tras los juegos, más comida. Se hacen grupitos y comienza el cotilleo. Que esto es igual que en todas partes. Unas critican el sari de otra, otras el precio del regalo de otros, las de más allá discuten sobre el porcentaje de oro que tiene el collar que le han regalado estos, y estos comentan los extras que lleva el Suzuki.

Y al final, como en todas las fiestas Indias, fuegos artificiales.

Surat

enero 24, 2010

24 de Enero de 2010

El viaje en bus de Pune a Surat os lo resumo: 13 horas en el autobús más ruidoso de la historia, imposible dormir, bastante frío, parada a cambiar rueda incluida, choque a las 3:30 am con la consiguiente discusión entre ambos conductores, probablemente bebidos.

La llegada, pese al agotamiento, ha sido, cuanto menos, cómica. Primero el rickshaw nos ha llevado a casa de una amiga de Jyoti para que se cambiase y se pusiera el sari, y de ahí a la casa de sus padres, donde comienza un baile de toqueteo de pies y bendiciones varias, que aquí lo de dar dos besos no lo consideran oportuno. Yo, como no me veo agachándome a tocarles los pies a toda esa gente, les doy la mano y sonrío.

La madre nos recibe y ordena a su nuera que nos traiga el té. Al rato llega el padre de Rajastán y nos sirven el desayuno. La madre cocina y la nuera es como la esclava, pero esa es la costumbre. Los hombres ni se cantean. El tío de Jyoti y su mujer también desayunan con nosotros, y una chica, que no se bien que parentesco tiene, pero mirándole las piernas bien podría ser descendiente de Lobezno. Por supuesto, nadie habla inglés. Pero yo cada día entiendo más  hindi. Eso, o que como toda la conversación gira en torno a mí, me imagino de sobra lo que dicen.

El desayuno es lo más parecido a una cena de Navidad española (en cuanto a cantidad y variedad), platos y fuentes de comida, dulce, picante, salado, amargo, bizcocho mojado en lentejas, zanahorias maceradas en leche con azúcar, albóndigas vegetales, fritos rellenos de… no tengo ni idea. Eso sí, todo sólido. Porque para qué llenar el estómago de agua si te puedes atiborrar a hidratos?

Después toca ducharse. Bueno, ducharse es un decir. Lo que hice yo fue echarme cubos de agua fría en un habitáculo de 80X80. Toda una experiencia. Y yo que entré a la “ducha” con lo puesto, me veo envuelta en la toalla que aquella buena mujer me había dejado y me pregunto; Y ahora qué? Porque al otro lado de la puerta es un festival de gente pasando de un lado a otro de la casa (que son 4 habitaciones contiguas: dormitorio, baño, cocina y salón), y lo de salir corriendo hacia el dormitorio sería muy buen plan si tuviese la certeza de que está vacío. Pero puede ser que el padre o el tío de Jyoti se encuentren en paños menores… Hay madre! Yo cómo me meto en estas historias???

Por fin me decido a asomar la cabeza por una rendija y la madre de Jyoti (de nombre imposible) me sonríe, pega 4 voces a los machos del hogar y me despeja el paso del baño al dormitorio. Y allí nos quedamos las dos. Así que viendo que la mujer se iba a quedar asegurándose de que sé cómo atarme el salwar, comienzo a vestirme. Y de repente a ella se le corta la respiración y me mira poseída, como si acabase de ver al mismísimo demonio, o al elefante correspondiente que tengan en esta religión. Por lo visto jamás ha oído la palabra “tanga” y mucho menos ha visto uno. Se habrá creído que por las noches hago la calle?

Cuando se le pasa el susto llama a su nuera para que nos traiga más chai. Siguen las duchas y todas ellas se cambian de sari (a este ritmo al final del día se habrán puesto 6 o 7), aunque bien pueden, porque la madre tiene más de 500! Y un armario sólo para las bangles a juego con cada modelo.

Cuando ya estamos todos limpitos y aseados, Jyoti y Abhishek me llevan de tour por la ciudad. Primero a ver los lugares de interés (Torre Eiffel incluida, a falta de pan… buenas son tortas) y luego de compritas.  Al ser domingo el comercio textil está cerrado, y los diamantes se me salen del presupuesto, así que el viaje me va a salir barato.

Vuelta a casa. Y ahora toca comer. Voy a tener que dar la razón a mis amigos. Lo mejor de este Estado es la comida. De los nombres no me he quedado con ninguno, pero sobras no han quedado. Mamá, ya sabes que yo cuando voy de visita me como lo que me pongan, me guste o no (aunque el segundo caso creo que no se ha dado nunca!).

Y después de comer, en lo que sería la sobremesa (algo imposible en India puesto que comemos en el suelo), la madre se echa a llorar. En plan víctima, pero aquí ya me pierdo porque mi nivel de hindi no da para tanto. Los hombres han desaparecido y el resto de las mujeres deshacen el equipaje del padre de Jyoti. Es un poco surrealista. Yo no me imagino sacando los calzoncillos de la maleta a mi suegro en un futuro, pero aquí es lo normal, total, después de tocarle los pies, qué mas da!

Cuando a la madre se le pasa la llantina toca dormir la siesta, que falta nos hace. Y a la media hora me despiertan, para tomar helado. Voy a estallar. No, no quiero helado, pero eso, al igual que el matrimonio, no es algo que dejen a tu elección. Te tomas el helado si o si. Y después a la calle otra vez. A tomar zumo de azúcar de caña, que tiene los efectos del Red Bull, pero sabe infinitamente mejor. Cuando te acabas el zumo hay que volver a casa, a cenar. Menos mal que está todo buenísimo, porque si no me habría echado a llorar.

Mañana será otro día.

Reflections’10

enero 23, 2010

23 de Enero de 2010

Seguimos con la época de festivales, que aquí nunca se acaban, si no que van a más!

Hoy Reflections’10, otro festival de IIMP.

Bailes, actuaciones, discursos… todo tras haber encendido la lámpara, una vez más han sido Tarita y Prachee, porque allí nombran a 6 o 7, pero las que agarran la vela siempre son las mismas. Entregas de trofeos a los antiguos alumnos.  Discurso de un miembro del parlamento. Video repasando los logros de Indira. Más trofeos, más ramos de flores… Porque si hay algo importante en la India, es reconocer los mérito y celebrarlo todo.

Menos mal que, tras toda la parafernalia, nos queda el chai y el vada pav!

Y ahora a hacer maleta para Surat; ciudad de los diamantes (aquí se tallan el 95% de los diamantes, exportados después al resto del mundo) y la seda (tienen el mayor mercado textil del país). Aunque según mis amigos, lo mejor de Gujarat es la comida!

Jyoti & Abhishek

enero 22, 2010

22 de Enero de 2010

Hoy he cenado en casa de mis vecinos.

Mi vecina Jyoti ha venido a invitarme, así que he pasado la tarde con ella ayudándole a preparar la cena (bueno, ella ha preparado y yo iba preguntando cada cosa). La pobre estaba muy triste porque creía que no me caía bien, porque nunca entro a su casa. Y es que aquí es todo muy familiar y la privacidad, como ya habíamos comentado, en este país tiene un precio muy caro. De hecho, las puertas de mis vecinos solo las cierran para irse a la cama, así que cada vez que subes o bajas las escaleras (a menudo, puesto que el día que funciona el ascensor es un milagro) puedes ver lo que hace cada uno; una cocina, otra reza al elefante de ocho brazos, otra se pasea con una bandeja de incienso por la casa, los niños corren de un piso a otro…

Jyoti y Abhishek (24 y 26) llevan casados poco más de un año. Son Jainistas y de Rajastán, aunque ella ha vivido toda su vida de soltera en Gujarat. En su casta y su cultura son veganos, y al igual que en casi todas las familias indias, al casarse ella debía haberse ido a vivir a casa de su suegra, pero por suerte su marido trabaja en Pune, así que sólo viven con el hermano de Abhishek, que trabaja en la misma empresa.

Por supuesto tuvieron un matrimonio concertado. La familia del chico visitó a la de la chica, ella preparó papad ante la atenta mirada de su futura suegra (las chicas tienen que saber cocinar, y como el papad se quema con gran facilidad, es la prueba de fuego; si lo quemas te has caído con todo el equipo) y el encuentro fue un éxito. Los dos aceptaron sin rechistar, aunque normalmente pueden tener ver varias propuestas hasta elegir, pero lo suyo fue “matrimonio a primera vista”. Un mes y diez días después (tras la lectura de la carta astral de cada miembro y la decisión del momento auspicioso para la ceremonia) estaban felizmente casados.

Las ceremonias duraron dos días con sus correspondientes modelos llenos de lentejuelas y las joyas adecuadas (solo las bangles de ella pesaban 2 kilos). Hoy la foto de la boda con un fondo a ráfagas color pastel y una luz que los ilumina cual espíritu Santo es la decoración principal del salón.

En el fondo, ella es una moderna reprimida. Para empezar, pasa de los saris y se viste como le da la gana, incluso es raro verla con Salwar Kameez (esto en Pune, en cuanto va a ver a la familia se pone el sari, para no causar un escándalo público). Además, aunque las mujeres jainistas no pueden trabajar, ella consiguió permiso de su padre para trabajar antes de casarse en la televisión de Gujarat, de chica de las noticias (por lo visto no necesitas carrera de periodismo, sólo saber leer el monitor y ser mona), todo un riesgo porque podría haber arruinado su reputación y no haber encontrado marido nunca… Y lo último es que ella sueña con salir de la India, así que poco a poco va liando a su marido para que busque trabajo en el extranjero, y él, aunque quisiera volver a Rajastán, hace todo lo posible por encontrar un puesto fuera del país y hacer feliz a su esposa.

Cuando él llega del trabajo, ayuda con la cena (algo impensable, y si se entera su madre podría anular el matrimonio), porque sabe cocinar. Por lo visto no le gusta la comida de restaurante, así que ha aprendido porque algunos fines de semana Jyoti se va a visitar a su familia y él se queda en Pune.

También me han enseñado las fotos de su viaje de novios y las del primer aniversario. En las primeras la joven pareja posa con cada extranjero que se encontraron, ni rastro de monumentos o paisajes. En las segundas ella sonríe en la playa con una camiseta de tirantes y unos shorts, modelito que él sólo le ha permitido ponerse en Goa. Obvio, si sale así en Pune la publican en el Times of India!

Y me han invitado a pasar unos días en Surat, con la familia de ella. Hay alguna fiesta familiar, así que no me he podido negar! Nos vamos mañana.

Si te aburres, sal a la calle…

enero 21, 2010

21 de Enero de 2010

Hoy no hemos tenido clase, así que por la tarde, para matar el aburrimiento y mi antojo de chirimoyas, he salido a comprar papaya.

En hacer el recorrido que normalmente me lleva 10 minutos, hoy he tardado 40. Una procesión baraat se ha cruzado en mi camino, así que he aparcado la pinkie allí mismo y me he quedado de espectadora junto con el resto del vecindario.

El baraat de hoy ha sido especial, aparte de por el despliegue de medios (sólo les ha faltado el elefante y la alfombra para que pareciera la llegada de Alí Ababua al palacio de Jasmín), por el hecho de que había mujeres participando en el evento. Algo prohibido hasta hace un tiempo, pero que ahora se empieza a dar entre los más modernos (por supuesto sólo asisten las jovencitas solteras, las señoras casadas se lo pierden).

Os podría explicar cómo ha sido, pero creo que es mejor que lo veáis:

Caballos, banda de música y camellos:

Más camellos y caballos:

Más camellos y otra banda de música:

más ruido,

platillos,

El coche:

más música:

From the Ritz to the rubble

enero 20, 2010

20 de Enero de 2010

Hoy he recordado con una sonrisa aquella tarde de invierno que pasé con mi madre hace unos años.

Las dos, sentadas en aquellos sillones barrocos, charlábamos animadas sobre los primorosos ángeles de Tiziano que acabábamos de admirar en El Prado, mientras tomábamos el té inglés en el Ritz. El pianista tocaba Moon River mientras nosotras saboreábamos cada pastelito de aquella fuente de tres pisos, cada sándwich de pepino, y cada scone relleno de crema…

Todo era mágico; el mantel de hilo, la bandeja de plata, la porcelana Royal Albert, los camareros impolutos…

Y de repente un “pero”; Disculpe, pero mi vaso no está del todo limpio!

Una huella de Chanel rouge à lèvres (dejada, probablemente, por una de esas señoras con abrigo de visón y collar de perlas) en aquel cristal rompía la perfección absoluta.

Hoy mi tarde de té ha sido muy distinta.

Tras las clases, cruzamos la autopista (que nada tiene que ver con el Paseo del Prado) y llegamos a la alineación de… cómo decirlo?, locales?, casetas?, paneles de uralita o contrachapado que intentan simular un establecimiento? Cada “espacio” está dedicado a una actividad; Xeros (fotocopias), chucherías, billetes de bus a Mumbai, helados, café, té y un sinfín de productos indios que aún no he probado. Aunque todo se andará.

Una vez hemos decidido a qué lugar ir (porque sólo dos de ellos son… aceptables? Digamos que nadie ha muerto allí, que sepamos.) nos disponemos a entrar ante la atónita mirada de unos cuantos consumidores que se preguntan día tras día “Qué hace una chica como tú en un sitio como este?”

Lo lógico, tras caminar por el arcén y la basura que se acumula a los lados de la autopista, sería limpiarse los zapatos en un felpudo a la entrada. Algo absurdo porque realmente no “entras” al sitio dado que está abierto, por supuesto no hay suelo, sigues pisando tierra (lo de toma de agua, salida de humos… ni lo comento) y un porcentaje de la clientela ni lleva zapatos. Pero la India es así; los estudiantes de una prestigiosa escuela de negocios que se ponen de punta en blanco para asistir a cada clase toman el té en el mismo lugar que gente sin zapatos y sin dientes. Y aún así lo chocante no son los pies descalzos, es mi piel blanca.

Una vez cruzamos el umbral, toca elegir mesa. El criterio es sencillo, no pides mesa junto a la ventana, o al lado del piano de cola, o en un rincón más tranquilo, aquí escaneas las mesas en busca de la menos sucia. A mí, el primer día que fui, todas me parecían igual, pero ahora ya sé distinguir. Es importante ver en primer lugar la cantidad de líquidos derramados en cada una de ellas, a continuación rechazar las que tienen un mayor contenido en azúcar (puesto que atraen más moscas) y después evaluar la situación bajo la mesa (el número de hormigas es directamente proporcional a los gramos de Parle-G caídos por metro cuadrado) Las moscas son mi mayor preocupación, no se van ni haciéndoles frente con el abanico. Para que os hagáis una idea, en una mesa para 4 (que aquí se sientan 8 ) suele haber posadas (o pegadas, porque aquí la sacarina ni la conocen y a todo le echan tanto azúcar que se convierte en almíbar) unas 30 moscas. No exagero.

Y luego te sientas, si tienes suerte en uno solo para ti y si no, compartes, en un taburete de plástico. La comodidad hecha asiento.

Cuando te traen tu té, cosa que hace algún muchacho afable de Indira, y nunca un camarero, examinas el recipiente con… horror?, admiración?, incredulidad? Todos y cada uno de los vasos y tazas de este sitio tienen una costra de … que se intensifica especialmente alrededor del asa y en los cuadritos tallados del cristal. Pero, evidentemente, no vas a ir al jefe del local y decirle que tu taza está sucia (para empezar porque no habla tu idioma). Así que sonríes y sigues la charla con tus amigos indios, que te preguntan cosas sobre Europa, y les relatas la vida allí como si de un cuento se tratase, porque es imposible que entiendan lo que les estás contando hasta que lo vean con sus propios ojos, al igual que yo, jamás me hubiese creído que tomar el té así es posible.

Pero lo cierto es que el té aquí sabe mejor que en ningún sitio, cuesta la diezmilésima parte que en el Ritz y cada tarde, los 20 últimos minutos de clase, sólo piensas en salir y correr a aquel antro de mala muerte.